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Tensiones sostenidas en los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb: un análisis de los riesgos para la seguridad energética y marítima de Corea del Sur

Categoría
Observación Actual
Publicado
26 de agosto de 2026
Ilustración

Resumen ejecutivo

El estrecho de Ormuz, bloqueado de facto desde el estallido de la guerra en febrero de 2026, ha entrado en una nueva fase tras la expiración del Memorando de Islamabad el 17 de agosto. El sistema de tránsito unilateral de Irán se está consolidando como la ruta estándar de facto, a pesar de carecer de base jurídica. La inclusión en la lista negra de 45 buques, entre ellos un petrolero propiedad de Sinokor Merchant Marine, por parte de la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico de Irán es la primera demostración de que este sistema tiene un poder de aplicación real. Estados Unidos ha sancionado a más de 60 entidades en el marco de la «Operación Paria Económico», pero ha optado por una aplicación selectiva al excluir a los principales bancos chinos. Se espera que Corea del Sur se enfrente a un paquete de exigencias similar, que reclama tanto la participación en las sanciones como una contribución militar. Durante los próximos seis meses, el escenario más probable (50 % de probabilidad) implica períodos alternos de negociación y tensión, y se espera que el crudo Brent fluctúe en un rango de 88 a 95 dólares por barril. El Gobierno y las empresas surcoreanas deben adoptar un enfoque de doble vía: disociar su respuesta a las exigencias estadounidenses de participación en las sanciones de las negociaciones con Irán para retirar los buques de la lista negra. Esto debe complementarse con la diversificación de las fuentes de suministro y el mantenimiento de un sistema de alerta temprana mediante la supervisión del canal de mediación omaní.

Diagrama

I. Análisis de la situación

Análisis de la situación: tensiones en los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb y la seguridad energética de Asia

1. Antecedentes y evolución

La crisis actual comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán desencadenaron una guerra a gran escala en Oriente Medio [8][12]. Desde el estallido de la guerra, el estrecho de Ormuz ha estado bajo un bloqueo de facto [8][12]. Antes del conflicto, el estrecho era una ruta crítica para aproximadamente una quinta parte de los suministros mundiales de petróleo crudo y GNL [8][12][15].

El 17 de junio, el presidente Trump y el Gobierno de Teherán firmaron un memorando de entendimiento conocido como el «Memorando de Islamabad» [6][12]. En él se pedía el cese inmediato y permanente de las acciones militares en todos los frentes [6][10]. Inmediatamente después de la firma, el presidente Trump declaró la reanudación de la navegación normal, afirmando: «Barcos del mundo, enciendan sus motores» [12]. Sin embargo, el memorando expiró el 17 de agosto [10][12].

Tras la expiración del memorando, Irán pasó de una postura defensiva a una ofensiva [10]. El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní condenó el anuncio de nuevas sanciones estadounidenses como un «ejercicio extraterritorial de soberanía sobre todos los Estados miembros de la ONU» [11]. El hecho de que los 11 buques que transitaron por el estrecho de Ormuz el 11 de agosto utilizaran el sistema de tránsito unilateral de Irán demuestra que este sistema se ha convertido en la ruta estándar de facto, a pesar de carecer de base jurídica [12].

2. Situación actual

La situación entró en una nueva fase en torno al 23 y 24 de agosto. El 24 de agosto, Estados Unidos anunció nuevas sanciones contra Irán, denominadas «Operación Paria Económico», lo que desató la especulación de que China, el mayor socio comercial de Irán, también podría verse afectada [7][11][14]. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán volvió a denunciar la medida como una violación de la soberanía y señaló una respuesta firme [11][13]. Informes procedentes de El Cairo y Washington indican que ambas partes llevan seis meses en un punto muerto, «sin intercambiar disparos, pero sin entablar conversaciones de paz» [7][11][13][14].

En medio de esta situación, el 23 de agosto, la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico de Irán anunció que había incluido en su lista negra a 45 buques por violar las normas de tránsito, entre ellos un petrolero propiedad de la surcoreana Sinokor Merchant Marine [1]. La autoridad declaró que los buques incluidos en la lista negra podrían enfrentarse a multas, detención e incautación de la carga [1]. Este caso demuestra que Irán está utilizando su autodeclarado sistema de tránsito unilateral como una verdadera herramienta de aplicación.

