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Auge de la industria de defensa europea y aceleración del rearme: un análisis de riesgos geopolíticos

Categoría
Observación Actual
Publicado
19 de agosto de 2026
Ilustración

Resumen ejecutivo

En medio de la prolongada guerra en Ucrania y la presión superpuesta de la administración Trump para un mayor reparto de la carga de defensa, las empresas de defensa europeas han experimentado un aumento simultáneo en su rendimiento y en nuevos pedidos. Los beneficios netos de grandes empresas como Indra, Thales, Leonardo y Hensoldt han aumentado un 25 %, con nuevos pedidos que superan los 83 000 millones de euros. La cooperación multilateral también está tomando forma concreta, como se observa en el proyecto de defensa antimisiles Freyja. Sin embargo, el análisis sugiere una alta probabilidad (55 %) de que persista la estructura actual, en la que la integración política a nivel de la UE y la OTAN sigue siendo en gran medida declarativa, mientras que la cooperación avanza primero a nivel de naciones y empresas individuales. Los cuellos de botella en la cadena de suministro de materias primas como el titanio y las tierras raras se identifican como una limitación estructural para ampliar la capacidad de producción, pero también como una oportunidad para que las empresas surcoreanas se propongan como proveedores alternativos. El análisis indica que el Gobierno y las empresas de Corea del Sur deberían seguir una estrategia de integración diversificada, participando simultáneamente en consorcios multilaterales, buscando la cooperación bilateral con los países que lideran la percepción de la amenaza y vinculándose con la I+D de doble uso, en lugar de centrarse en una única vía.

Diagrama

I. Análisis de la situación

Auge de la industria de defensa europea y aceleración del rearme: un análisis de la situación

1. Antecedentes y evolución

La prolongada guerra en Ucrania ha modificado fundamentalmente el cálculo de seguridad de Europa. Las negociaciones para poner fin a la guerra se han estancado y persiste la amenaza del avance de Rusia hacia el oeste[10]. El EAI ha caracterizado la situación actual de Europa como «asediada por todos los frentes»[10].

A esto se ha sumado el reajuste de la política de alianzas de la administración Trump. «América Primero 2.0» ha provocado una mayor presión para el reparto de la carga de defensa[6], y la OTAN ha entrado en un período de transición, pasando de una estructura de pilar único centrado en EE. UU. a una de doble pilar EE. UU.-Europa[6].

La guerra en Ucrania también ha impulsado la difusión de un nuevo paradigma de guerra con drones. Se ha generalizado la lección de que las fuerzas militares convencionales tienen dificultades para lograr resultados[6], y las empresas emergentes de defensa de los tres Estados bálticos han estado experimentando con modelos de innovación rápida[6].

Polonia ha tomado la delantera en el discurso del rearme. El primer ministro Tusk declaró su intención de convertir al ejército polaco en el «más grande de Europa», y la posición geopolítica del país, fronterizo con Rusia, ha agudizado su percepción de la amenaza[6].

También ha surgido una tendencia paralela de expansión de la investigación y el desarrollo de doble uso. El SIPRI ha señalado una tendencia a la integración de la I+D civil de los países europeos en el sector de la defensa[4], incorporando universidades, institutos de investigación y empresas derivadas al ecosistema de defensa[4].

2. Situación actual

El rendimiento de las principales empresas de defensa europeas se ha disparado. Los beneficios netos de empresas como Indra, Thales, Leonardo y Hensoldt han aumentado un 25 %[1], y los nuevos pedidos acumulados este año han superado los 83 000 millones de euros[1]. Rheinmetall, Airbus y BAE Systems también han ampliado sus carteras de pedidos[1].

La cooperación para garantizar la interoperabilidad de los aviones de combate también ha comenzado en serio. Indra, Thales, Leonardo y Hensoldt han iniciado esfuerzos para promover la interoperabilidad de los aviones de combate europeos[1], y el directivo de Indra, Recasens, declaró: «Mantenemos todas las puertas abiertas a asociaciones con otras empresas»[1].

También se ha puesto en marcha un proyecto paneuropeo en el sector de la defensa antimisiles. La empresa ucraniana FirePoint ha iniciado la integración de sistemas de radar y guiado para el proyecto de defensa antimisiles Freyja, en el que participan 12 empresas de defensa europeas[13]. El proyecto fue lanzado oficialmente en París por 10 gobiernos y 12 empresas de defensa[13], con participantes como Eurosam, Leonardo, Thales y SAAB[13].

