Presión para vender el Cheongung-II a Ucrania: las múltiples exigencias de Estados Unidos y las opciones de política de Corea del Sur
Resumen ejecutivo
La presión pública del presidente Trump sobre Corea del Sur para que venda el sistema de defensa antimisiles Cheongung-II a Ucrania se deriva de las limitaciones estructurales de la base industrial de defensa de Estados Unidos, que tiene dificultades para satisfacer las demandas simultáneas de tres frentes: Irán, Ucrania y el Indo-Pacífico. Esta presión está vinculada a las exigencias de un despliegue de tropas en el estrecho de Ormuz, las contribuciones al reparto de los costes de defensa y las negociaciones sobre aranceles a los semiconductores, formando un único paquete. Abordar estas cuestiones por separado podría hacer que Corea del Sur perdiera su poder de negociación. El escenario más probable es que el Gobierno surcoreano retrase una decisión, sin aprobar ni rechazar claramente la venta. Se está debatiendo como un compromiso realista un método de adquisición a través de Estados Unidos, siguiendo el precedente de la venta indirecta de proyectiles de artillería de 155 mm. Sin embargo, dado el precedente de que la política de venta de municiones de EE. UU. ha oscilado entre la suspensión y la reanudación, la estabilidad de dicho acuerdo no está garantizada. Corea del Sur necesita unificar su mensaje entre los ministerios gubernamentales y adoptar un enfoque modesto, respondiendo de forma condicional e incremental dentro de los límites que su relación con Rusia y la opinión pública nacional puedan tolerar.
I. Análisis de la situación
La presión impulsada por Trump para vender el Cheongung-II a Ucrania: un análisis de la situación
1. Antecedentes y evolución
La presión del presidente Trump sobre Corea del Sur no es un comentario aislado, sino la continuación de una tendencia que se ha ido gestando desde el verano pasado. El asunto surgió por primera vez en el contexto de la guerra con Irán. El 16 de agosto, el presidente Trump anunció en Truth Social que había dado instrucciones al secretario de Defensa Hegseth para que redujera significativamente los ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur. En la misma publicación, mencionó: «Recientemente le pregunté al presidente surcoreano si estaba dispuesto a unirse al esfuerzo para desnuclearizar Irán, pero me dijeron que se "negaría"»[1][17].
Tras esta declaración, el Gobierno surcoreano comenzó a estudiar un despliegue de tropas en el estrecho de Ormuz. En una reunión conjunta de los ministerios de Asuntos Exteriores y de Seguridad se discutieron opciones como el envío de un buque de apoyo logístico o un avión de patrulla[8]. Un alto funcionario de la Oficina del Presidente confirmó que se estaban estudiando opciones de «contribución militar» relacionadas con el estrecho de Ormuz, pero marcó un límite, afirmando que no se había decidido nada[16]. En una entrevista con Fox News publicada el 30 de agosto, el presidente Trump volvió a señalar a Corea del Sur como «un ejemplo paradigmático» de aliados en los que Estados Unidos gasta miles de millones de dólares, incluida la OTAN, y de los que, sin embargo, no recibe «casi ninguna ayuda» a cambio[5]. También sacó a colación la negativa de Corea del Sur a apoyar las operaciones de desminado en el estrecho de Ormuz[5].
El alcance de la presión no se detuvo ahí, sino que se extendió a la cuestión de Ucrania. El 4 de septiembre (KST), el presidente Trump compartió en su plataforma de redes sociales una columna de opinión que sostenía que «Corea del Sur debería vender sus misiles antiaéreos Cheongung-II de producción nacional a Ucrania»[1][4]. El mismo día, en respuesta a una pregunta de los medios sobre el estudio de Corea del Sur de un despliegue en Ormuz, un alto funcionario de la Administración estadounidense respondió: «Corea del Sur es uno de los mayores clientes de petróleo crudo de Oriente Medio», y añadió: «Todavía estamos esperando que Corea del Sur despliegue recursos en esta región»[4]. En efecto, la exigencia de un despliegue de tropas y la de una venta de armas se hicieron simultáneamente el mismo día.