El tráfico a través del estrecho de Ormuz ha mostrado un marcado descenso en los últimos días. Según datos de la empresa de seguimiento marítimo Kpler, el número de buques en tránsito no ha logrado repuntar desde el 20 de agosto [16]. El periódico emiratí *The National* informó de que las importaciones chinas de crudo iraní han caído un 48 % desde el inicio de la guerra, y que navieras estatales chinas como COSCO Shipping y China Merchants Energy Shipping han suspendido voluntariamente las rutas a través tanto del estrecho de Ormuz como del de Bab el-Mandeb desde julio [17]. El periódico también informó de que, si bien el Departamento del Tesoro de EE. UU. designó a más de 60 entidades para ser sancionadas, se ha abstenido de sancionar directamente a los principales bancos chinos [17].

Japón está siguiendo una vía diplomática paralela. El ministro de Asuntos Exteriores, Toshimitsu Motegi, ha completado una gira por Arabia Saudí y Omán, mientras que la primera ministra, Sanae Takaichi, está realizando llamadas directas a los líderes regionales para solicitar su ayuda en la garantía de la seguridad de la navegación [4]. El periódico tailandés *The Nation* analiza que estas medidas se derivan de la vulnerabilidad estructural de Japón, ya que depende de Oriente Medio para el 90 % de sus importaciones de petróleo crudo [4]. Durante su gira de seis días por el Golfo, el ministro de Asuntos Exteriores Motegi centró sus conversaciones con sus homólogos en la seguridad de los dos estrechos [4].

3. Actores e intereses clave

Iránbusca ganar poder de negociación estableciendo y aplicando sus propias normas de tránsito a través de la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico [1][10]. Los mensajes coordinados de línea dura del Ministerio de Asuntos Exteriores, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán desde la expiración del Memorando de Islamabad sugieren que Irán, tras haber sobrevivido a los intentos de colapso del régimen, ha pasado de una postura defensiva a una ofensiva [10]. Irán mantiene su posición de que utilizará la fuerza para bloquear el paso de petroleros no autorizados [7][13].

Estados Unidosbusca una salida a través de la guerra económica tras no haber logrado sus objetivos iniciales de cambio de régimen y desmantelamiento de las instalaciones nucleares [8][10]. Como ha indicado el vicepresidente Vance, la prioridad de Washington ha pasado a ser la estabilización de los precios del petróleo para el consumidor nacional, lo que significa un abandono de su práctica anterior de proporcionar gratuitamente el bien público de proteger las rutas marítimas del Golfo [8]. Las nuevas sanciones se dirigen a China, el mayor socio comercial de Irán, pero EE. UU. ha optado por una aplicación selectiva al excluir de las designaciones a los principales bancos chinos [7][11][17].

Chinatiene pocos incentivos para sumarse a las sanciones, ya que importa más del 80 % del petróleo crudo de Irán [2]. No obstante, sus importaciones han caído un 48 % desde el inicio de la guerra, y sus navieras estatales están mostrando una actitud dualista al evitar voluntariamente las rutas de alto riesgo [17]. Esto puede interpretarse como un enfoque característicamente chino de separar el apoyo político de la gestión práctica del riesgo.

Japónestá aprovechando su posición como parte no beligerante en el conflicto para centrarse en la mediación diplomática y el establecimiento de canales para garantizar la seguridad [4]. La gira diplomática del ministro de Asuntos Exteriores Motegi y las llamadas directas de la primera ministra Takaichi son respuestas preventivas a la vulnerabilidad estructural del país, que obtiene el 90 % de su petróleo crudo de Oriente Medio. Cabe destacar que Japón ha optado por diversificar sus canales diplomáticos en lugar de recurrir a la intervención militar [4].

Corea del Surse ha visto arrastrada al conflicto como parte directa después de que un petrolero propiedad de Sinokor Merchant Marine fuera incluido en la lista negra de Irán [1]. Este incidente demuestra que Corea del Sur no es un mero espectador en el conflicto entre EE. UU. e Irán, sino que está directamente expuesta a sus riesgos.

Organización Marítima Internacional (OMI)ha declarado que está supervisando la seguridad de más de 20 000 marinos en la región, incluidos los de los buques varados en el estrecho de Ormuz [3]. Esto indica que los riesgos en el estrecho se están expandiendo desde las operaciones de transporte marítimo comercial a cuestiones de seguridad humana.

4. Cuestiones clave

La primera cuestión es el estatus jurídico del sistema de tránsito unilateral de Irán. Si bien este sistema se ha convertido en la ruta estándar de facto, su base en el derecho internacional no está clara [2][12]. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) señala que la redacción del Memorando de Islamabad implica que EE. UU. podría aceptar las restricciones de Irán a la navegación como parte de un acuerdo de paz final. El SIPRI advierte de que tal acontecimiento podría tener repercusiones para el principio de libertad de navegación en todo el mundo, extendiéndose más allá de la región del Golfo [6].

