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Percepción del espacio del Pacífico occidental y diseño estratégico de la Fuerza Marítima de Autodefensa de EE. UU. y China
Los jóvenes de Sarangbang en busca de la verdadera belleza: Los jóvenes de Sarangbang abrazan Kyushu
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Archivo de Sasebo
Park Ye-jin
Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros, especialización en árabe y relaciones internacionales
I. Introducción
En la política internacional actual, el espacio donde la competencia estratégica entre las grandes potencias se desarrolla de manera más aguda es el Pacífico occidental. Tanto Estados Unidos como China definen esta región como su espacio de seguridad central, y la tensión militar se intensifica repetidamente en torno al Estrecho de Taiwán. El aumento de la frecuencia de los ejercicios militares, la operación cercana de las fuerzas navales y aéreas, y la expansión de la participación de seguridad de los aliados demuestran que el Pacífico occidental ya no es una zona de conflicto potencial, sino que se ha convertido en un escenario de gestión de crisis real. Sin embargo, este patrón de competencia plantea una pregunta más fundamental que un simple choque de poder o una comparación de fuerzas militares: ¿Por qué el mismo comportamiento en el Pacífico occidental se interpreta de manera diferente, como "defensa de la soberanía" y "medida defensiva" para China, y como "cambio del statu quo" y "desafío a la hegemonía" para Estados Unidos?
El discurso predominante en política internacional ha descrito generalmente a Estados Unidos como un actor que mantiene el statu quo en defensa del orden internacional liberal, y a China como un desafiante que busca modificar dicho orden. Dentro de este marco, el aumento del poder militar de China y la cuestión de Taiwán se interpretan naturalmente como un desafío a la hegemonía estadounidense, y la intervención militar y diplomática de Estados Unidos se justifica bajo el pretexto de defender a los aliados y estabilizar el orden. Este tipo de dicotomía tiende a simplificar la competencia entre Estados Unidos y China como un problema de confrontación normativa o de cambio de hegemonía. Sin embargo, este enfoque tiene limitaciones, ya que conlleva el riesgo de interpretar las intenciones y acciones estratégicas de China de manera excesivamente determinista.
En particular, no se ha examinado suficientemente si la interpretación que equipara directamente el plan de unificación de Taiwán por parte de China o la posibilidad de uso de la fuerza con la búsqueda de la hegemonía global en Asia e incluso a nivel mundial es realmente válida. La cuestión de cómo China misma percibe el Pacífico occidental como un espacio con significado soberano y cómo esta percepción se refleja en su estrategia militar y su percepción de amenazas se ha tratado relativamente como un problema secundario en las discusiones existentes. Como resultado, las acciones de China a menudo se interpretan como un producto directo de "intenciones ofensivas", y la lógica de percepción espacial y justificación que subyace a ellas no se ha iluminado lo suficiente.
Este estudio parte de esta problemática y se centra en la diferencia de significado que el espacio del Pacífico occidental tiene para cada actor. Para China, el Pacífico occidental es menos un objeto de expansión de influencia y más un "espacio de supervivencia" que combina la defensa de la soberanía, el desarrollo nacional y la estabilidad del régimen. Por el contrario, para Estados Unidos, el Pacífico occidental es un "espacio de gestión" donde se debe mantener la credibilidad de la red de alianzas y el orden liberal,
- 64 - y se percibe como un campo de pruebas donde la retirada de esta región podría conducir a un debilitamiento del liderazgo global. Cuando el mismo espacio se define de manera tan diferente, las acciones de cada país se justifican como medidas defensivas para sí mismo, pero se crea una estructura en la que se interpretan como amenazas ofensivas para el otro.
Esta asimetría de percepción sugiere la necesidad de comprender la competencia entre Estados Unidos y China en el Pacífico occidental no como un simple enfrentamiento militar, sino como un proceso de colisión entre la percepción del espacio y las lógicas de justificación. En otras palabras, la tensión en el Pacífico occidental se amplifica no tanto por la fuerza militar en sí misma, sino por el significado que cada actor atribuye a ese espacio y la forma en que percibe las amenazas. En este sentido, el Pacífico occidental puede considerarse no solo una región con potencial de conflicto, sino un escenario clave donde las diferencias de percepción e interpretación estructuran la inestabilidad estratégica.
Por lo tanto, este estudio busca analizar comparativamente cómo Estados Unidos y China definen y perciben el Pacífico occidental, y cómo estas percepciones operan como lógicas de justificación para la intervención y la disuasión. Para ello, se examinan las percepciones de amenazas y las narrativas estratégicas sobre el Pacífico occidental, centrándose en documentos oficiales como los libros blancos de defensa y las estrategias de seguridad nacional de ambos países. Además, al comparar la perspectiva que enfatiza la amenaza china con un enfoque cauteloso y moderado que busca percibir la competencia dentro de límites manejables, se pretende reinterpretar el problema del Pacífico occidental como un espacio estratégico creado por la asimetría de percepción e interpretación. A través de esto, este estudio busca contribuir a una comprensión de la competencia entre Estados Unidos y China en el Pacífico occidental desde una perspectiva más moderada y analítica, liberada del marco determinista del cambio de hegemonía.
II. Comparación de las percepciones y estrategias de EE. UU. y China sobre el Pacífico occidental
1. Percepción y estrategia de Estados Unidos sobre el Pacífico occidental La percepción de Estados Unidos sobre el Pacífico occidental puede resumirse en tres ejes. En primer lugar, el Pacífico occidental es un espacio directamente vinculado a los intereses de seguridad y económicos de la patria estadounidense. En segundo lugar, Estados Unidos percibe el Pacífico occidental como un espacio donde el orden basado en normas puede mantenerse o ser desafiado, y define a China como un actor que busca modificar gradualmente ese orden. En tercer lugar, como método para convertir estas percepciones en acción, Estados Unidos adopta una estrategia de disuasión y respuesta colectiva de aliados y socios, en lugar de una intervención unilateral. A continuación, se examinan la percepción y la estrategia de Estados Unidos sobre el Pacífico occidental centrándose en estos tres ejes.
(1) Vínculo directo con los intereses de la patria estadounidense Estados Unidos percibe el Pacífico occidental como un espacio vinculado a los intereses de seguridad y económicos de su patria. La "Estrategia del Indo-Pacífico de los Estados Unidos" (Indo-Pacific Strategy of the United States), publicada en 2022, enfatiza la importancia geopolítica de la región del Indo-Pacífico para la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos. Al definirse a sí mismo como un país ribereño del Pacífico que lidera el orden regional y al expandir su alcance desde el Pacífico hasta el Océano Índico, integra toda la región del Indo-Pacífico, incluido el Pacífico occidental, como su espacio central.
- 65 - región.
Esta percepción tiene sus raíces en la experiencia histórica. A través de la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos aprendió que la inestabilidad de la seguridad en Asia podría transmitirse como una amenaza a su patria. Por ello, durante los últimos 75 años, Estados Unidos ha construido alianzas con países como Australia, Japón, Corea y Filipinas, y ha utilizado el sistema de alianzas centrado en el Pacífico occidental como base institucional de su estrategia de seguridad.