Rumanía ha anunciado una ampliación de su capacidad de producción de drones. El ministro de Economía en funciones, Dăscălu, proyectó un aumento de la producción de drones a través de iniciativas privadas y públicas[9], con resultados tangibles previstos a partir de 2027, con el apoyo de la financiación de la Ley SAFE[9]. También se ha planteado la posibilidad de ampliar la producción local mediante asociaciones con empresas ucranianas[9].

Las incursiones de drones rusos en el espacio aéreo de la OTAN se han vuelto frecuentes. Un caza F-18 español en misión de vigilancia de la OTAN derribó un presunto dron ruso sobre Rumanía[12], y un caza de la OTAN ya había derribado un dron sobre Letonia[12]. Un Eurofighter italiano también participó en el derribo de un dron que violó el espacio aéreo letón[15].

Grecia también ha pasado a la fase de implementación de su programa de modernización de la defensa. El Ministerio de Defensa y la cúpula militar comenzaron a impulsar seriamente los programas de adquisición y modernización después de la temporada de vacaciones de verano[14], y las solicitudes de ingreso en las academias militares se han disparado, cubriendo todas las plazas disponibles[14].

Las vulnerabilidades en la cadena de suministro de materias primas han surgido como un cuello de botella. Roland Berger evaluó que la concentración de las cadenas de suministro de materiales como el titanio y las tierras raras es una vulnerabilidad estratégica[3], que actúa como un factor de riesgo para el aumento de la producción en los sectores aeroespacial y de defensa[3].

3. Actores clave y posturas

Las principales corporaciones de defensa europeas (Indra, Thales, Leonardo, Hensoldt) han buscado ampliar sus mercados asegurando la interoperabilidad de los aviones de combate[1]. Indra ha expresado una postura abierta a las asociaciones con otras empresas, incluidas las emergentes[1], y ha impulsado la mejora del rendimiento a través de un aumento en los nuevos pedidos[1].

El Gobierno polaco se ha posicionado como líder en el discurso del rearme[6]. Ha buscado cambiar su posición dentro de la OTAN basándose en su condición de país fronterizo con Rusia[6].

Las empresas de defensa ucranianas (como FirePoint) han buscado asegurar capacidades de defensa antimisiles mediante la integración tecnológica con empresas europeas[13]. Han mostrado una necesidad desesperada de desarrollar sistemas de armas capaces de interceptar misiles balísticos rusos[13].

El Gobierno rumano ha anunciado oficialmente la ampliación de su capacidad de producción de drones utilizando fondos de la Ley SAFE[9]. Ha buscado fortalecer su base de producción local a través de asociaciones con empresas ucranianas[9].

Las fuerzas aéreas de los Estados miembros de la OTAN (como España e Italia) han realizado con frecuencia respuestas con fuego real a las incursiones de drones rusos en su espacio aéreo[12][15]. La tensión ha aumentado a medida que han llevado a cabo operaciones de derribo durante misiones de vigilancia[12].

Instituciones de investigación como el SIPRI y Roland Berger han advertido de los riesgos de control de las exportaciones asociados a la expansión de la investigación de doble uso[4] y han identificado las vulnerabilidades de la cadena de suministro de materias primas como una limitación estructural[3].

4. Resumen de cuestiones clave

Existe un desfase temporal entre el auge del rendimiento y la expansión de la capacidad de producción. Se necesita tiempo para que el aumento de los pedidos se traduzca en entregas reales y en un incremento de la producción, y los cuellos de botella en la cadena de suministro de materias primas actúan como una limitación para el aumento de la producción[3].

La eficacia de la cooperación en materia de interoperabilidad de los aviones de combate es también una cuestión clave. En comparación con las declaraciones de participación de numerosas empresas, el calendario concreto para la estandarización sigue sin estar claro[1], y es necesaria la coordinación con los intereses de cada país en la protección de su industria nacional.

También se han planteado los riesgos de control de las exportaciones derivados de la proliferación de tecnologías de doble uso. La creciente aplicación militar de la I+D civil suscita preocupación por la aparición de zonas grises regulatorias[4], y se ha sugerido la necesidad de ampliar el ámbito de gestión para incluir a las empresas derivadas y a las instituciones de investigación.