2. Situación actual
En la cuestión de Ucrania, la campaña de presión de Estados Unidos no se dirige únicamente a Corea del Sur, sino que se está extendiendo simultáneamente a Europa. En otra publicación en redes sociales el 3 de septiembre, el presidente Trump anunció que exigiría a los países europeos el reembolso de las decenas de miles de millones de dólares en ayuda militar proporcionada gratuitamente a Ucrania y a la OTAN durante la Administración Biden[10][14]. Esta declaración se produjo poco después de que se informara de que las reservas de municiones de Estados Unidos se estaban agotando al entrar la guerra con Irán en su séptimo mes[10]. Aunque el presidente Trump negó rotundamente los rumores sobre el agotamiento de las municiones, también sugirió que las ventas de municiones a los aliados podrían suspenderse temporalmente[6][12]. Sin embargo, pocos días después, mencionó que las ventas a los aliados se reanudarían pronto, mostrando una falta de coherencia en su mensaje[11].
Para cubrir este vacío, Ucrania ha recurrido a la Unión Europea. Ucrania solicitó fondos para comprar misiles interceptores Patriot PAC-3 utilizando un préstamo de ayuda de 90.000 millones de euros aprobado por la UE, y el 2 de septiembre, la presidenta de la Comisión Europea, von der Leyen, confirmó que Europa continuaría su apoyo a la defensa antiaérea y su asistencia con el sistema Patriot[19]. En este contexto, el Cheongung-II de Corea del Sur se está debatiendo como un posible sustituto para cubrir el déficit en el suministro de municiones y armas de Estados Unidos.
En cuanto al despliegue en Ormuz, es evidente una postura cautelosa dentro de Corea del Sur. En un editorial, el periódico Hankyoreh afirmó: «Cuando se trata de un despliegue que pone en riesgo la vida de los ciudadanos, nunca se es demasiado cauto», y advirtió al Gobierno que no se precipitara a realizar un despliegue bajo la presión de Estados Unidos[1]. El mismo periódico puso de relieve el dilema del Gobierno al informar sobre la división de la opinión pública nacional entre el «despliegue indirecto» y la «no participación en una guerra de agresión»[4].
3. Actores y posturas clave
El presidente Trump y la Administración estadounidenseEste actor ha exigido repetidamente que Corea del Sur comparta la responsabilidad vinculando cuestiones de seguridad y económicas. Un análisis del EAI evalúa esta presión no como «retórica improvisada, sino como una presión estructural basada en la lógica de "acabar con el parasitismo" presentada por Steve Myron, presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca»[5]. Se evalúa que los aranceles selectivos a los semiconductores, la designación como país de riesgo de transbordo y las exigencias de reparto de los costes de defensa probablemente se vincularán en un único paquete de negociación[5]. El uso por parte del alto funcionario de la Administración estadounidense de la lógica de que «Corea del Sur es el mayor cliente de petróleo crudo de Oriente Medio» en relación con el despliegue en Ormuz es una extensión de esta presión vinculada[4].
El Gobierno surcoreanomantiene una postura cautelosa tanto ante las exigencias de despliegue como de venta de armas. La Oficina del Presidente ha declarado en repetidas ocasiones que está «revisando varias opciones» con respecto a Ormuz, pero que «no se ha decidido nada»[16]. El Gobierno no ha anunciado una postura oficial sobre la venta del Cheongung-II a Ucrania, ya que la cuestión está entrelazada con las relaciones con Rusia y la política hacia China.
La opinión pública y los medios de comunicación surcoreanosexpresan una clara aprensión sobre el despliegue de tropas. En dos editoriales, el Hankyoreh evaluó la presión de Estados Unidos como «más allá del nivel de la costumbre internacional y el sentido común», pero mantuvo la postura de principio de que, aunque la presión sea onerosa, la cautela es necesaria para un «despliegue que pone en riesgo la vida de los ciudadanos»[17][1].
Algunos observadores y funcionarios estadounidensesseñalan los riesgos de la propia táctica de presión a través de las redes sociales. El Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) mencionó el precedente de que Corea del Sur ya había vendido 100.000 proyectiles de artillería de 155 mm a Estados Unidos en 2022 para su entrega a Ucrania. Citando esto y la expansión de la cooperación de Corea del Sur en el desarrollo de armas y tecnología con los países europeos, el CFR evaluó que la presión pública a través de las redes sociales podría convertirse en un factor de riesgo en la gestión de la alianza[2].
UcraniaEn medio de señales de una reducción del apoyo estadounidense, está ampliando su base de apoyo a Europa, al tiempo que muestra interés en la posibilidad de adquirir sistemas de armas alternativos como el Cheongung-II de Corea del Sur. La dimisión del secretario del Ejército de Estados Unidos, Dan Driscoll, firme defensor de la ayuda a Ucrania, también se cita como prueba circunstancial que sugiere un cambio en la postura de Estados Unidos sobre el apoyo a Ucrania[18].