El núcleo de la estrategia del Indo-Pacífico de Estados Unidos es equiparar sus propios intereses con la estabilidad y la prosperidad de la región. La creencia es que si se mantiene el orden del Indo-Pacífico Libre y Abierto (Free and Open Indo-Pacific, FOIP), esto no solo garantizará la soberanía y la libertad de los países de la región, sino que también contribuirá directamente a la seguridad y la economía de Estados Unidos.
Sin embargo, esta perspectiva se enfrenta al desafío del ascenso de China. Estados Unidos evalúa que China está expandiendo su esfera de influencia en la región del Indo-Pacífico y está surgiendo como una gran potencia que amenaza su posición a largo plazo. En particular, aunque la coerción económica y las acciones agresivas de China se manifiestan a nivel mundial, se percibe que su forma e intensidad son más prominentes en la región del Indo-Pacífico, incluido el Pacífico occidental. Estados Unidos considera problemático que tales acciones impongan costos reales a los aliados y socios, y socaven las normas internacionales como los derechos humanos y la libertad de navegación.
Dentro de esta percepción, el objetivo de la estrategia de Estados Unidos no es cambiar a China en sí misma, sino diseñar el entorno estratégico en el que opera China de manera favorable a sí mismo. Esto puede interpretarse como un enfoque que busca gestionar la estructura y las condiciones de la competencia, en lugar de bloquear o contener por completo el ascenso de China.
Al mismo tiempo, Estados Unidos enfatiza que la competencia con China no debe solidificarse en una confrontación total de suma cero. El documento de estrategia del Indo-Pacífico reconoce la inevitabilidad de la cooperación con China en problemas transnacionales como el cambio climático y la no proliferación nuclear, y aclara que los conflictos bilaterales no deben obstaculizar la resolución de problemas a nivel mundial donde exista.
La razón por la que Estados Unidos define la actual fase del Indo-Pacífico como una "década decisiva" (decisive decade) se debe también a estos desafíos complejos. En una situación en la que se superponen desafíos como el ascenso de China, la crisis climática y las pandemias, Estados Unidos propone como solución el fortalecimiento de la "capacidad colectiva" (collective capacity), en lugar de la respuesta de un solo país. Si las reglas y normas que rigen la región en el futuro serán reemplazadas por un orden al estilo chino o si se mantendrá el orden basado en normas existente, dependerá de la respuesta conjunta de Estados Unidos y sus aliados y socios.
En el ámbito de la seguridad, Estados Unidos enfatiza su papel como actor clave que ha mantenido la paz en la región del Indo-Pacífico durante décadas, y declara que continuará y modernizará este papel en el siglo XXI. La estrategia de seguridad de Estados Unidos para el Pacífico occidental se centra en la protección de los intereses propios, la disuasión de ataques militares y la respuesta a la coerción contra aliados y socios, y para ello presenta la "disuasión integrada" (integrated deterrence) y la "contramedida contra la coerción" (counter-coercion) como medios principales. En particular, con respecto a la cuestión de Taiwán, Estados Unidos mantiene la política de "Una Sola China" (One China) y enfatiza la coherencia a largo plazo de apoyar el fortalecimiento de la autodefensa de Taiwán sobre la base de la Ley de Relaciones con Taiwán y los compromisos existentes. En la segunda administración Trump, esta percepción no cambia significativamente. La "Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, 2025" reafirma la región del Indo-Pacífico, especialmente el Pacífico occidental, como el espacio estratégico central de Estados Unidos, y establece el mantenimiento del orden FOIP como objetivo principal. Este documento presenta los objetivos de Estados Unidos en Asia en dos ejes: "asegurar el futuro económico" y "prevenir el conflicto militar", y define la región del Indo-Pacífico como el campo de batalla central para el siglo XXI y más allá.
Dentro de esta percepción, Estados Unidos describe su estrategia de seguridad en el Pacífico occidental como "disuasión basada en la fuerza" (deterrence through strength), presentándola no como un medio para prepararse para la guerra, sino como una condición para prevenirla. En particular, la segunda administración Trump enfatiza explícitamente no solo la fuerza militar sino también la superioridad económica y tecnológica de Estados Unidos como elementos clave de la disuasión, lo que demuestra que la percepción de la seguridad en el Pacífico occidental se basa en la capacidad nacional integral, más allá del ámbito militar.
En este contexto, Taiwán ocupa una posición central en el diseño estratégico de Estados Unidos para el Pacífico occidental. Taiwán se encuentra en la puerta de enlace que conecta la Primera y la Segunda Cadena de Islas, y está estrechamente relacionado con las rutas marítimas por las que transita aproximadamente un tercio del volumen de carga marítima mundial. Estados Unidos percibe las restricciones de tránsito, los costos económicos y la interrupción de la cadena de suministro que ocurrirían si un actor específico controlara o bloqueara el Estrecho de Taiwán como un riesgo estratégico grave. Por lo tanto, el objetivo de la política de Estados Unidos no reside en la respuesta posterior a un conflicto, sino en la prevención del conflicto en sí y la garantía del mantenimiento del statu quo. Estados Unidos se opone claramente a cualquier intento de una de las partes de cambiar unilateralmente el statu quo en el Estrecho de Taiwán y enfatiza la construcción de capacidades militares que puedan "negar" (denial) la invasión en la Primera Cadena de Islas. Sin embargo, esta estrategia de negación se basa en la premisa de que no puede ser llevada a cabo únicamente por las fuerzas estadounidenses, y el fortalecimiento del sistema de defensa colectiva con aliados y socios como Japón, Corea e India se menciona repetidamente como una condición clave para la credibilidad de la disuasión.
(2) Percepción de China y mantenimiento del orden basado en normas El segundo eje de la percepción de Estados Unidos sobre el Pacífico occidental es la comprensión de esta región como un espacio donde se decide el mantenimiento del orden basado en normas, y la definición de China como un actor que busca modificar gradualmente ese orden. Esta es una percepción que pone en el centro la pregunta sobre qué reglas y normas operarán en el Pacífico occidental, más allá de un simple equilibrio de poder. Estados Unidos entiende el FOIP no solo como una declaración de valores, sino como un marco clave para mantener los principios operativos del orden internacional existente, como la libertad de navegación, el respeto a la soberanía y el cumplimiento del derecho internacional, a nivel regional.
Dentro de esta percepción del orden, China se define no como una amenaza a corto plazo, sino como un "actor revisionista" (revisionist actor) que busca remodelar la naturaleza del orden existente a largo plazo. El informe "Desarrollos Militares y de Seguridad que Involucran a la República Popular China" (Military and Security Developments
- 67 - Involving the People’s Republic of China), publicado anualmente por el Departamento de Defensa de EE. UU., refleja esta percepción de la manera más directa. En el informe de 2024, Estados Unidos no solo describe a China como una gran potencia emergente, sino que la define explícitamente como un actor que busca modificar gradualmente el orden internacional y regional. En particular, el objetivo de China de "fuerza militar de clase mundial" (world-class military) se interpreta no como una imitación del modelo militar estadounidense, sino como una estrategia que busca la igualdad o superioridad con Estados Unidos a largo plazo a través de una ruta de modernización militar única que se alinee con los intereses nacionales y las cambiantes formas de guerra de China.
