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El anuncio de operaciones terrestres de EE.UU. contra los cárteles de América Latina y las fisuras regionales: contexto, repercusiones y medidas de respuesta

Categoría
Observación Actual
Publicado
15 de agosto de 2026
Ilustración

Resumen general

El secretario de Defensa de EE.UU., Hegseth, anunció en el foro A3C de Panamá que ampliará los ataques a embarcaciones narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico oriental hacia operaciones terrestres. Esto constituye una tercera fase, tras los ataques marítimos de septiembre de 2025 y la operación de captura de Maduro en enero de 2026, y representa la fase de ejecución de la orientación estratégica establecida en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS), consistente en "despejar el patio trasero del hemisferio occidental para asegurar recursos destinados a la contención de China en el Indo-Pacífico". Colombia autorizó operaciones conjuntas y Panamá, República Dominicana y Trinidad y Tobago ya se han incorporado al sistema de cooperación, mientras que Costa Rica y Ecuador no han precisado su nivel de participación y México adopta un marco propio, lo que evidencia una respuesta regional heterogénea. Esta configuración asimétrica puede abrir un espacio, centrado en los países que se abstienen de participar, para que las propuestas de cooperación económica de China ganen atractivo relativo. El gobierno y las empresas surcoreanas deben responder diferenciando entre países ya incorporados a la cooperación y países en reserva, y, teniendo en cuenta el precedente de omisión de procedimientos evidenciado en la operación de captura de Maduro, deben priorizar la gestión de la exposición de sus instalaciones y la verificación de información por etapas.

Diagrama

I. Análisis de la situación

El anuncio de operaciones terrestres de EE.UU. contra los cárteles de América Latina: contexto y repercusiones regionales

1. Antecedentes y desarrollo

El escenario directo de este episodio fue el foro "Alianza de las Américas contra los Cárteles (A3C)", celebrado en la Ciudad de Panamá. El secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, anunció en dicho foro que ampliaría hacia el terreno los ataques contra embarcaciones de narcotráfico que se venían realizando en el Caribe y el Pacífico oriental[1][4]. Antes de asistir al foro, el secretario Hegseth mantuvo una reunión bilateral por separado con el presidente panameño José Raúl Mulino[13]. En el lugar del encuentro, el hotel Hilton, ambos acordaron medidas para reforzar la cooperación frente a los cárteles en la región[12].

Este anuncio no constituye una medida aislada. Desde septiembre de 2025, la administración Trump ha mantenido ataques aéreos contra embarcaciones sospechosas de contrabando de drogas en el Caribe y el Pacífico oriental[1][7]. Estas operaciones marítimas han provocado, hasta el momento de este anuncio, al menos 215 muertes[4][9]. La política de operaciones terrestres se sitúa como una extensión de estas operaciones marítimas.

Esta tendencia ya había sido anticipada en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de EE.UU. publicada en noviembre de 2025. Según un análisis de EAI, Estados Unidos basa su intervención en esta región en el cálculo estratégico de "despejar el patio trasero del hemisferio occidental para reunir la capacidad de concentrar recursos en la contención de China en el Indo-Pacífico"[2]. En el mismo sentido, en enero de 2026 las fuerzas armadas estadounidenses llevaron a cabo una operación para capturar directamente al presidente venezolano Maduro[2][10]. El tiempo transcurrido desde la irrupción en la casa de seguridad en Caracas hasta la detención del sospechoso fue de apenas dos horas y media[10]. No hubo un procedimiento previo de consentimiento del gobierno venezolano ni de aprobación de organismos internacionales[2]. El anuncio de esta operación terrestre se produce sobre la base de esta serie de intervenciones cada vez más intensas en el hemisferio occidental.

2. Situación actual

El gobierno colombiano autorizó operaciones conjuntas con Estados Unidos. El diario uruguayo El País informó que esta autorización se produjo dentro del marco de una coalición de 19 países liderada por el presidente Trump[1]. El diario mexicano El Economista denominó a esta coalición "Coalición Anticárteles" y trató el plan de operaciones terrestres en un reportaje propio[7]. El diario dominicano Diario Libre destacó que República Dominicana misma forma parte de esta coalición de 19 países[11].

El diario costarricense La Nación transmitió las declaraciones del secretario Hegseth directamente desde Panamá, prestando atención a la posición de su propio país en esta discusión[9]. El diario ecuatoriano El Universo también difundió rápidamente la noticia procedente de Panamá[4]. Ambos medios centraron lo esencial de las declaraciones de Hegseth en la frase de que las operaciones terrestres se llevarían a cabo "junto con los socios regionales"[4][9]. Esto muestra que Estados Unidos está enmarcando esta medida no como una intervención unilateral, sino como una operación de coalición basada en la participación de los países de la región.