Otros aliados asiáticos, incluido Taiwántambién están expuestos a una estructura de presión similar. Taiwán está experimentando retrasos en la entrega de sistemas de defensa antiaérea Patriot PAC-3 y NASAMS por valor de 14.000 millones de dólares. El subsecretario interino de la Marina de Estados Unidos citó como motivo una «suspensión temporal» para asegurar la munición necesaria para las operaciones en Irán (Epic Fury)[9]. Esto demuestra que la presión a la que se enfrenta Corea del Sur en materia de armas y municiones no es una cuestión aislada, sino un fenómeno estructural vinculado a la escasez general de las reservas de municiones de Estados Unidos[9][21].
4. Cuestiones clave
La primera cuestión es la naturaleza de la exigencia. No está claro si la presión para vender el Cheongung-II es simplemente una recomendación para exportar armas o una carta de negociación vinculada a un acuerdo global que incluye el despliegue en Ormuz y el reparto de los costes de defensa. Un análisis del EAI presenta como escenario más probable aquel en el que se aplica presión simultáneamente tanto en la vía arancelaria como en la de seguridad[5].
La segunda cuestión son las relaciones con Rusia. Si Corea del Sur vende directamente armas letales a Ucrania, queda la cuestión de cómo gestionará el Gobierno las repercusiones para sus relaciones diplomáticas con Rusia y el marco de cooperación militar entre Corea del Norte y Rusia.
La tercera cuestión es el sistema de respuesta del Gobierno. El EAI ya ha señalado la necesidad de una torre de control unificada, observando que «si las respuestas del Ministerio de Comercio, Industria y Energía, el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Ministerio de Defensa Nacional están fragmentadas, existe el riesgo de que la parte estadounidense explote las diferencias en sus posturas para maximizar las concesiones»[5]. Este punto es especialmente relevante en la situación actual, en la que se están planteando simultáneamente las exigencias de un despliegue de tropas y una venta de armas.
II. Análisis en profundidad
La presión impulsada por Trump para vender el Cheongung-II a Ucrania: un análisis en profundidad
1. Análisis de las causas fundamentales
La causa superficial de esta presión son las reservas de municiones del ejército estadounidense. Han surgido informes de que el consumo de municiones de Estados Unidos se ha acumulado al entrar la guerra con Irán en su séptimo mes[10]. El presidente Trump negó rotundamente estos informes. Sin embargo, al tiempo que los negaba, sugirió simultáneamente la posibilidad de una interrupción temporal de las ventas de municiones a los aliados[6][12]. La contundencia de su negación contradice la dirección de la acción que propone. Esto puede interpretarse como una prueba circunstancial de que el problema de las reservas es real.
Una causa más profunda es la limitación estructural de la base industrial de defensa de Estados Unidos. El retraso en la entrega a Taiwán de sistemas Patriot PAC-3 y NASAMS por valor de 14.500 millones de dólares es un ejemplo paradigmático. En su testimonio ante el Senado, el subsecretario interino de la Marina declaró que las ventas de armas a Taiwán se estaban «suspendiendo temporalmente» para asegurar la munición necesaria para las operaciones en Irán (Epic Fury)[9]. Algunos observadores también han señalado que los aliados asiáticos están asumiendo los costes del estancamiento con Irán[21]. En otras palabras, la capacidad de producción de Estados Unidos es incapaz de satisfacer las demandas simultáneas de tres frentes: Irán, Ucrania y el Indo-Pacífico.
En esta coyuntura, la razón por la que se ha puesto el foco en Corea del Sur es clara. Corea del Sur tiene el precedente de haber apoyado indirectamente a Ucrania vendiendo 100.000 proyectiles de artillería de 155 mm a Estados Unidos[2]. Esto significa que ya cuenta con una ruta de suministro indirecto probada. Al mismo tiempo, es uno de los pocos países que posee su propio sistema de defensa antiaérea, el Cheongung-II, con capacidades similares al sistema Patriot. Desde la perspectiva estadounidense, esto significa que es una alternativa que puede satisfacer las necesidades de defensa antiaérea de Ucrania sin pasar por las líneas de producción de Estados Unidos. El acto del presidente Trump de compartir personalmente una columna de opinión que abogaba por la venta a Ucrania[1][4] no debe verse como un tuit impulsivo, sino como una señal que designa a Corea del Sur como candidata para cubrir este vacío estructural.