Una característica importante en la percepción de China por parte de Estados Unidos es que se centra en el análisis de capacidades en lugar de las intenciones de China. El informe evalúa que, aunque Estados Unidos amplió su compromiso (engagement) en la década de 2000 con la esperanza de que China se transformara en un actor responsable que aceptara las normas internacionales, en realidad las acciones agresivas de China se han vuelto prominentes en toda la región del Indo-Pacífico. En este proceso, Estados Unidos ha llegado a cuestionar fundamentalmente la voluntad de China de cumplir con el derecho internacional y las normas, y señala que esta percepción se ha fortalecido particularmente en el orden marítimo y el ámbito militar. Este es un enfoque que explica las relaciones entre Estados Unidos y China a través de una narrativa de "expectativas y decepciones", pero que interpreta el entorno estratégico actual como el resultado de las capacidades y patrones de comportamiento que China ya ha construido, en lugar de las elecciones de China.
Con respecto a la fuerza naval, Estados Unidos presenta una evaluación dual. Por un lado, reconoce hasta cierto punto la expansión de las actividades navales de China en regiones exteriores como una forma de proteger sus intereses comerciales y marítimos. Por otro lado, sospecha fuertemente que las bases militares, el acceso a puertos y las redes de apoyo logístico de China podrían utilizarse como infraestructura avanzada para monitorear y contrarrestar las actividades de las fuerzas estadounidenses, más allá de los propósitos puramente defensivos. Desde la perspectiva de Estados Unidos, la "maritimización" de China no se considera simplemente un aumento en el número de buques, sino un cambio estructural destinado a operaciones más allá del teatro de operaciones (operations beyond the theater) y la proyección de poder a largo plazo (power projection).
En la cuestión de Taiwán, esta percepción del orden se manifiesta aún más claramente. El informe del Departamento de Defensa de EE. UU. interpreta la estrategia de "zona gris" (gray-zone) de China no como una gestión de tensiones para mantener el statu quo, sino como un sistema de señales que eleva gradualmente la posibilidad de uso de la fuerza. Las acciones de China, que combinan ejercicios militares, presión política y guerra de información, se definen como una "discrepancia entre palabras y acciones", y se evalúa que esto funciona como un indicador para medir la voluntad de usar la fuerza. Esta percepción demuestra que las acciones de China se entienden no como provocaciones aisladas, sino como un enfoque gradual hacia el cambio de orden.
La debilidad estructural de China que Estados Unidos señala en caso de un conflicto militar en el Pacífico occidental también está relacionada con la percepción del orden. El informe señala repetidamente que la seguridad energética de China es vulnerable a la capacidad de control marítimo de Estados Unidos y sus aliados debido a su alta dependencia de las rutas de transporte marítimo. Esto se interpreta como una de las razones detrás de la expansión de China de los oleoductos terrestres y la diversificación de las rutas de transporte de energía con Rusia y Asia Central, y Estados Unidos lo entiende como una señal de que China está considerando una estrategia integral que incluye la capacidad de sostener la guerra y la estabilidad de la retaguardia. Además, el área de modernización militar que más preocupa a Estados Unidos es la autosuficiencia en la industria logística y de construcción naval. El hecho de que China esté integrando componentes clave como los motores para buques en su sistema de producción nacional se percibe como un cambio estructural que podría desafiar la superioridad naval de Estados Unidos mantenida en el Pacífico occidental a mediano y largo plazo.
- 68 - En el informe de 2025, el primer año de la segunda administración Trump, esta percepción se intensifica aún más. Estados Unidos interpreta las actividades militares de China en el Pacífico occidental no como movimientos tácticos a corto plazo, sino como parte de una transformación estratégica a largo plazo. El informe reconoce que el enfoque militar actual de China está centrado en la Primera Cadena de Islas, pero advierte sobre la posibilidad de que su influencia se expanda más allá de la región del Indo-Pacífico a nivel mundial si su poder militar y económico continúa creciendo. En particular, al definir la Armada del Ejército Popular de Liberación (People’s Liberation Army Navy, PLA) como un medio clave para realizar la ambición de China de reemplazar el estatus de superpotencia mundial, no considera la modernización militar de China como una mera medida defensiva.
A pesar de ello, Estados Unidos enfatiza repetidamente que no tiene intención de bloquear o humillar a China. El objetivo de Estados Unidos es garantizar que ningún país en el Pacífico occidental tenga la capacidad de dominar a Estados Unidos o a sus aliados, y para ello, establece como estrategia clave el mantenimiento de una disuasión tan fuerte que la agresión ni siquiera sea considerada. Esta percepción se caracteriza por considerar la combinación de capacidades, industrias y estrategias de teatro que China ya está construyendo como la amenaza central, en lugar de definir de manera concluyente las intenciones militares de China.
(3) Respuesta colectiva y disuasión a través de aliados y socios
El tercer eje de la percepción de Estados Unidos sobre el Pacífico occidental se reduce a la cuestión de cómo convertir la percepción del espacio y la percepción del orden formadas en los dos ejes anteriores en una estrategia de implementación. Dado que Estados Unidos percibe a China como un desafío al orden del Pacífico occidental y define al Pacífico occidental como un espacio estratégico central, su método de respuesta no depende de la intervención unilateral o la proyección de fuerza puntual. En cambio, Estados Unidos establece la respuesta colectiva en red que combina aliados y países socios como el principio de implementación clave de su estrategia para el Pacífico occidental.
Este enfoque significa que Estados Unidos ya no gestiona la seguridad del Pacífico occidental como una confrontación fija de bloque contra bloque. El documento de estrategia del Indo-Pacífico de 2022 especifica la necesidad de gestionar la seguridad de esta región no como una estructura rígida centrada en alianzas, sino como una "celosía de coaliciones" (latticework of coalitions) flexible y superpuesta. Esto se interpreta como un plan para que Estados Unidos acumule poder de disuasión colectivo a través de la distribución de roles que se ajusten a las capacidades e intereses de cada país, en lugar de exigir el mismo nivel de compromiso militar a los países de la región.
El concepto clave de esta estrategia de implementación es la "disuasión integrada" (integrated deterrence). Estados Unidos se aleja del pensamiento tradicional de que la disuasión se puede lograr solo con la fuerza militar y enfatiza la disuasión multidimensional que combina los ámbitos diplomático, económico, tecnológico y de inteligencia. La disuasión integrada no se basa en la superioridad de las fuerzas de un solo país, y se considera que solo puede lograr credibilidad cuando las fuerzas militares, la influencia económica y las fortalezas tecnológicas de los aliados operan de manera complementaria. Esto refleja la percepción de que la competencia con China no se decide en un solo teatro o dominio, sino que se forma acumulativamente dentro del entorno estratégico de todo el Pacífico occidental.
