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El marco de competencia estratégica-coexistencia de Estados Unidos hacia China y la respuesta de Corea del Sur

Categoría
Observación Actual
Publicado
4 de agosto de 2026

Resumen general

La estrategia de Estados Unidos hacia China no ha logrado encontrar un punto de equilibrio definitivo entre la competencia y la coexistencia, y tanto los medios como la intensidad han cambiado con cada transición de gobierno. La orientación de contención selectiva de la administración Biden se ha expandido, ya en la segunda administración Trump, más allá de los aranceles y los controles de exportación, hacia sectores como la robótica y los inversores, mientras que China ha logrado asegurar un margen de negociación real mediante la carta de las restricciones a la exportación de tierras raras. Se evalúa con la probabilidad más alta (55%) la posibilidad de que persista un desacoplamiento selectivo limitado a industrias de vanguardia como los semiconductores, la computación cuántica y la inteligencia artificial, aunque la trayectoria sigue siendo fluida en función del calendario político interno de Estados Unidos y de la forma en que China ejerza su influencia. Corea del Sur, en lugar de apostar por un escenario específico, debe construir un sistema de respuesta robusto para el conjunto de los escenarios a través de tres ejes: la duplicación de las cadenas de suministro, la participación en la formación de normas multilaterales de control de exportaciones, y el monitoreo permanente de la evolución política interna de Estados Unidos.

I. Análisis de la situación del tema

El marco de competencia estratégica-coexistencia de Estados Unidos hacia China y la perspectiva de los aliados asiáticos

1. Antecedentes y evolución del tema

La estrategia de la administración Biden hacia China se resume en el marco de "gestionar la competencia estratégica desde la perspectiva de la coexistencia"[3]. Este marco difiere en carácter de la presión unilateral de la primera administración Trump. Washington partió de la premisa de que un desacoplamiento con China resulta inviable. En su lugar, optó por trazar selectivamente líneas de contención en sectores de industria avanzada como los semiconductores, la inteligencia artificial y la computación cuántica[10].

El momento en que este marco realmente entró en funcionamiento fue la cumbre entre Estados Unidos y China en San Francisco, en noviembre de 2023. El análisis del EAI define este encuentro como un espacio para "buscar la cooperación entre la 'competencia gestionada' y el 'asegurar el derecho al desarrollo'"[2]. El asesor de seguridad nacional Jake Sullivan y el ministro de Asuntos Exteriores Wang Yi se reunieron en tres ocasiones entre mayo y octubre, en Viena, Malta y Washington[2]. Comenzando con el secretario de Estado Blinken, cuatro altos funcionarios estadounidenses de nivel ministerial visitaron Beijing sucesivamente[2]. El encuentro entre la secretaria del Tesoro Yellen y el viceprimer ministro He Lifeng desempeñó un papel de coordinación final justo antes de la cumbre[2].

Los resultados no fueron considerables. No se alcanzó ningún compromiso en los dos grandes temas centrales: la cuestión de Taiwán y los controles de exportación de tecnología avanzada[2]. En su lugar, los logros se limitaron a la reanudación del diálogo militar de alto nivel y la creación de nuevos diálogos intergubernamentales en materia de narcóticos e inteligencia artificial[2][5]. El EAI evaluó esto señalando que "sin lograr un compromiso sobre los asuntos pendientes, se llegó a un acuerdo en el nivel del fortalecimiento de la comunicación y la construcción de confianza a través de la reanudación del diálogo militar de alto nivel"[2].

El eje de la competencia continuó concentrándose posteriormente en el sector de industrias avanzadas. Durante el año 2022, el Departamento de Comercio de Estados Unidos incluyó a 33 empresas, laboratorios de investigación y universidades chinas en la lista de entidades no verificadas, y en agosto y octubre implementó medidas adicionales de control de exportaciones[10]. Se sucedieron sanciones de tipo "ataque de precisión" en los sectores de semiconductores, computación cuántica, aviación e inteligencia artificial[10]. El EAI define esta coyuntura como una "nueva guerra fría tecnológica", señalando que las consideraciones tecnogeopolíticas se han convertido en un fundamento principal que configura la política mundial[10].