En el lado del Caribe, Trinidad y Tobago ya opera con un grupo de tareas conjunto independiente. El Trinidad Express informó que, desde la creación de este grupo de tareas conjunto, Estados Unidos ha elogiado públicamente el papel de Trinidad y Tobago en la lucha contra el crimen transnacional[14]. Esto sugiere que también los pequeños países del Caribe se están incorporando individualmente a esta configuración de coalición.

El secretario Hegseth no limitó el alcance de esta operación a un país específico. El diario uruguayo El País citó textualmente su declaración de que el objetivo de las operaciones podría extenderse "a cualquier lugar donde operen organizaciones de cárteles"[1][4]. Esta declaración desató en la región la preocupación de que, además de Colombia, países como Costa Rica, Ecuador y México podrían ser mencionados en el futuro como posibles territorios objetivo de las operaciones.

3. Principales actores e intereses en juego

El Departamento de Defensa de EE.UU. es el actor principal en este episodio. El secretario Hegseth, en su visita a Panamá, hizo pública la política de operaciones terrestres al mismo tiempo que gestionó por separado la cooperación bilateral con el presidente Mulino[12][13]. Esta decisión de ampliar el alcance de las operaciones, de ataques marítimos a operaciones terrestres, no es un juicio unilateral del Departamento de Defensa. Debe entenderse como la fase de ejecución de la estrategia de priorización del hemisferio occidental establecida en la NSS[2].

El gobierno colombiano ha emergido como el país cooperante más activo en esta coyuntura. La autorización de operaciones conjuntas constituye una medida que amplía sustancialmente el alcance de las actividades operativas de las fuerzas estadounidenses en territorio colombiano. Sin embargo, la cobertura de los medios locales aún no ha abordado de manera concreta cómo esta autorización podría chocar con el sentimiento antiestadounidense del gobierno de izquierda en el ámbito interno colombiano.

Panamá, como punto geográfico estratégico, desempeñó simultáneamente el papel de país anfitrión de este foro y de contraparte en la reunión bilateral. El hecho de que el presidente Mulino mantuviera una reunión separada con el secretario Hegseth[13] evidencia el peso que tiene, dentro de la estrategia regional de Estados Unidos, la posición geopolítica de Panamá vinculada al Canal.

Costa Rica y Ecuador aún no han llegado a la etapa de autorización concreta de operaciones, pero sus medios de comunicación han transmitido rápidamente en su propio idioma el anuncio procedente de Panamá, manteniendo la vigilancia propia de un potencial país objetivo[4][9]. México, por su parte, ha informado detalladamente sobre esta configuración a través de sus propios medios, llegando incluso a asignarle el nombre de "Coalición Anticárteles"[7], pero en la documentación disponible no se confirma ninguna referencia a la participación o autorización del propio gobierno mexicano. Esto sugiere la posibilidad de que México esté adoptando una postura relativamente cautelosa respecto a la cooperación militar con Estados Unidos, debido a la sensibilidad del problema de los cárteles en su territorio.

Trinidad y Tobago constituye, entre los pequeños países del Caribe, un caso en el que la cooperación en seguridad con Estados Unidos ya se ha institucionalizado mediante un grupo de tareas conjunto[14]. República Dominicana se confirma como miembro explícito de la coalición de 19 países[11].

4. Puntos clave en disputa

El primer punto en disputa es la ausencia de límites en el alcance de las operaciones. La declaración del secretario Hegseth de "cualquier lugar"[1][4] deja abierta la posibilidad de que las operaciones se extiendan por toda la región, más allá de países que han dado su autorización explícita como Colombia. Esto conduce a preocupaciones sobre la posibilidad de una intervención sin el consentimiento previo de cada Estado soberano de manera individual.

El segundo punto en disputa es la transición cualitativa de los ataques marítimos a las operaciones terrestres. A diferencia de los ataques a distancia contra embarcaciones no tripuladas, las operaciones terrestres implican el despliegue de tropas terrestres en territorio de países socios o el apoyo de proximidad. La autorización de operaciones conjuntas por parte de Colombia constituye el primer caso oficial de esta transición cualitativa[1].

El tercer punto en disputa es la continuidad entre esta medida y la operación de captura del presidente venezolano Maduro. El análisis de EAI evalúa la operación contra Maduro como un caso excepcional en el que se "neutralizó directamente el máximo poder de un Estado soberano sin plantear explícitamente un objetivo de cambio de régimen"[10]. Un aspecto que la región deberá observar con atención es si el anuncio de operaciones terrestres puede, de manera similar, apuntar más allá de los cárteles hacia un gobierno específico en sí mismo.