- 69 - Junto con esto, Estados Unidos presenta la "contramedida contra la coerción" (counter-coercion) como un medio de implementación clave. Este es un concepto para responder a la estrategia de zona gris y a la presión económica y política que China utiliza en la etapa previa al conflicto armado, y su objetivo es aumentar el costo del cambio de statu quo sin provocar un conflicto militar. Estados Unidos percibe que la competencia estratégica en el Pacífico occidental se desarrolla en forma de baja intensidad de presión y erosión de normas, en lugar de guerra total, y elige la dirección de fortalecer la capacidad de respuesta conjunta con los aliados, el intercambio de información y la coordinación de políticas para responder a esto. En la segunda administración Trump, este método de implementación se mantiene y se vuelve más explícito en algunas áreas. La "Estrategia de Seguridad Nacional (2025)" indica que Estados Unidos enfatiza la responsabilidad y la distribución de costos con los aliados, y busca una transición a una estructura de gestión conjunta de la carga de seguridad en el Pacífico occidental.
2. Percepción y estrategia de China sobre el Pacífico occidental La percepción de China sobre el Pacífico occidental se ha desarrollado en una estructura lógica relativamente consistente a través de sus libros blancos de defensa y documentos estratégicos. Aunque hay cambios en los énfasis año tras año, China ha mantenido la coherencia en el sentido de que ha construido la justificación defensiva y la protección del desarrollo nacional en la lógica de su modernización militar y expansión de la fuerza naval. En resumen, esto se puede organizar en los siguientes tres ejes. En primer lugar, para China, el Pacífico occidental es un espacio directamente relacionado con su entorno de desarrollo nacional y la estabilidad de su régimen; en segundo lugar, sistematiza la justificación de la modernización militar a través del discurso antihegemónico y de defensa activa; y en tercer lugar, encuentra las causas de la inestabilidad de la seguridad regional en la política de alianzas y la lógica de bloque, y presenta una visión integral de la seguridad nacional para responder a ello.
(1) Intersección de desarrollo nacional y supervivencia El "Libro Blanco de Defensa de China en 2010" (China’s National Defense in 2010) (Information Office of The State Council, 2011) establece la modernización militar como una tarea subordinada al desarrollo nacional, y enfatiza que el desarrollo del EPL contribuye no solo al crecimiento económico interno, sino también a la paz mundial y la estabilidad regional. En este período, China percibe la región de Asia-Pacífico (en adelante, "AP") y especialmente el Pacífico occidental como un espacio clave que debe mantenerse y protegerse para su entorno de desarrollo, y presenta el propósito de fortalecer su poder militar no como una proyección de influencia hacia el exterior, sino como una garantía de desarrollo estable.
Dentro de esta percepción, el papel de la Armada del Ejército Popular de Liberación (People’s Liberation Army Navy, PLAN) de China se expande gradualmente más allá de la defensa costera. El libro blanco de 2010 define la misión principal de la PLAN como la defensa marítima y el mantenimiento de la disuasión, pero incluye explícitamente la capacidad de operaciones en alta mar y la respuesta a amenazas de seguridad no tradicionales. Sin embargo, la capacidad en alta mar en este período se justifica con la lógica defensiva de proteger las "rutas marítimas de comunicaciones" (Sea Lanes of Communications, SLOC) y asegurar un espacio de amortiguación estratégico, en lugar de una proyección de fuerza ofensiva.
- 70 - (2) Discurso antihegemónico y estrategia de defensa activa "La Estrategia Militar de China en 2015" (China’s Military Strategy) (Xinhua, 2015) promueve la "gran revitalización de la nación china" (Sueño Chino) y la narrativa de desarrollo pacífico, declarando que China nunca buscará la hegemonía o la expansión. Al mismo tiempo, justifica institucionalmente la necesidad de fortalecer el poder militar al definir la construcción de una defensa robusta y un ejército fuerte como condiciones indispensables para el desarrollo nacional y la protección de la paz. La "preparación para la guerra" (Preparation for Military Struggle, PMS) y la "integración civil-militar" (Civil-Military Integration, CMI) presentadas como direcciones clave del EPL en este documento demuestran que la estrategia de China para el Pacífico occidental ha avanzado un paso más. En particular, China atribuye las causas del deterioro de la seguridad en la región de Asia-Pacífico no a su propia expansión, sino a factores externos como la estrategia de reequilibrio de Estados Unidos, los cambios en la política de seguridad de Japón y la intervención externa en el Mar de China Meridional. Dentro de esta percepción, la protección de los intereses marítimos se eleva a una tarea nacional a largo plazo, y la misión de la PLAN se redefine para combinar la defensa costera y la protección en alta mar.
En el "Libro Blanco de Defensa de China en la Nueva Era de 2019" (China’s National Defense in the New Era) (The State Council Information Office of the PRC, 2019), este discurso antihegemónico se fortalece aún más. El libro blanco enfatiza repetidamente que China nunca ha buscado la hegemonía en el pasado, al tiempo que atribuye la inestabilidad en la región de Asia-Pacífico a la expansión de las actividades militares de Estados Unidos y al fortalecimiento de las alianzas. En este contexto, la "defensa activa" (active defense) se presenta como el principio clave de la estrategia militar de China, y la consigna "No atacamos a menos que seamos atacados, pero si somos atacados, contraatacaremos" (不犯我者我不犯, 犯我者必犯) funciona como una lógica que justifica la respuesta activa al tiempo que enfatiza la defensa. En particular, la seguridad marítima y la unificación de Taiwán se elevan al nivel de cuestiones de soberanía y integridad territorial nacional, y la expansión de la capacidad en alta mar y el fortalecimiento de la preparación marítima se convierten en opciones indispensables.
(3) Crítica a la política de alianzas y visión integral de la seguridad El tercer eje de la percepción de China sobre el Pacífico occidental radica en identificar las causas de la inestabilidad de la seguridad regional en la política de alianzas y la lógica de bloque, y en presentar una visión integral de la seguridad nacional para responder a ello. "Seguridad Nacional de China en la Nueva Era" (National Security in China in the New Era, 新时代的中国国家安全) (Xinhua, 2025) diagnostica que la región de Asia-Pacífico ya se ha convertido en el centro de la competencia entre grandes potencias, y que algunos países están intensificando estructuralmente la tensión regional al fortalecer las alianzas militares y formar grupos exclusivos. Este encuadre se vincula a una estrategia discursiva que transforma el problema de la seguridad en el Pacífico occidental de la expansión de China a un resultado provocado por la política de alianzas liderada por Estados Unidos.
La visión integral de la seguridad nacional presentada en este documento amplía el alcance de la seguridad más allá del ámbito militar para incluir los ámbitos político, económico, tecnológico, de datos, social y ecológico. China presenta la lógica de que debe impulsar la modernización al estilo chino a través de un ciclo virtuoso de "desarrollo de alta calidad" y "seguridad de alto nivel", y posiciona la estrategia para el Pacífico occidental no solo como una respuesta militar, sino como una estrategia integral para la estabilidad del régimen y la continuidad del desarrollo. Al mismo tiempo, China enfatiza que las relaciones entre China y EE. UU. deben gestionarse sobre la base de los principios de respeto mutuo y coexistencia pacífica,
- 71 - y rechaza explícitamente la narrativa de una "nueva Guerra Fría" y la "trampa de Tucídides".