2. Situación actual

Con la llegada de la segunda administración Trump, la presión hacia China se está extendiendo a ámbitos más amplios, más allá de los aranceles y los controles de exportación. Global Times criticó las medidas estadounidenses de prohibición de importación de robots e inversores como "decisiones de política improvisadas nacidas de la ansiedad"[15][19]. Expertos chinos sostienen que la propia estrategia de "pequeño patio, valla alta" se basa en el error de juicio de que Estados Unidos puede mantener su superioridad tecnológica a través del aislamiento[15].

Esta respuesta va de la mano con la confianza que China ya ha adquirido gracias al margen de influencia que posee. Foreign Affairs señala el caso de abril de 2025, en que China respondió a los altos aranceles estadounidenses hacia China con restricciones a la exportación de tierras raras, forzando así el repliegue de Washington[13]. En mayo de 2026 se repitió un patrón similar[13]. No obstante, el mismo medio también señala que las condiciones económicas de China han cambiado cualitativamente respecto a hace cuatro años. Existe la perspectiva de que la recesión del consumo interno chino y sus vulnerabilidades estructurales están, más bien, fortaleciendo el poder de negociación de Estados Unidos[4].

China no acepta la coyuntura de contención únicamente de forma defensiva. The Diplomat analiza que, al igual que el gobierno de Xi Jinping exportó carreteras, puertos y cables de fibra óptica a través de la Franja y la Ruta, ahora busca exportar todo el ecosistema de inteligencia artificial (chips, nube, modelos fundacionales, estándares, formación de personal, gobernanza)[1]. El propio CEO de Nvidia, Jensen Huang, ha advertido sobre la posibilidad de una combinación entre la Franja y la Ruta y la inteligencia artificial[1]. El diario Nikkei informó que China está considerando reforzar los controles de exportación en tecnología de inteligencia artificial y semiconductores[11]. Es una tendencia en la que las cartas de contraataque frente a la presión estadounidense se están expandiendo hacia el ámbito de la tecnología de vanguardia.

Europa también ha emprendido su propia reorganización de la línea hacia China. El 19 de junio, el Consejo Europeo solicitó a la Comisión que elaborara instrumentos de defensa comercial frente a las importaciones subsidiadas[9]. En la reunión ministerial franco-alemana del 16 al 17 de julio, ambos países, superando diferencias de larga data, calificaron por primera vez a China como "un desafío para nuestra economía"[9]. El canciller austriaco Stocker lo resumió diciendo que "la UE necesita una reorientación estratégica"[9]. Esto muestra que no se trata únicamente de un problema estadounidense, sino de una coyuntura de rediseño de la línea hacia China en todo el bloque occidental.

3. Principales actores y posiciones

La élite decisoria estadounidensese encuentra ante el dilema de mantener los controles de exportación en industrias avanzadas como los semiconductores, mientras debe combinarlos con una agenda diplomática orientada a restaurar la confianza[3]. Foreign Affairs, citando el proyecto de reindustrialización de Jake Sullivan, señala que la ventaja estadounidense de un siglo de duración en capacidad de invención, manufactura y difusión tecnológica se está tambaleando ante la nueva coyuntura de competencia liderada por los estados[7]. Se advierte que el "segundo shock chino" llegará no en forma de exportaciones baratas, sino de pérdida de hegemonía tecnológica[7].

El gobierno chino y los medios oficialesdefinen la contención estadounidense no como una estrategia, sino como producto de la ansiedad[15]. Critican medidas como la prohibición de importación de robots e inversores calificándolas de acciones "contraproducentes y autodestructivas", y han manifestado públicamente su voluntad de proteger a sus propias empresas[15][19]. Al mismo tiempo, están impulsando en paralelo la carta ofensiva de la exportación del ecosistema de inteligencia artificial[1].

Los países del sudeste asiáticoson sensibles al problema de credibilidad de Estados Unidos. Foreign Affairs señala que la respuesta regional en torno al Mar de China Meridional "depende de la credibilidad de Washington"[17]. Los países de la región solo podrán mantener su voluntad de resistencia frente a China si tienen la certeza de que Estados Unidos contiene a China sin una escalada innecesaria y cumple con el derecho internacional que dice defender[17]. También se plantea la exigencia de que Estados Unidos corrija políticas que limitan la capacidad de respuesta de sus socios regionales frente a China[17].

La UE (eje franco-alemán)está construyendo, de manera independiente de Estados Unidos, su propia postura defensiva frente a China[9]. Esto se sustenta en las demandas de instrumentos de defensa comercial frente a importaciones subsidiadas y de elaboración de una hoja de ruta a nivel de la UE[9].