2. Contexto estructural
Estructura de seguridad: la llegada simultánea de múltiples facturas
La factura presentada a Corea del Sur no es única. Primero vino la insatisfacción por su negativa a cooperar en la desnuclearización de Irán[17], lo que llevó a una revisión del despliegue de tropas en el estrecho de Ormuz[8][16]. El mismo día, un alto funcionario de la Administración estadounidense presionó para el despliegue de recursos, afirmando que «Corea del Sur es uno de los mayores clientes de petróleo crudo de Oriente Medio», mientras que el presidente Trump compartía la columna sobre la venta del Cheongung-II[4]. La superposición de la exigencia de despliegue y la de venta de armas en el mismo momento no debe verse como una coincidencia, sino como una estrategia de presión diversificada. Es un método para abrir otra vía si no se obtienen concesiones en una.
Esta estructura también está conectada con la presión para el reparto de los costes de defensa, el aumento del gasto en defensa y la adquisición de armas de fabricación estadounidense. Existe el precedente de la primera Administración Trump exigiendo a Alemania que gastara el 2 % de su PIB en defensa y jugando la carta de la retirada de las fuerzas estadounidenses de Alemania[3]. En su segunda Administración, los miembros de la OTAN han acordado aumentar el gasto en defensa al 5 % del PIB para 2035[3]. La misma lógica se está aplicando a Corea del Sur y Japón[3]. La lógica de «acabar con el parasitismo» presentada por Steve Myron, presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, es el fundamento teórico de toda esta presión[5][7]. Significa que Estados Unidos ya no asumirá en solitario el coste de proporcionar los bienes públicos de la seguridad y la economía[7].
Estructura política: una visión transaccional de las alianzas y la imprevisibilidad
La política de alianzas de la Administración Trump se redefine no como una relación recíproca, sino como una transacción bilateral[3]. Esta transacción se basa en la premisa de que los intereses de Estados Unidos son lo primero[3]. En Corea del Sur, esta imprevisibilidad ya se está sintiendo. La reducción significativa de los ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur por orden del presidente Trump es un ejemplo paradigmático[13][17]. El ejercicio Ulchi Freedom Shield se llevó a cabo según lo previsto, pero fue acortado por orden del presidente Trump[13].
Curiosamente, se ha observado que esta imprevisibilidad se está convirtiendo paradójicamente en un incentivo para la cooperación entre los aliados asiáticos[13]. Esto significa que la motivación para reducir la dependencia de la única variable que es Estados Unidos está operando simultáneamente en países como Corea del Sur y Japón.
Estructura económica: el paquete de vinculación aranceles-seguridad
Esta presión en torno al Cheongung-II no se limita a una cuestión de seguridad. Los aranceles selectivos a los semiconductores, la designación como país de riesgo de transbordo y las exigencias de reparto de los costes de defensa se están planteando como un paquete de negociación interconectado[5]. Si las respuestas del Ministerio de Comercio, Industria y Energía, el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Ministerio de Defensa Nacional están fragmentadas, existe el riesgo de que la parte estadounidense explote las diferencias en sus posturas para maximizar las concesiones[5]. No se puede descartar la posibilidad de que la cuestión del Cheongung-II también se trate como parte de este paquete.
3. Comparación con precedentes históricos y casos similares
El caso de Taiwán: la política del retraso
En el proceso de adquisición de sistemas Patriot PAC-3 y NASAMS por valor de 14.500 millones de dólares, Taiwán recibió al menos cuatro explicaciones diferentes para los retrasos[9]. El subsecretario interino de la Marina citó explícitamente como motivo la necesidad de asegurar munición para las operaciones en Irán[9]. Esto sienta un precedente para que Estados Unidos ajuste arbitrariamente sus prioridades de suministro de armas a sus aliados en función de sus propias necesidades en otros frentes. La presión sobre Corea del Sur para que venda el Cheongung-II se basa en la misma estructura lógica. Sin embargo, la dirección es opuesta. En el caso de Taiwán, Estados Unidos está retrasando las ventas a un aliado; en el caso de Corea del Sur, está presionando a un aliado para que venda su propio sistema de armas a un tercer país. El hilo conductor es que el déficit de la capacidad de producción estadounidense se transfiere de forma que coarta la autonomía de sus aliados.