En resumen, el Pacífico occidental puede entenderse no solo como un escenario de competencia de poder entre Estados Unidos y China, sino como un espacio estratégico donde chocan percepciones de seguridad y lógicas de justificación distintas. Para Estados Unidos, el Pacífico occidental es un espacio de gestión del orden que debe ser controlado de manera estable a través del mantenimiento del orden internacional liberal, la garantía de la credibilidad de la red de alianzas y la gestión del equilibrio de poder en la región. En consecuencia, la estrategia de Estados Unidos se estructura en torno a las reglas y normas, las alianzas y las asociaciones, la disuasión integrada y el despliegue avanzado, y el ascenso de China se percibe como un desafío estructural al orden existente. Por lo tanto, el Pacífico occidental se posiciona para Estados Unidos como un escenario de vanguardia donde se ponen a prueba el liderazgo global y la credibilidad ante aliados y socios, y como un espacio estratégico clave donde la competencia debe ser gestionada de manera responsable.
Por el contrario, para China, el Pacífico occidental es menos un objeto de expansión de influencia y más un "espacio estratégico de supervivencia" directamente relacionado con la protección del desarrollo nacional, la soberanía y la estabilidad del régimen. China construye la lógica de la modernización militar y la expansión de la fuerza naval no como una búsqueda de hegemonía, sino como una justificación defensiva y una protección de los intereses nacionales, y encuentra las principales causas de la inestabilidad de la seguridad regional en la política de alianzas liderada por Estados Unidos y la intervención militar. Dentro de esta percepción, el Pacífico occidental se convierte en un espacio clave donde se proyectan continuamente la soberanía marítima y los intereses de seguridad de China.
En última instancia, mientras China percibe el Pacífico occidental como un espacio estratégico de supervivencia directamente vinculado a su soberanía y seguridad, Estados Unidos construye la necesidad de intervención a través de la estabilidad de las alianzas y el orden regional, y lo establece como un objeto de gestión. Esta asimetría de percepción y la diferencia en los métodos de justificación van más allá de una simple diferencia en la elección estratégica y se extienden a una brecha en la interpretación y evaluación de las mismas acciones. Es decir, se forma una estructura en la que las mismas actividades militares o medidas estratégicas se leen como defensa y protección de la soberanía para China, y como cambio del statu quo y desafío al orden basado en normas para Estados Unidos. El siguiente capítulo examinará la discusión sobre cómo esta brecha de interpretación conduce a evaluaciones diferentes de las estrategias de ambos países para el Pacífico occidental, y al mismo tiempo, a la convergencia en ciertas áreas.
III. Asimetría y convergencia en la percepción estratégica de EE. UU. y China
1. Perspectiva que enfatiza la amenaza china La perspectiva que evalúa a China de manera ofensiva comparte la característica común de percibir la competencia entre Estados Unidos y China como una competencia estratégica a largo plazo que debilita estructuralmente el orden regional liderado por Estados Unidos y busca reemplazarlo. Desde este punto de vista, China se define no como un actor defensivo que busca mantener el statu quo, sino como un actor revisionista que intenta una transición del orden de manera gradual y escalonada. Esta perspectiva generalmente se puede resumir en los siguientes tres argumentos.
- 72 - En primer lugar, la perspectiva ofensiva define el objetivo estratégico de China no como una expansión de influencia a corto plazo, sino como el ascenso a una potencia hegemónica que reemplace a Estados Unidos en Asia. En este proceso, el sistema de alianzas de Estados Unidos se percibe como un obstáculo que limita el logro de los objetivos de China. Elbridge Colby (2021) se centra no tanto en el aumento del poder de China en sí mismo, sino en la posibilidad de que dicho aumento se solidifique en un nuevo equilibrio de poder hegemónico en Asia. Según él, la principal preocupación de Estados Unidos es el escenario en el que China se une a los países de la región para erosionar la red de alianzas de Estados Unidos y, en consecuencia, formar un orden regional desfavorable para Estados Unidos. Por lo tanto, el objetivo de la gran estrategia de Estados Unidos se centra en la "defensa de negación" (denial defense) para prevenir de antemano el proceso de ascenso de China como potencia hegemónica regional.
Por otro lado, John Mearsheimer (2021) señala que China siempre ha tenido objetivos revisionistas y critica que permitir el crecimiento de China fue el mayor error de Estados Unidos. Rush Doshi (2021) también analiza el ascenso de China como una estrategia escalonada que desafía el orden mundial más allá del debilitamiento del orden regional, y señala la construcción de una armada oceánica como el medio clave para ello. Desde esta perspectiva, interpretar las acciones de China como una simple respuesta defensiva puede llevar a una subestimación peligrosa.
En segundo lugar, el discurso defensivo de China se considera un medio para ocultar sus verdaderas intenciones agresivas. Esta interpretación se manifiesta de manera más extrema en la cuestión de Taiwán, donde Taiwán se percibe no solo como una zona de disputa de soberanía, sino como un punto estratégico clave para la transición del orden. Kevin Rudd (2025) analiza a China como un actor que se prepara sistemáticamente para el uso de la fuerza para lograr su objetivo nacional de unificación. Advierte que si bien la guerra puede no ser la opción preferida, si la probabilidad de éxito y el costo se consideran manejables, los líderes chinos están preparados para asumir riesgos calculados.
Matthew Pottinger (2024) también interpreta la unificación de Taiwán no como el punto final de la estrategia de China, sino como el punto de partida para una mayor proyección de poder. Cree que el liderazgo de Xi Jinping considera la unificación de Taiwán como una condición indispensable para el "Sueño Chino", y que después de la anexión de Taiwán, China proyectará recursos militares a una región más amplia basándose en su dominio en Asia Oriental.
Tercero, existe la crítica de que la respuesta tibia de Estados Unidos está ayudando, en última instancia, a China a alterar el statu quo. Robert Blackwill (2020) califica la esperanza pasada de Estados Unidos de incorporar a China como una potencia que mantiene el statu quo a través de la integración económica como un error estratégico. Sostiene que Estados Unidos ha debilitado su propio objetivo geopolítico tradicional de prevenir el surgimiento de una potencia hegemónica regional al permitir de facto el ascenso de China.
Además, Jonathan Czin y Matthias Allie (2025) señalan que, a pesar de que China está expandiendo su influencia militar y política en el Pacífico Occidental, aprovechando la distracción de la segunda administración Trump debido a guerras en Oriente Medio y Europa y al fortalecimiento del proteccionismo, Estados Unidos no ha logrado enviar señales de disuasión coherentes. La acumulación de esta falta de respuesta ha resultado en la aceptación tácita de la estrategia de cambio gradual del statu quo de China, la 'táctica del salami', creando un círculo vicioso que intensifica aún más la agresividad de China. Esto genera la preocupación de que los intentos de China de alterar el statu quo se expandirán y fortalecerán aún más sin una intervención clara de Estados Unidos.
- 73 - 2. Un enfoque cauteloso y moderado A diferencia de las visiones que definen a China de manera agresiva, dentro de Estados Unidos se ha planteado un enfoque cauteloso que aboga por percibir la competencia entre Estados Unidos y China no como un conflicto inevitable o una guerra hegemónica, sino como una competencia manejable. Esta perspectiva no subestima el aumento del poder militar y las actividades marítimas de China, pero desconfía de las visiones deterministas que lo vinculan directamente con un desafío hegemónico o una inevitabilidad de guerra. La preocupación central no es tanto la intención de China en sí misma, sino la mala interpretación (misperception) acumulada en el proceso en que ambas partes, Estados Unidos y China, interpretan las acciones de la otra en el peor de los casos, y cómo estas malas interpretaciones pueden amplificar la posibilidad de conflicto. Desde esta perspectiva, la estrategia de Estados Unidos no consiste en someter o contener a China, sino en gestionar la competencia, controlar las crisis y prevenir saltos militares innecesarios.