4. Cuestiones clave

El primer punto en cuestión es hacia dónde inclinará su centro de gravedad la estrategia estadounidense hacia China, entre la "competencia" y la "coexistencia". Tras la cumbre de San Francisco, no hubo avances en los dos temas centrales: la cuestión de Taiwán y los controles de exportación[2]. Predomina la valoración de que los logros se limitaron al nivel de restauración de los canales de comunicación[2][5].

El segundo punto en cuestión es la efectividad real de los controles de exportación. La parte china rebate que la estrategia de "pequeño patio, valla alta" se basa en el error de juicio de mantener la superioridad tecnológica mediante el aislamiento[15]. De hecho, existe el precedente de que, mediante la carta de las tierras raras, se neutralizaron en dos ocasiones las medidas arancelarias estadounidenses[13].

El tercer punto en cuestión es la credibilidad exterior de Estados Unidos. La voluntad de resistencia de los países del sudeste asiático frente a China depende de la coherencia y previsibilidad de Estados Unidos[17]. Esto está directamente relacionado con la condición previa de restaurar la confianza en la política interna[3][7].

El cuarto punto en cuestión es que los medios de contraataque de China se están expandiendo de la defensa hacia la ofensiva. La nueva carta de la exportación del ecosistema de inteligencia artificial se evalúa como un desafío estructural que va más allá de la exportación de infraestructura al estilo de la Franja y la Ruta[1]. A esto se suma la consideración por parte de China de sus propios controles de exportación en inteligencia artificial y semiconductores, lo que multiplica las capas de la estructura de contención y contracontención en torno a las industrias de vanguardia[11].

II. Análisis en profundidad del tema

El marco de competencia estratégica-coexistencia de Estados Unidos hacia China: análisis en profundidad

1. Análisis de las causas fundamentales

En el trasfondo de que la estrategia estadounidense hacia China haya adoptado una estructura dual de perseguir simultáneamente la competencia y la coexistencia, se encuentra la imposibilidad práctica del desacoplamiento. Washington determinó que no puede soportar el impacto que una ruptura total con China tendría sobre la economía estadounidense[3]. Al mismo tiempo, tampoco está en condiciones de permitir que China le dé alcance en el ámbito de la tecnología avanzada[10]. En el punto de encuentro de estas dos restricciones surgió el compromiso de la "contención selectiva".

En la base de este compromiso se encuentra la crisis de confianza de la política interna estadounidense. El análisis de Carnegie Endowment señala que, para que la estrategia hacia China de la administración Biden tenga éxito, se necesita "una nueva agenda que reconstruya la confianza tanto dentro como fuera del país"[3]. Esto significa que el problema de la estrategia hacia China no es solo un problema de diseño de política exterior. La inseguridad económica de la clase media estadounidense y la presión política interna derivada del debilitamiento de la base manufacturera funcionan como variables que determinan la intensidad y dirección de la política hacia China[7]. El proyecto de reindustrialización presentado por el ex asesor de seguridad nacional Sullivan también surgió en este contexto[7]. El "segundo shock chino" advertido por David Autor y David Dorn hace referencia no a las exportaciones baratas, sino a la pérdida del liderazgo tecnológico[7]. El hecho mismo de que este marco circule entre los responsables de política de Washington demuestra que la contención hacia China no se mueve únicamente por una lógica de seguridad pura.

El modo de respuesta de China es también un eje de las causas fundamentales. Beijing no ha aceptado el propio término de "competencia estratégica" como marco para definir las relaciones entre Estados Unidos y China[18]. El análisis del EAI señala que "el gobierno de Estados Unidos ha utilizado la competencia estratégica como marco para definir las relaciones entre Estados Unidos y China desde la administración Trump, pero el gobierno chino se ha negado a aceptar esta definición"[18]. Este rechazo no es una mera retórica. China ha contrarrestado la presión estadounidense con una carta concreta: el control de las exportaciones de tierras raras[13]. El caso representativo es el de abril de 2025, cuando China contraatacó con restricciones a la exportación de tierras raras frente a los aranceles elevados de Estados Unidos, forzando el repliegue de Washington[13]. Esto muestra la razón estructural por la que resulta difícil que la política de contención estadounidense se imponga de manera unilateral.