La segunda cuestión es la posibilidad de que EE. UU. vincule las exigencias de participación en las sanciones con las peticiones de contribuciones a la seguridad. Se especula que Estados Unidos podría presentar a sus aliados un paquete único que exija tanto la participación en las sanciones contra Irán como contribuciones militares en el estrecho de Ormuz [10]. Las naciones comerciales asiáticas, incluida Corea del Sur, se enfrentan al reto de tener que responder a estas dos exigencias por separado [8][10].

La tercera cuestión es la viabilidad del canal de mediación omaní. Las amenazantes declaraciones del presidente Trump sobre Omán están desestabilizando el que ha sido prácticamente el único canal de mediación operativo en la región del Golfo. Esto se considera una variable que podría desmantelar la dinámica existente de alternancia entre negociación y tensión [12].

La cuarta cuestión es la duración de la presión de los altos precios del petróleo y los costes logísticos. El crudo Brent fluctúa en un rango de 88 a 95 dólares por barril [5][8]. El hecho de que la recuperación del rendimiento de las aerolíneas de bajo coste del Sudeste Asiático se esté retrasando por el impacto del aumento de los precios del petróleo demuestra que esta presión se está extendiendo por los sectores de la aviación y el transporte marítimo de los países importadores de energía.

II. Análisis en profundidad

Análisis en profundidad: las raíces estructurales y las variables clave del bloqueo de Ormuz y Bab el-Mandeb

1. Causa fundamental: defectos de diseño en el marco del Memorando

El Memorando de Islamabad fue un compromiso entre el revés militar de un intento fallido de cambio de régimen y el objetivo económico de mantener los precios del petróleo bajos [8][12]. La administración Trump intentó durante seis meses colapsar el régimen iraní, pero no logró su objetivo [10]. A pesar de que el líder supremo Jamenei murió en un ataque aéreo israelí, el propio régimen iraní sobrevivió [10]. Este fracaso fue el factor decisivo que cambió las prioridades de la política estadounidense.

El cambio en las prioridades políticas, tal como lo articuló el vicepresidente Vance, refleja directamente esta estructura. El objetivo de la política estadounidense hacia Irán pasó de «cambio de régimen y desmantelamiento de las instalaciones nucleares a la estabilización de los precios del petróleo para el consumidor» [8]. Incapaz de derrocar al régimen, la siguiente mejor opción de Washington fue gestionar los precios del petróleo, y el Memorando de Islamabad fue el producto de esa estrategia alternativa. El problema fue que el memorando solo declaraba el fin de la guerra; no incluía explícitamente un acuerdo sobre el método de tránsito a través del estrecho de Ormuz. El SIPRI señala que la redacción de las disposiciones clave del memorando deja abierta la «posibilidad de que Estados Unidos permita permanentemente las restricciones de Irán a la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz como parte de un acuerdo de paz final» [6]. La guerra terminó, pero el estatus jurídico de la libertad de navegación quedó sin resolver a medida que se acercaba la fecha de expiración del 17 de agosto.

Subyacente a este defecto de diseño se encuentra un cambio en los intereses estructurales de Estados Unidos. Gracias a la revolución del esquisto, Estados Unidos ha más que cuadruplicado su producción de petróleo desde 2008, transformándose de importador neto a exportador neto [8]. La protección de las rutas marítimas del Golfo fue en su día un bien público que EE. UU. proporcionaba gratuitamente a sus aliados. Sin embargo, como el país ya no depende de estas rutas, el incentivo político para proporcionar este bien público ha disminuido [8]. Este cambio no se debe al estilo de negociación personal del presidente Trump, sino a la transformación estructural de la industria energética estadounidense, lo que lo convierte en una tendencia difícil de revertir incluso con un cambio de administración [8].

2. Contexto estructural: una lucha de poder a tres niveles

A nivel político, los centros de poder internos de Irán emiten simultáneamente mensajes de línea dura. El Ministerio de Asuntos Exteriores, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria están enviando señales ofensivas a través de sus respectivos canales [10]. Esta evidencia circunstancial respalda la evaluación de que Irán ha pasado de una postura defensiva a una ofensiva desde la expiración del memorando [10]. La inclusión en la lista negra de 45 buques, incluido un barco surcoreano, por parte de la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico representa la fase de implementación de este giro ofensivo [1].