El argumento central de esta perspectiva es, en primer lugar, que China es plenamente consciente de sus limitaciones militares y económicas. Desde esta perspectiva, la modernización militar de China es menos un medio ofensivo para lograr la hegemonía y más un proceso de acumulación de capacidades a largo plazo, impulsado selectivamente dentro de recursos limitados. Eric Heginbotham señala que, si bien China reconoce la reducción de la brecha de capacidades militares entre Estados Unidos y China, no la sobreestima hasta el punto de creer en una superioridad absoluta. Persiste la cautela interna en China sobre las limitaciones tecnológicas y los defectos estructurales, y la continua y enérgica reforma militar del liderazgo de Xi Jinping, incluida la lucha contra la corrupción, es una extensión de esta percepción crítica. En particular, el hecho de que China gestione su gasto en defensa como un porcentaje del PIB en torno al 1,5-2% demuestra su cautela ante la carga que una carrera armamentista total impondría al crecimiento económico y la estabilidad del régimen. En última instancia, el objetivo de China de tener un 'ejército de clase mundial para 2050' se interpreta como un producto de una competencia selectiva que busca la igualdad cualitativa y la eficiencia en áreas específicas, en lugar de una intención de abrumar por completo a Estados Unidos. Esto sugiere la necesidad de reexaminar el discurso simplista de la agresión que considera a China como un perseguidor incondicional de la hegemonía.
En segundo lugar, la propia creencia determinista de que la competencia entre Estados Unidos y China es un conflicto inevitable oscurece la naturaleza del problema. Esta perspectiva critica la aplicación mecánica de la trampa de Tucídides a las relaciones entre Estados Unidos y China, y considera que el resultado de la competencia no es un destino estructural, sino que está determinado por las opciones políticas y la percepción mutua. Los académicos chinos Ling Shengli y Lv Huiyi (2019) plantean sistemáticamente esta preocupación. Enfatizan que la Guerra del Peloponeso no se debió únicamente al temor de Esparta a la Atenas emergente, sino que fue el resultado de una compleja interacción de factores como el sistema internacional, la estrategia estatal y las elecciones de los líderes. Señalan que una correspondencia uno a uno con las relaciones actuales entre Estados Unidos y China carece de poder explicativo. A nivel del sistema internacional, China aún no ha alcanzado una capacidad hegemónica comparable a la de Estados Unidos, y a nivel estatal, los países de la región del Indo-Pacífico mantienen una ambigüedad al cooperar con Estados Unidos en seguridad y con China en economía, desempeñando así un papel de amortiguación de las tensiones entre ambos países. En última instancia, para ellos, la competencia entre Estados Unidos y China no es una guerra inevitable, sino una competencia que puede ser gestionada y controlada.
- 74 - Michael O’Hanlon (2021) también reconoce el ascenso de China, pero desconfía del discurso que lo vincula directamente con el colapso de la hegemonía estadounidense. Analiza que China misma considera la invasión de Taiwán como una "apuesta de escala cósmica" y un acto extremo que provocaría una fuerte represalia de la comunidad internacional, y argumenta que las autoridades estadounidenses deben abstenerse de retórica excesivamente amenazante y mantener una actitud cautelosa y moderada.
En tercer lugar, las malas interpretaciones y la percepción de amenaza excesiva por parte de ambos bandos, Estados Unidos y China, representan un riesgo existencial mayor que la realidad militar de China. Michael Swaine y Andrew Erickson (2023) critican que la estrategia estadounidense hacia China se inclina hacia una percepción de amenaza de suma cero basada en el peor de los escenarios y proponen la "contención responsable" como alternativa. Según ellos, China no tiene la capacidad ni la intención de amenazar la existencia de Estados Unidos, y sus armas nucleares se utilizan como medio de disuasión, no de ataque. Si bien la fuerza militar convencional puede generar preocupaciones limitadas en algunas partes del Pacífico Occidental, no ha alcanzado un nivel que le permita dominar la región pagando un costo económico exorbitante. Por lo tanto, el riesgo más grave no es la voluntad de ataque de China en sí misma, sino la posibilidad de malas interpretaciones acumuladas en un contexto de desconfianza mutua. Esto contrasta fundamentalmente con la visión agresiva que define a China como un actor de cambio de orden inevitable y demuestra que el conflicto entre Estados Unidos y China en el Pacífico Occidental es una lucha de interpretación y justificación, más allá de un enfrentamiento de poder.
3. Cambios en las relaciones militares entre Estados Unidos y China y convergencia de percepciones En las últimas dos décadas, las relaciones de poder militar entre Estados Unidos y China han experimentado cambios estructurales fundamentales. En particular, la modernización militar de China ha comenzado a plantear un desafío sustancial a la abrumadora superioridad militar de Estados Unidos que ha existido desde el fin de la Guerra Fría. Actualmente, Estados Unidos y China reconocen, explícita o implícitamente, la realidad de la reducción de la brecha de capacidades militares y están de acuerdo en la necesidad de gestionar la inestabilidad resultante. Esta convergencia de percepciones se puede resumir en tres ejes principales.
En primer lugar, el reconocimiento de la reducción sustancial de la brecha de capacidades militares entre Estados Unidos y China. China se ha convertido en el segundo país del mundo en gasto militar, después de Estados Unidos. Desde la toma de posesión del presidente Xi Jinping en 2013 hasta 2024, el presupuesto de defensa de China ha aumentado más del doble, y el presupuesto oficial de defensa para 2024, un aumento del 5,2% respecto al año anterior, es de 231.000 millones de dólares, pero se estima que el gasto total real en defensa oscila entre 304.000 y 277.000 millones de dólares (The White House, 2025). El gasto en defensa de China, que en 2012 era aproximadamente 1/6 del de Estados Unidos, se ha acercado a 1/3 en 2024 (Funalole & Hart, 2025). Esto significa que la brecha entre Estados Unidos y China en términos de gasto en defensa también se ha reducido significativamente en la última década.
Mientras tanto, el Ministerio de Defensa Nacional de China, en lugar de negar rotundamente la afirmación de una reducción de la brecha de capacidades militares, adopta una estrategia para justificar los motivos de su aumento de capacidades militares. En respuesta al informe de evaluación de capacidades militares de China del Departamento de Defensa de EE. UU. de 2025, el Ministerio de Defensa Nacional de China criticó en una declaración oficial que distorsionaba las intenciones militares de China y exageraba su amenaza (Xinhuanet, 2025). Este modo de expresión puede interpretarse como un intento de evitar la condena internacional al aceptar el hecho objetivo del aumento de las capacidades militares, pero enfatizando su carácter defensivo.