2. Contexto estructural

Estructura política

El calendario político interno de Estados Unidos es la variable clave que limita la continuidad de la estrategia hacia China. Con cada cambio de administración han variado la intensidad y los medios de la estrategia hacia China. Desde la presión centrada en aranceles de la primera administración Trump, pasando por los controles de exportación sofisticados de la administración Biden, hasta la ampliación de la prohibición de importación de robots e inversores de la segunda administración Trump, los instrumentos de política han seguido evolucionando[15][19]. El problema es que este cambio se parece más a un rediseño discontinuo derivado de la alternancia de gobiernos que a un ajuste dentro de un marco estratégico coherente. Global Times critica este cambio de política calificándolo de "decisión de política improvisada nacida de la ansiedad"[15], una valoración que, aunque corresponde al tono de los medios oficiales chinos, apunta a un problema de previsibilidad de la política estadounidense hacia China que coincide con las preocupaciones de los aliados asiáticos.

La polarización de la política interna estadounidense es también una restricción estructural. El diario Nikkei, al analizar el panorama de opinión pública de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato de Estados Unidos en 2026, señala que el auge de la inteligencia artificial está siendo percibido entre los votantes como un "entusiasmo sin beneficios"[11]. Se informa que se está formando un rechazo de la opinión pública hacia la construcción de centros de datos[11]. Esto sugiere que la propia base de política industrial de la contención hacia China, es decir, el fomento de industrias de vanguardia, no está logrando asegurar de manera estable el respaldo de la opinión pública interna.

Estructura económica

La fractura de la cooperación multilateral en torno a la reorganización de las cadenas de suministro es también un problema estructural. SIPRI, al explicar el contexto en que la seguridad de las cadenas de suministro de materiales estratégicos se trató como tema central en la reunión del G7, señala que China ha estado utilizando sus propios controles de exportación para crear cuellos de botella en el suministro de tierras raras y tecnologías relacionadas[6]. China ha utilizado esto como medio de contraataque frente a los aranceles y controles de exportación estadounidenses, y también como medio de presión contra Japón por declaraciones relacionadas con Taiwán[6]. Esto significa que los controles de exportación ya no son un arma unilateral de Estados Unidos, sino que se han convertido en un instrumento de disuasión mutua que opera en ambas direcciones.

El cambio en las condiciones económicas de China es también una variable que transforma la estructura. Foreign Affairs señala que el desafío estratégico al que se enfrenta China es cualitativamente diferente al de hace cuatro años[4]. El análisis sostiene que, a medida que se profundizan la recesión del consumo interno y las vulnerabilidades estructurales, esto está produciendo el resultado paradójico de fortalecer, más bien, el poder de negociación de Estados Unidos[4]. Otro análisis del mismo medio evalúa que, a pesar de estas condiciones, China sigue manteniendo una ventaja sobre Estados Unidos a través de medios concretos como la carta de las tierras raras[13]. El hecho mismo de que coexistan ambas valoraciones muestra que los juicios sobre el equilibrio de poder económico entre Estados Unidos y China también son divergentes dentro de Estados Unidos.

Estructura de seguridad

Se está consolidando una estructura en la que la competencia por la hegemonía tecnológica no se separa del ámbito de la seguridad militar. El EAI señala que "mientras se desarrolla intensamente la competencia en torno a los intereses estratégicos centrales, esto puede derivar en una confrontación total, o bien puede desembocar en una competencia y cooperación saludables"[16]. Se observa una tendencia continua de expansión de la competencia militar que abarca no solo la zona gris y las fuerzas convencionales, sino también los ámbitos de las fuerzas nucleares y las nuevas armas[16]. En esta estructura, los controles de exportación de semiconductores e inteligencia artificial no funcionan como una política industrial pura, sino como un instrumento de gestión de la brecha de poder militar.

En la región del sudeste asiático se plantea por separado el problema de la confianza en materia de seguridad. Foreign Affairs señala que los esfuerzos estadounidenses de contención hacia China en torno al Mar de China Meridional dependen, en última instancia, de "la credibilidad de Washington"[17]. Para que los países de la región confíen en Estados Unidos, deben tener la certeza de que este contendrá a China sin una escalada innecesaria y que cumplirá con el derecho internacional que dice defender[17]. Si esta confianza se debilita, la política de contención estadounidense hacia China tendrá dificultades para obtener la cooperación de sus aliados.