El cuarto punto en disputa es la asimetría en la respuesta entre los países de la región. La autorización explícita de Colombia, la cooperación bilateral de Panamá y la operación del grupo de tareas ya existente en Trinidad y Tobago muestran distintos niveles de participación en la intervención. En cambio, Costa Rica, Ecuador y México permanecen en el nivel de la mera cobertura mediática, por lo que existe una alta probabilidad de que su participación real termine dividiéndose según la configuración política interna de cada país en el futuro.

II. Análisis en profundidad

El anuncio de operaciones terrestres de EE.UU. contra los cárteles de América Latina: análisis en profundidad

1. Análisis de las causas fundamentales

La justificación superficial de este anuncio de operaciones terrestres es el narcotráfico. Sin embargo, las declaraciones del secretario Hegseth no pueden explicarse únicamente con la lógica de la represión del narcotráfico. Él afirmó que el alcance de las operaciones podría extenderse "a cualquier lugar donde operen los cárteles"[1][4]. Esto significa que no se trata de una respuesta limitada a una organización específica o a una región fronteriza determinada. Implica que los límites del objetivo son, en la práctica, fluidos y dependen de la percepción de amenaza que defina Estados Unidos.

El origen de esta fluidez se encuentra en la NSS de noviembre de 2025. El análisis de EAI señala que Estados Unidos busca "despejar el patio trasero del hemisferio occidental para reunir la capacidad de concentrar recursos en la contención de China en el Indo-Pacífico"[2]. La lucha contra los cárteles es tanto el medio de ejecución como la justificación de esta estrategia. El problema del narcotráfico es una agenda de política real y existente, pero al mismo tiempo funciona como una herramienta para legitimar la presencia militar en el hemisferio occidental. La ampliación desde el bloqueo marítimo hacia las operaciones terrestres corresponde a la expansión física de esta presencia.

El formato de la coalición de 19 países también forma parte de las causas fundamentales[1][7]. Estados Unidos diseñó esta medida no como una invasión unilateral, sino como una operación de coalición compuesta por la participación voluntaria de los países de la región. La autorización de operaciones conjuntas por parte de Colombia es el caso de ejecución de este marco. Este marco de coalición reduce el costo político de la intervención y, al mismo tiempo, ofrece a los gobiernos participantes el incentivo de asegurar recursos externos para resolver sus problemas internos de seguridad. Esta estructura, en la que se entrelazan los intereses de ambas partes, reduce el umbral de la intervención.

2. Contexto estructural

Estructura de seguridad: El Comando Sur ya había creado la fuerza conjunta "Escudo de las Américas" con motivo de la crisis venezolana[2]. La operación de captura de Maduro concluyó en dos horas y media, sin consentimiento previo ni aprobación de organismos internacionales[2][10]. Este precedente se convirtió en un punto de referencia para medir hasta qué punto podrían omitirse en el futuro los procedimientos de soberanía de cada Estado en operaciones terrestres. Dado que la autorización de operaciones conjuntas por parte de Colombia se produjo después de este precedente, puede considerarse que los países participantes decidieron cooperar habiendo ya aprendido la velocidad y el modo de las operaciones lideradas por Estados Unidos.

Estructura política: La respuesta de los países participantes no es homogénea. Colombia autorizó explícitamente, a nivel gubernamental, las operaciones conjuntas[1]. En Panamá, el presidente Mulino mantuvo una reunión bilateral por separado con el secretario Hegseth y también asumió el papel de país anfitrión del foro[12][13]. En cambio, Costa Rica y Ecuador, aunque transmitieron con rapidez la noticia procedente de Panamá, se abstuvieron de dar detalles concretos sobre su propio nivel de participación[9][4]. México mantuvo un marco propio, presentando esta coalición bajo la denominación de "Coalición Anticárteles"[7]. Pequeños países del Caribe como República Dominicana y Trinidad y Tobago ya se encuentran en una etapa más avanzada de incorporación, mediante la operación de grupos de tareas conjuntos individuales[11][14]. Esto muestra que, aunque los países de la región enfrentan una presión idéntica, ajustan la intensidad de su participación de acuerdo con su situación política interna y la naturaleza de su relación con Estados Unidos.