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En segundo lugar, a pesar de la reducción de la brecha, Estados Unidos todavía mantiene una superioridad absoluta a nivel mundial. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el gasto militar de Estados Unidos es de aproximadamente 997.000 millones de dólares, lo que equivale a unas 3,2 veces el de China (aproximadamente 314.000 millones de dólares). Christopher S. Chivvis (2024) argumenta que la amenaza que la expansión militar de China plantea a las capacidades militares globales de Estados Unidos no debe ser exagerada. La construcción de una armada global con capacidad de combate comparable a la de Estados Unidos y la expansión de su red de bases requerirían décadas y enormes recursos. Por lo tanto, incluso si la armada china crece, se estima que será imposible que alcance el nivel que Estados Unidos ha construido en los últimos 75 años en un corto período de tiempo.
El Centro Belfer también encuentra la clave de la superioridad estadounidense en factores estructurales. Estados Unidos ha establecido un sistema de defensa colectiva con más de 50 aliados en todo el mundo y posee una capacidad de proyección de fuerza sin precedentes. En particular, en cuanto al número de ojivas nucleares, Estados Unidos, con aproximadamente 3.700, supera a China (aproximadamente 600) (Alison & Unterman, 2021). Por lo tanto, es poco probable que el aumento de las capacidades militares de China conduzca a una inversión de poder militar a nivel mundial, lo que sugiere que la superioridad de Estados Unidos se mantendrá en su conjunto, aunque pueda ser desafiada a nivel regional.
En tercer lugar, la expansión de la fuerza nuclear de China y el aumento de su influencia dentro de la "Primera Cadena de Islas". Independientemente de la superioridad global, el equilibrio militar a nivel regional del Pacífico Occidental se está reorganizando a favor de China. El informe del Departamento de Defensa de EE. UU. de 2025 proyecta que el número de ojivas nucleares de China ha aumentado drásticamente de aproximadamente 200 en 2020 a alrededor de 600 en 2024, y se espera que alcance las 1.500 para 2035.
[Figura 1. Estado y perspectivas de las reservas de ojivas nucleares de China]↵
(Fuente: CSIS (2025))↵
- 76 - Además de la expansión cuantitativa de sus capacidades militares, China está mejorando sus capacidades de "Acceso/Restricción de Área" (A2/AD) y sus capacidades de operaciones conjuntas para bloquear la intervención de Estados Unidos y sus aliados. En particular, dado que los ejercicios del EPL se centran en un posible escenario en Taiwán, su influencia real dentro de la "Primera Cadena de Islas" está aumentando. Esto eleva el costo de la intervención estadounidense en caso de crisis, lo que resulta en un equilibrio militar más favorable a China en la región del Pacífico Occidental.
Grostad (2025) analiza que el fortalecimiento de las capacidades A2/AD de China dentro de la Primera Cadena de Islas está aumentando los costos de las operaciones estadounidenses en la región, y que esto se convirtió en una causa indirecta de la decisión de Japón de aumentar su presupuesto de defensa en 2022. De hecho, según el Índice de Poder Asiático (Asia Power Index) de 2024 del Instituto Lowy, China superó por primera vez a Estados Unidos en postura militar en la región asiática, y la superioridad militar de Estados Unidos en la región del Indo-Pacífico se ha reducido a aproximadamente dos tercios en comparación con 2012, según las estimaciones para 2025 (Lowy Institute, 2024). John Culver, un experto en asuntos militares chinos del Instituto Brookings, también ha señalado que las fuerzas estadounidenses estacionadas en el Pacífico Occidental han llegado a un punto en el que ya no pueden funcionar como un activo estable para contener a China (Culver & Czin, 2025). Esto sugiere que el equilibrio militar en el Pacífico Occidental ya no es un estado de estabilidad basado en la superioridad unilateral de Estados Unidos, sino que está transitando hacia una fase de equilibrio competitivo que conlleva costos y riesgos.
En resumen, la perspectiva que enfatiza la amenaza de China entiende la competencia entre Estados Unidos y China como un conflicto en torno a la transformación del orden. Desde esta perspectiva, China no es simplemente un actor que defiende el statu quo, sino un actor revisionista que debilita gradualmente el orden liderado por Estados Unidos y busca reemplazarlo mediante un proceso calculado. La modernización militar de China, la expansión de su poder naval y su postura firme sobre la cuestión de Taiwán se interpretan no como incidentes aislados, sino como parte de una estrategia a largo plazo, y Taiwán en particular se considera un punto de inflexión para la transformación del orden y un espacio clave para poner a prueba la credibilidad estratégica de Estados Unidos. Esta perspectiva considera el discurso defensivo de China como un encubrimiento de sus verdaderas intenciones y critica la respuesta tibia o la ambigüedad estratégica de Estados Unidos por haber tolerado el cambio gradual del statu quo por parte de China. En consecuencia, este enfoque conduce a la implicación política de que la agresividad de China solo puede ser controlada mediante una disuasión y una voluntad de intervención fuertes y claras.
Por el contrario, el enfoque cauteloso y moderado, si bien no subestima el aumento del poder militar y las actividades marítimas de China, desconfía de las interpretaciones deterministas que lo vinculan directamente con la inevitabilidad de la guerra o una guerra hegemónica. Esta perspectiva se centra en el hecho de que China es plenamente consciente de sus limitaciones estructurales y costos, y su voluntad de soportar las cargas políticas y económicas que resultan de un conflicto militar total es limitada. En particular, la reforma militar interna de China, la gestión limitada de su presupuesto de defensa y el carácter disuasorio de su fuerza nuclear se interpretan como factores que sugieren que China prefiere una competencia manejable en lugar de una búsqueda ilimitada de hegemonía. Desde esta perspectiva, el riesgo principal de la competencia entre Estados Unidos y China no es la voluntad de ataque de China en sí misma, sino las malas interpretaciones y la percepción excesiva de la amenaza que se acumulan en el proceso en que ambas partes interpretan las acciones de la otra en el peor de los casos. Por lo tanto, el objetivo de la estrategia no es someter o contener al adversario, sino gestionar la competencia, controlar las crisis y prevenir saltos militares.
- 77 - Es importante destacar que estas dos perspectivas no son simplemente una oposición entre optimismo y pesimismo, sino que cada una conlleva riesgos diferentes. La perspectiva que enfatiza la amenaza de China advierte contra el riesgo de subestimar las capacidades e intenciones de China, lo que resalta la importancia de la disuasión, pero también conlleva la posibilidad de una respuesta excesiva y un círculo vicioso de dilemas de seguridad. Por el contrario, el enfoque cauteloso y moderado tiene la ventaja de reducir el riesgo de malas interpretaciones y conflictos accidentales, pero se enfrenta a la crítica de que, si no logra disuadir adecuadamente el cambio gradual del statu quo por parte de China, podría contribuir a la consolidación de hechos consumados estratégicos. Es decir, las dos perspectivas deben entenderse no como mutuamente excluyentes, sino como marcos interpretativos competitivos que iluminan diferentes dimensiones del riesgo.
A pesar de estas diferencias de percepción, se observa una convergencia de percepciones en cierto nivel en las recientes relaciones militares entre Estados Unidos y China. Si bien ambos países no niegan la reducción sustancial de la brecha de capacidades militares en las últimas dos décadas, también comparten la realidad de que Estados Unidos todavía mantiene una superioridad absoluta a nivel mundial. Además, la expansión de la fuerza nuclear de China y el aumento de su influencia militar dentro de la Primera Cadena de Islas se reconocen como factores clave que demuestran el cambio en el equilibrio militar en el contexto regional del Pacífico Occidental. Estos cambios plantean problemas de aumento de los costos de intervención y debilitamiento de la credibilidad de la disuasión para Estados Unidos, al tiempo que sirven como base para la necesidad de medidas defensivas para China.