Las amenazas híbridas de Rusia han mostrado signos de convertirse en una constante. Las incursiones de drones en el espacio aéreo han pasado de ser incidentes aislados a un patrón recurrente[12][15], y la mayor frecuencia de las respuestas con fuego real por parte de los Estados miembros de la OTAN se ha convertido en un factor de escalada de la tensión.

También ha persistido la fricción en la transición hacia un modelo de reparto de la carga de defensa de doble pilar EE. UU.-Europa. El patrón de aceleración del autofortalecimiento europeo en paralelo a la presión estadounidense continúa[6], y la viabilidad de una vía de autofortalecimiento integrado se evalúa como limitada[6].

II. Análisis en profundidad

Auge de la industria de defensa europea y aceleración del rearme: un análisis en profundidad

1. Análisis de las causas fundamentales

Un cambio estructural en la percepción de la amenaza a la seguridad ha actuado como principal impulsor. Tras la invasión rusa de Ucrania, la sensación de amenaza entre los Estados fronterizos de la OTAN ha aumentado drásticamente[6], con países en primera línea como Polonia y los tres Estados bálticos liderando el discurso del rearme[6]. La amenaza se ha materializado con las repetidas violaciones del espacio aéreo de la OTAN por parte de drones rusos[12][15].

El declive de la credibilidad de los compromisos de seguridad de EE. UU. se ha convertido en un impulsor secundario. El «América Primero 2.0» de la administración Trump se ha traducido en una presión para el reparto de la carga de defensa[6], y la OTAN se encuentra en un período de transición, pasando de una estructura de pilar único estadounidense a una de doble pilar EE. UU.-Europa[6]. La presión territorial de EE. UU. sobre Groenlandia ha abierto aún más las grietas en la confianza de la alianza[10].

Las lecciones de la guerra de Ucrania han reconfigurado la dirección industrial. Ha surgido un efecto de aprendizaje según el cual las fuerzas convencionales tienen dificultades para lograr resultados debido a la propagación de la guerra con drones[6], y la demanda de sistemas no tripulados de bajo coste y producción masiva ha impulsado las tendencias de inversión en la industria de defensa[9]. Las tecnologías probadas en combate de empresas ucranianas como FirePoint han revertido en el sector de la defensa europeo[13].

2. Contexto estructural

Estructura política

La existencia paralela de los marcos institucionales de la UE y la OTAN ha limitado la coordinación de políticas. Los debates sobre la integración política han tendido a permanecer en un nivel declarativo, como la propuesta del ministro de Asuntos Exteriores Sikorski de una «Legión Europea»[6], y las diferentes percepciones de la amenaza entre Francia y Alemania han limitado la implementación del discurso de integración[6]. En cambio, los proyectos industriales y tecnológicos individuales han avanzado con calendarios concretos[6].

El ascenso de las fuerzas de ultraderecha ha actuado como una variable de política interna en las asignaciones presupuestarias para el rearme. El auge de la ultraderecha en varios países europeos ha sido identificado como un factor de inestabilidad política[10], y se ha planteado la posibilidad de que el impulso integrador pueda debilitarse en un momento en que la cohesión de la UE es más necesaria que nunca[10].

Estructura económica

El auge de los pedidos de defensa se ha hecho visible en los indicadores de rendimiento. Los nuevos pedidos de las grandes empresas de defensa europeas este año han superado los 83 000 millones de euros[1], y los beneficios netos de Indra, Thales, Leonardo y Hensoldt aumentaron un 25 %, alcanzando un récord para un período semestral[1]. Rheinmetall, Airbus y BAE Systems también han ampliado sus carteras de pedidos[1].

La reestructuración industrial también se ha extendido más allá de los contratistas de defensa tradicionales. Empresas alemanas de automoción e ingeniería han pivotado hacia tecnologías de doble uso como los drones y la conducción autónoma[5], y el SIPRI ha señalado una tendencia a la incorporación de universidades, institutos de investigación y empresas derivadas al ecosistema de defensa[4]. Ha surgido un patrón en el que el estancado sector manufacturero de Alemania está aprovechando la demanda de defensa como un nuevo motor de crecimiento[5].

La concentración de las cadenas de suministro de materias primas ha actuado como un cuello de botella estructural. Las cadenas de suministro de materias primas clave como el titanio y las tierras raras se concentran en unos pocos países[3], y Roland Berger ha diagnosticado esto como una vulnerabilidad estratégica para ampliar la capacidad de producción en los sectores aeroespacial y de defensa[3].