El caso de Europa: exigencias de reembolso y confusión sobre suspensiones y reanudaciones de ventas
La presión sobre Europa precedió a la ejercida sobre Corea del Sur y fue más abierta. El presidente Trump anunció que exigiría el reembolso de las decenas de miles de millones de dólares en ayuda proporcionada gratuitamente a Ucrania y a la OTAN durante la Administración Biden[10][14]. Simultáneamente, sugirió una interrupción de las ventas de armas a los aliados[6][12], para luego retractarse el mismo día diciendo que se reanudarían pronto[11]. Esta incoherencia en el mensaje revela una estructura de toma de decisiones en la que la política se expresa de forma impulsiva a través de las redes sociales personales del presidente, sin una revisión sistemática. Dado que la exigencia del Cheongung-II a Corea del Sur se hizo a través del mismo canal y de la misma manera, debe considerarse más como una señal de presión que como una política completamente formada.
También está el caso de Ucrania, que solicitó la compra de sistemas Patriot PAC-3 utilizando un préstamo de 90.000 millones de euros de la UE para cubrir el vacío dejado por Estados Unidos[19]. La presidenta de la Comisión Europea, von der Leyen, lo confirmó[19]. Para Ucrania, se trata de un intento de reducir su dependencia de Estados Unidos como único proveedor, y el Cheongung-II también debe considerarse en el contexto de esta demanda de diversificación.
El caso de las Malvinas: el apalancamiento de los activos de seguridad
Con respecto al Reino Unido, el presidente Trump, al tiempo que presionaba para que aumentara el gasto en defensa, mencionó que la postura de Estados Unidos sobre las Islas Malvinas era «una de las varias cosas que se están revisando»[15]. Esta es una señal de que incluso las cuestiones de soberanía pueden ponerse sobre la mesa para inducir a los miembros de la OTAN a cumplir sus compromisos de gasto en defensa[15]. Esto demuestra un patrón de la Administración Trump de utilizar selectivamente cuestiones sensibles para un país aliado como palanca a la hora de aplicar presión. En el caso de Corea del Sur, esa palanca fueron los ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur, un componente central de la disuasión contra Corea del Norte[13][17]. Esta vez, se está utilizando como palanca un activo de defensa de desarrollo nacional, el Cheongung-II.
4. Variables clave que configuran la evolución futura
En primer lugar, el estado real de las reservas de municiones de Estados Unidos es un factor clave. Mientras continúen los informes sobre el agotamiento de las reservas a pesar de las negaciones del presidente Trump[6][10], es probable que se repitan las demandas de suministros alternativos por parte de los aliados. La forma en que el Departamento de Defensa de Estados Unidos gestione oficialmente este asunto determinará la intensidad de la siguiente ronda de presión.
En segundo lugar, si se materializa el canal de adquisición independiente de Ucrania con la UE. Si la UE aprueba la solicitud de compra de sistemas Patriot utilizando el préstamo de 90.000 millones de euros[19], la dependencia de Ucrania de Estados Unidos y Corea del Sur se reducirá relativamente. Por el contrario, si este canal se retrasa, la demanda del Cheongung-II podría volverse más específica.
En tercer lugar, la dirección que se tome en la cuestión del despliegue en Ormuz. Como las exigencias del despliegue y de la venta del Cheongung-II se hicieron simultáneamente el mismo día[4], la elección que haga el Gobierno surcoreano sobre la cuestión del despliegue podría afectar a la intensidad de la presión para la venta de armas. Esto significa que las dos vías no son cuestiones totalmente separadas.
En cuarto lugar, el progreso de las negociaciones entre Estados Unidos y Corea del Sur sobre aranceles y semiconductores. Teniendo en cuenta la observación de que las exigencias de seguridad y económicas están vinculadas en un único paquete[5], el que haya avances en cuestiones como los aranceles selectivos a los semiconductores o la designación como país de riesgo de transbordo podría actuar como una variable que influya en el ritmo y la intensidad de la presión en torno al Cheongung-II.
En quinto lugar se encuentran las posturas de la opinión pública surcoreana y la industria de defensa. En cuanto al despliegue de tropas, prevalece claramente una visión cautelosa, que lo enmarca como una cuestión que concierne a las vidas de los ciudadanos surcoreanos.[1][17] Si bien la exportación del Cheongung-II es un asunto diferente, como una exportación directa de armas a un beligerante en la guerra de Ucrania, podría entrar en conflicto con las relaciones de Corea del Sur con Rusia y su política existente hacia Moscú. La forma en que se maneje este asunto en el discurso público nacional será una variable que limitará las opciones del gobierno.
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Inicia sesión para seguir leyendo*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.
Este informe es un análisis en profundidad planificado por un investigador de EAI, basado en una investigación rigurosa asistida por IA y redactado en su versión final por el investigador de EAI.