Estructura económica: El Departamento del Tesoro de EE.UU. divulgó, en paralelo a este anuncio, estadísticas según las cuales el fortalecimiento de la seguridad fronteriza está debilitando las redes de contrabando[6]. Según estas cifras, los informes relacionados con trata de personas en el marco de la Ley de Secreto Bancario se redujeron en un 62% en 2025[6]. Esto se relaciona con la estrategia de comunicación de la administración, orientada a traducir los logros de las medidas de seguridad en indicadores económicos y presentarlos a la opinión pública nacional. Significa que la respuesta a los cárteles va más allá de un simple asunto de seguridad pública y se combina con la narrativa de logros de la política de fronteras e inmigración de la administración Trump.

3. Precedentes históricos y comparación con casos similares

La comparación con el proceso de consolidación de la esfera de influencia hemisférica de Estados Unidos a finales del siglo XIX ya había sido planteada en un análisis previo de EAI[2]. En aquel entonces, el Reino Unido, con motivo de la crisis venezolana, reconoció de facto el dominio de Estados Unidos sobre el hemisferio occidental, y a cambio, mediante la Alianza Anglo-Japonesa, transfirió la carga en la región asiática[2]. El anuncio actual de operaciones terrestres presenta una estructura similar. Detrás de ello subyace el cálculo de despejar el hemisferio occidental para concentrar recursos en el Indo-Pacífico[2].

Un precedente más directo es la operación de captura de Maduro[2][10]. Esta operación fue excepcional en el sentido de que tuvo como blanco a un jefe de Estado en funciones, pero la metodología misma de la intervención sin consentimiento previo se encuentra en la misma línea de continuidad que este proyecto de operaciones terrestres. Sin embargo, también hay diferencias. Mientras que la operación contra Maduro fue una operación especial única dirigida a un objetivo único, el anuncio actual de operaciones terrestres apunta a un sistema de operación de coalición permanente con múltiples países participantes, lo que representa un nivel de institucionalización distinto.

También resulta válido el contraste con las declaraciones del subsecretario de Política de Defensa, Colby, durante su gira por Asia[8]. Colby exigió a aliados del Indo-Pacífico como Filipinas ampliar su propia inversión en defensa, formalizando la premisa de que "no hay capacidad para responder simultáneamente a múltiples amenazas"[8]. A primera vista, parece contradictorio que Estados Unidos emprenda directamente operaciones terrestres en América Latina mientras exige a sus aliados en el Indo-Pacífico que amplíen su propia carga. Sin embargo, ambos casos derivan de un mismo cálculo estratégico, esto es, el reordenamiento de las prioridades en la asignación de recursos, por lo que su esencia es la misma. La configuración consiste en despejar rápidamente el hemisferio occidental mediante la intervención directa, mientras que en el Indo-Pacífico se transfiere la carga mediante el reparto entre aliados, con el fin de redistribuir recursos hacia la contención de China.

4. Variables clave en el desarrollo del asunto

La primera variable es si Colombia mantendrá su cooperación. Colombia es el mayor país productor de drogas y el único que, en esta coyuntura, ha emitido una autorización explícita a nivel gubernamental[1]. Si se manifiesta abiertamente el rechazo de las fuerzas antiestadounidenses de izquierda dentro del gobierno de Petro, la sostenibilidad política de las operaciones conjuntas podría verse afectada.

La segunda variable es si el alcance de las operaciones se ampliará realmente. El secretario Hegseth afirmó que las operaciones podrían extenderse "a cualquier lugar donde operen los cárteles"[1][4]. En el momento en que esta declaración se concrete en una operación real dentro del territorio de un país específico, es probable que se intensifique la controversia sobre violación de la soberanía de ese país. El precedente demostrado por la operación contra Maduro en Venezuela servirá de referencia para esta controversia[2][10].

También es clave la brecha en el nivel de cooperación entre los países participantes. Si la distancia entre la participación activa de Colombia y Panamá y la actitud cautelosa de Costa Rica y Ecuador se reduce, o si, por el contrario, el modelo de incorporación individual propio de los pequeños países del Caribe se extiende a todo el continente, será algo que determinará la configuración regional futura[9][4][11][14].

La tendencia creciente en el número de muertos en las operaciones marítimas es también una variable que no puede ignorarse. La cifra de al menos 215 personas ya representa una magnitud considerable[4][9]. Si, tras el inicio de las operaciones terrestres, surgen víctimas civiles o controversias por ataques erróneos, la opinión pública en los países participantes podría deteriorarse rápidamente, lo cual podría socavar la propia base de la cooperación.

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*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.

Este informe es un análisis en profundidad planificado por un investigador de EAI, basado en una investigación rigurosa asistida por IA y redactado en su versión final por el investigador de EAI.

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