Estructura de seguridad

Lograr la interoperabilidad de los aviones de combate se ha convertido en un banco de pruebas para la integración industrial. Indra, Thales, Leonardo y Hensoldt se han embarcado en la cooperación para la interoperabilidad de los aviones de combate europeos[1], y el directivo de Indra, Recasens, declaró: «Mantenemos todas las puertas abiertas a asociaciones con otras empresas»[1]. Sin embargo, el ritmo de integración parece estar limitado por los diferentes sistemas nacionales de adquisición de defensa y las políticas industriales.

El proyecto paneuropeo de defensa antimisiles se ha convertido en un modelo de trabajo para la cooperación multilateral. Diez gobiernos y 12 empresas de defensa participan en el proyecto Freyja[13], y empresas como Eurosam, Leonardo, Thales y SAAB han comenzado a integrar sistemas de radar y guiado[13]. El proyecto avanza con una estructura en la que la tecnología probada en combate de la ucraniana FirePoint se integra directamente en el sistema europeo[13].

3. Comparación con precedentes históricos y casos similares

Existen puntos de contraste con los esfuerzos del Acuerdo de Normalización de la OTAN (STANAG) de la época de la Guerra Fría. Durante la Guerra Fría, se hicieron repetidos intentos de estandarizar los sistemas de armas entre los miembros de la OTAN, pero nunca se completaron debido a los intereses industriales de cada país. Se ha sugerido que los debates actuales sobre la interoperabilidad de los aviones de combate podrían enfrentarse a barreras similares de proteccionismo industrial nacional[1].

También se observan similitudes con la consolidación y las alianzas en la industria de defensa europea durante la década de 1980. Está resurgiendo un patrón de cooperación de tipo consorcio entre países, como el que se vio en la época de la creación de Airbus. Sin embargo, una diferencia clave es que, mientras que la integración pasada fue liderada por los gobiernos, los esfuerzos actuales se caracterizan por asociaciones voluntarias entre empresas que toman la iniciativa[1]. El proyecto Freyja de FirePoint ha sido citado como el último ejemplo de esta cooperación ascendente[13].

También se ha confirmado la continuidad con la primera fase de rearme desde 2022. Si el rearme de emergencia inmediatamente después de la invasión fue la primera fase, la fase actual está en transición hacia la etapa de expansión de la capacidad de producción industrial[6]. El rearme temprano de Polonia ha servido como punto de referencia para otros países[6].

4. Variables clave que configuran la evolución

La dirección futura de los ajustes en el reparto de la carga de defensa entre EE. UU. y Europa se considera una variable clave. El escenario base, en el que la transición a una estructura de doble pilar avanza en paralelo con fricciones, se evalúa con una probabilidad del 55 %[6]. Es probable que el ritmo de asignación del presupuesto de autofortalecimiento de Europa varíe en función de la intensidad de la presión estadounidense.

Si los riesgos de la cadena de suministro de materias primas se materializan es también un factor crítico. La cuestión clave es si las interrupciones en la adquisición de titanio y tierras raras provocarán retrasos reales en la producción[3]. Se espera que la capacidad para gestionar los riesgos de la cadena de suministro, especialmente los procedentes de China, determine la velocidad del aumento de la producción de defensa en Europa.

Los cambios en la intensidad de las amenazas híbridas de Rusia también son dignos de mención. Si las incursiones de drones en el espacio aéreo de la OTAN continúan o se expanden, se espera que aumente la presión para incrementar los presupuestos de defensa de los Estados miembros[12][15]. Por el contrario, si las negociaciones para poner fin a la guerra progresan, el impulso para el rearme podría debilitarse.

El equilibrio entre la adquisición integrada a nivel de la UE y el autofortalecimiento nacional individual también actúa como una variable. La viabilidad de una vía de autofortalecimiento integrado se evalúa como limitada, en un 20 %[6]. Queda por ver si el éxito de los proyectos industriales individuales (Freyja, interoperabilidad de cazas) se convertirá en la verdadera fuerza motriz de los debates sobre la integración[1][13].

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*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.

Este informe es un análisis en profundidad planificado por un investigador de EAI, basado en una investigación rigurosa asistida por IA y redactado en su versión final por el investigador de EAI.

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