A nivel económico, el papel de China es decisivo. China es el mayor cliente del crudo iraní, representando más del 80 % de sus importaciones [2]. Las nuevas sanciones estadounidenses anunciadas el 24 de agosto se dirigieron a más de 60 entidades, pero excluyeron a los principales bancos chinos de la designación directa [17]. Esto demuestra que Washington está aplicando una estrategia de aplicación selectiva, enviando una señal de presión a Irán al tiempo que evita una confrontación total con China. No obstante, las importaciones chinas de crudo iraní ya han caído un 48 % desde el inicio de la guerra, y navieras estatales como COSCO Shipping y China Merchants Energy Shipping han suspendido voluntariamente sus operaciones en las rutas de Ormuz y Bab el-Mandeb desde julio [17]. En efecto, los participantes del mercado ya están adoptando un comportamiento de evitación autocensurado incluso antes de la aplicación explícita de las sanciones.

A nivel de seguridad, el estatus de Omán como mediador sirve de único amortiguador que sostiene toda esta estructura [10][12]. Las declaraciones del presidente Trump que sugieren la posibilidad de bombardear Omán se consideran una variable que podría desestabilizar este propio amortiguador [12]. Si el canal de Omán se colapsa, la actual estructura cíclica de alternancia entre negociación y tensión dejará de existir.

3. Precedente histórico: comparación con la Guerra de los Petroleros y diferencias clave

La «Guerra de los Petroleros» durante la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980 se cita a menudo como el arquetipo de las amenazas al tránsito en el estrecho de Ormuz. En aquel momento, Irán también amenazó a los buques en el Golfo, y Estados Unidos respondió enviando su flota para escoltar a los barcos mercantes. La diferencia fundamental con la situación actual radica en la voluntad de intervención de EE. UU. En la década de 1980, EE. UU., como importador neto de petróleo, tenía un interés directo en mantener la libertad de navegación en el Golfo. Hoy, al haberse convertido en un exportador neto, la urgencia de ese interés ha disminuido [8]. Este contexto explica por qué la actual administración estadounidense recurre al medio indirecto de las sanciones económicas en lugar de a las escoltas militares.

La crisis de Ormuz de 2019 también sirve como punto de referencia. Aunque entonces se repitieron las amenazas de apresamiento y detención de petroleros, la situación se desescaló en pocos meses y el principio de libertad de navegación no se alteró fundamentalmente. La situación actual es estructuralmente más grave porque el sistema de tránsito unilateral diseñado por Irán se ha convertido de hecho en «la ruta estándar» [2][12]. El hecho de que los 11 buques que transitaron el 11 de agosto utilizaran este sistema significa que un régimen de gestión sin base en el derecho internacional se ha consolidado como el estándar de facto para la ruta [12]. Mientras que la crisis de 2019 fue una fricción temporal, la situación actual es una fase cualitativamente diferente, ya que está en marcha una reorganización del propio orden de navegación.

4. Variables clave: el canal de Omán y el alcance de la aplicación de las sanciones

La primera variable que determinará la evolución futura es la supervivencia del canal de mediación omaní. El EAI considera que esto debe ser monitoreado como un «indicador de alerta temprana independiente» [10][12]. Mientras este canal permanezca abierto, es probable que continúe el patrón de alternancia entre negociación y tensión dentro de un rango contenido. Sin embargo, su colapso podría desencadenar un rápido cambio hacia una trayectoria más pesimista.

La segunda variable es el alcance de la aplicación de las sanciones estadounidenses. La medida del 24 de agosto, que excluyó de las sanciones a los principales bancos chinos, sugiere que Washington está optando por un enfoque de aplicación selectivo y por fases [17]. Sin embargo, no está claro cuánto durará esta selectividad. Si las sanciones se extienden a las redes de pago de China, el bloqueo actual podría conducir a un reajuste logístico mucho más drástico.

La tercera variable es si EE. UU. presenta sus demandas de contribuciones a la seguridad y de participación en las sanciones como un paquete único [8][10]. Si se combinan ambas demandas, los países asiáticos, incluida Corea del Sur, se verán presionados a tomar una decisión integral en lugar de responder a cada cuestión por separado. El EAI ha señalado repetidamente que la disociación de estas dos cuestiones debe ser el pilar central de cualquier estrategia de respuesta [8][10].

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*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.

Este informe es un análisis en profundidad planificado por un investigador de EAI, basado en una investigación rigurosa asistida por IA y redactado en su versión final por el investigador de EAI.

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