3. Precedentes históricos y comparación de casos análogos

La cumbre entre Estados Unidos y China en San Francisco de noviembre de 2023 constituye un referente importante para comprender la coyuntura actual. El EAI definió esta cumbre como un espacio para "buscar la cooperación entre la 'competencia gestionada' y el 'asegurar el derecho al desarrollo'"[2]. El resultado obtenido tras cinco meses de contactos de alto nivel se limitó a la reanudación del diálogo militar y la creación de nuevos canales de diálogo sobre narcóticos e inteligencia artificial[2]. Los temas centrales de la cuestión de Taiwán y los controles de exportación permanecieron intactos[2]. Este precedente muestra un patrón en el que los acuerdos de alto nivel entre Estados Unidos y China se mantienen más en el nivel de la gestión que en el de la resolución de los conflictos estructurales. El actual marco de competencia-coexistencia puede considerarse una extensión de este mismo patrón.

La transición de la estrategia europea hacia China es también un objeto de comparación. The Diplomat informa que, en el Consejo Europeo de junio de 2026, la Comisión Europea recibió un mandato claro para elaborar instrumentos adicionales de defensa comercial que respondan a las importaciones chinas subsidiadas[9]. También señala que Francia y Alemania, superando diferencias de posición de varios años, calificaron por primera vez conjuntamente a China como "un desafío para nuestra economía"[9]. La declaración del canciller austriaco Stocker de que "la UE necesita una reorientación estratégica" muestra que Europa está convergiendo hacia un marco de competencia similar al de Estados Unidos[9]. Esto constituye evidencia de que la contención hacia China no es solo una política estadounidense, sino que se está expandiendo como una respuesta estructural de todo el bloque occidental. Al mismo tiempo, se confirma también la diferencia de que la transición europea aparece más tarde y de forma más defensiva que la estadounidense.

La continuidad entre la Franja y la Ruta y la estrategia de exportación de inteligencia artificial es también un precedente digno de atención. The Diplomat analiza que el gobierno de Xi Jinping está ampliando la modalidad de la Franja y la Ruta, con la que exportó durante más de diez años infraestructura digital como carreteras, puertos y cables de fibra óptica, hacia la exportación de todo el ecosistema de inteligencia artificial[1]. Se trataría de un intento que abarca desde semiconductores, infraestructura de nube y modelos fundacionales, hasta estándares, aplicaciones, formación de personal y gobernanza[1]. También se menciona el hecho de que el CEO de Nvidia, Jensen Huang, haya advertido sobre la combinación entre la Franja y la Ruta y la inteligencia artificial[1]. Esto sugiere que China no se limita a responder de forma defensiva a los controles de exportación estadounidenses, sino que está transitando hacia una estrategia ofensiva de trasplantar su propio ecosistema tecnológico a terceros países. Esto guarda una similitud estructural con la estructura de competencia de la Guerra Fría, en la que ambos bloques, estadounidense y soviético, intentaban trasplantar sus respectivos bloques tecnológicos y de estándares al Tercer Mundo.

4. Variables clave en el desarrollo del tema

Primero, el calendario político interno de Estados Unidos. Existe una alta probabilidad de que la intensidad y los medios de la política hacia China se reajusten en función del resultado de las elecciones legislativas de mitad de mandato de 2026[11]. Si el Partido Republicano, actualmente en el poder, mantiene la mayoría en ambas cámaras es la variable primaria que determinará la continuidad de la política[11].

Segundo, si el margen de influencia de China se mantiene. La cuestión clave es si el control de cuellos de botella que China ha adquirido en las cadenas de suministro de minerales clave, incluidas las tierras raras, se mantendrá en el futuro[6][13]. Si este control se debilita, existe margen para que la política de contención estadounidense se torne más ofensiva.

Tercero, el problema de la confianza de los aliados. Si la previsibilidad y coherencia de la política estadounidense no están garantizadas en asuntos de seguridad regional como el Mar de China Meridional, los aliados asiáticos no podrán sino dudar en adherirse plenamente al marco de contención liderado por Estados Unidos[17].

Cuarto, la velocidad de convergencia de la estrategia europea hacia China. Dependiendo de si la UE avanza hacia medidas de defensa comercial de nivel similar al estadounidense, o si mantiene una línea independiente, variará la densidad de la coordinación de la contención hacia China dentro del bloque occidental[9].

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*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.

Este informe es un análisis en profundidad planificado por un investigador de EAI, basado en una investigación rigurosa asistida por IA y redactado en su versión final por el investigador de EAI.

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