En última instancia, el análisis de este capítulo sugiere que la competencia entre Estados Unidos y China en el Pacífico Occidental no puede reducirse a una simple confrontación militar o a un problema de cambio de hegemonía. Ambos países se perciben a sí mismos como actores defensivos, pero comparten una estructura de percepción común en la que interpretan las acciones del otro como ofensivas. Esta asimetría de percepciones encierra un riesgo potencial de malas interpretaciones y fracaso en la gestión en situaciones de crisis, y al mismo tiempo demuestra que ambos países están ajustando y convergiendo sus percepciones hasta cierto punto dentro de la realidad estructural del cambio en la brecha de capacidades militares.
IV. Conclusión y perspectivas
Este estudio, en lugar de reducir la competencia entre Estados Unidos y China en el Pacífico Occidental a una simple confrontación militar o a un resultado de la competencia hegemónica, se ha centrado en cómo ambos países perciben y justifican este espacio. Los resultados del análisis confirmaron que, si bien Estados Unidos y China comparten la característica de considerar el Pacífico Occidental como un espacio estratégico clave que no pueden ceder, sus significados y funciones están construidos sobre lógicas diferentes. En otras palabras, a pesar de competir por el mismo espacio, ambos países entienden el Pacífico Occidental con problemas y lenguajes estratégicos completamente distintos.
Para China, el Pacífico Occidental se asemeja a un "espacio de supervivencia" donde se combinan la soberanía marítima, el desarrollo nacional y la estabilidad del régimen. Dentro de esta percepción, la modernización militar y la expansión de la fuerza naval se justifican como medidas defensivas para proteger la seguridad y el desarrollo del país, en lugar de medios de expansión externa o de expansión de influencia. La cuestión de Taiwán también se sitúa en la extensión de esta percepción. Para China, Taiwán no es simplemente un punto estratégico clave, sino un problema soberano e histórico que debe completarse la tarea de reunificación inconclusa, y se percibe como un interés central donde la intervención externa no es admisible.
- 78 - Esta narrativa cumple la función de dar sentido a las acciones militares de China como elecciones inevitables y justificadas para sí misma.
Por el contrario, para Estados Unidos, el Pacífico Occidental se percibe como un "espacio de gestión" donde se pone a prueba la credibilidad de la red de alianzas y la operatividad del orden internacional basado en reglas. Estados Unidos considera que la estabilidad en esta región no se limita al orden regional, sino que está directamente relacionada con el mantenimiento del liderazgo global y las normas internacionales. En este contexto, las acciones militares de China no se interpretan como incidentes aislados, sino como un desafío estructural al orden regional en su conjunto. Como resultado, la disuasión y la intervención se justifican no como opciones políticas disponibles, sino como respuestas necesarias para mantener el orden. De esta manera, la percepción estadounidense del Pacífico Occidental da sentido a las acciones de China en un marco de orden más amplio y opera en la dirección de ampliar el alcance de la amenaza.
Esta asimetría en la percepción del espacio conduce a diferentes evaluaciones de las estrategias de Estados Unidos y China. La perspectiva que enfatiza la amenaza de China interpreta el ascenso de China como una estrategia a largo plazo para transformar el orden existente y tiende a considerar la cuestión de Taiwán como una amenaza existencial a la credibilidad estratégica de Estados Unidos. Desde esta perspectiva, el aumento de las capacidades militares de China no se lee como un simple fenómeno regional, sino como un desafío estructural que puede erosionar el orden general liderado por Estados Unidos. Por el contrario, la perspectiva que desconfía de la exageración de la amenaza china se centra más en las limitaciones estructurales y los objetivos estratégicos limitados que enfrenta China. Estos no consideran que las acciones de China conduzcan necesariamente a una búsqueda de hegemonía total, sino que advierten que si la competencia no se controla dentro de un rango manejable, los dilemas de seguridad podrían amplificarse.
Es importante destacar que estas dos perspectivas no son simplemente una cuestión de corrección o incorrección, sino que cada una conlleva riesgos diferentes. El enfoque que enfatiza la amenaza de China puede ir acompañado de la posibilidad de malas interpretaciones y respuestas excesivas al sobreinterpretar las capacidades e intenciones del adversario. Por el contrario, el enfoque que desconfía de la exageración de la amenaza corre el riesgo de subestimar las implicaciones estructurales que pueden derivarse de los cambios militares de China. Estas diferentes formas de evaluación actúan como factores que amplifican la incertidumbre en la elección de políticas en torno a la competencia entre Estados Unidos y China.
Sin embargo, a pesar de estas diferencias de percepción, se observa una convergencia de percepciones en cierto nivel en las recientes relaciones militares entre Estados Unidos y China. Como se analizó anteriormente, ambos países reconocen explícita o implícitamente la reducción sustancial de la brecha de capacidades militares en las últimas dos décadas, y al mismo tiempo comparten el hecho de que la superioridad global de Estados Unidos se mantiene. Además, la expansión de la fuerza nuclear de China y el aumento de su influencia militar dentro de la Primera Cadena de Islas también se están aceptando como realidades que ya no se pueden negar. Esto sugiere que la preocupación por cómo gestionar el entorno militar cambiante, más que la existencia de la competencia en sí, está surgiendo gradualmente como un interés común.
En este contexto, el problema fundamental del Pacífico Occidental no reside en un juicio dicotómico que distinga entre la "búsqueda de hegemonía" de China o la "respuesta excesiva" de Estados Unidos, sino en cómo la estructura en la que ambos se consideran actores defensivos pero interpretan las acciones del otro como ofensivas puede conducir a malas interpretaciones y al fracaso en la gestión de crisis. En otras palabras, la fuente de la crisis se asemeja más a la tensión estructural creada por la acumulación de percepciones e interpretaciones mutuas que a la intención de un actor individual. En este sentido, las recientes discusiones sobre la estabilidad estratégica y la restauración de los canales de comunicación militar no deben interpretarse como el fin de la competencia, sino como una respuesta realista para controlar el entorno cambiante dentro de un rango manejable.
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En última instancia, el problema del Pacífico Occidental se reduce a cómo Estados Unidos y China gestionarán sus percepciones mutuas dentro del cambio estructural de la reducción de la brecha de capacidades militares. Estados Unidos y China se definen a sí mismos como actores defensivos, pero comparten la tendencia a interpretar las acciones del otro como ofensivas, y cada vez son más conscientes de la posibilidad de que esta estructura de percepción conduzca a malas interpretaciones en situaciones de crisis. La competencia es inevitable, pero la forma y el resultado de esa competencia pueden variar según la gestión de las percepciones mutuas. En este sentido, el Pacífico Occidental se posiciona no solo como un frente de competencia estratégica entre Estados Unidos y China, sino también como un espacio donde las percepciones de ambos países convergen y se ajustan parcialmente.
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*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.