Declaraciones del subsecretario de Defensa Colby durante su gira asiática y la reestructuración de la estrategia de defensa indopacífica de Estados Unidos: implicaciones y opciones de respuesta para Corea del Sur
Resumen general
Las declaraciones del subsecretario de política de defensa Colby en Manila no constituyen una presión aislada, sino la manifestación política de las restricciones de recursos codificadas en la Estrategia de Defensa Nacional de la segunda administración Trump. Aunque Colby refutó públicamente las preocupaciones sobre las reservas de municiones, el hecho de que, en el mismo momento, el subsecretario de Defensa Feinberg solicitara a las empresas de defensa que aumentaran la producción de sistemas de armas clave debilita por sí mismo la credibilidad de dicha refutación. A diferencia de Filipinas y Taiwán, Corea del Sur se encuentra en una posición en la que las propias bases estadounidenses en su territorio han sido señaladas como vulnerables a ataques con misiles y drones de Corea del Norte y China, lo que la enfrenta a un problema de supervivencia de activos que va más allá del reparto de la carga de defensa. Aunque las armas nucleares tácticas no se convirtieron en un tema de agenda directo en este discurso, se considera un asunto que Corea del Sur debería plantear explícitamente por su propia iniciativa a través de canales bilaterales, dada la duda estructural que persiste sobre la capacidad de respuesta inmediata de la disuasión extendida. En las futuras negociaciones del Acuerdo Especial sobre Medidas (SMA), se requiere una respuesta que priorice la ampliación de la inversión propia en defensa antimisiles y sistemas no tripulados por encima del incremento del monto total, además de institucionalizar de forma permanente un canal de verificación de la efectividad de la disuasión extendida.
I. Análisis de la situación del asunto
Análisis de las declaraciones del subsecretario de Defensa Colby durante su gira asiática: la reestructuración de la estrategia de defensa indopacífica de Estados Unidos y sus implicaciones para Corea del Sur
1. Antecedentes y evolución
Las recientes declaraciones en Manila del subsecretario de política de defensa de Estados Unidos, Elbridge Colby, no constituyen un hecho aislado. Se encuentran en la línea directa de la estrategia de seguridad nacional de la segunda administración Trump. La Institución Brookings señala, citando la Estrategia de Defensa Nacional (National Defense Strategy) publicada a principios de este año, que Estados Unidos ha codificado la premisa de que "no tiene capacidad para hacer frente simultáneamente a múltiples amenazas"[3]. La expansión de la inversión propia en defensa por parte de los países aliados constituye el instrumento central de ejecución de esta estrategia.
Este mismo tono ya se había repetido en la visita a Manila del secretario de Estado Marco Rubio en julio pasado. El CFR lo evalúa con cierto cinismo, señalando que se trata de "un mensaje que los países de la ASEAN han venido escuchando desde hace una década"[6]. Es decir, las presentes declaraciones de Colby no representan un nuevo giro, sino la última versión de una presión recurrente.
El director del EAI, Park Won-gon, analiza que en el fondo de la política exterior de la administración Trump existe una lógica de vinculación entre economía y seguridad. Citando el diagnóstico de Steve Miran, presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, explica que subyace en la política la conciencia problemática de que "Estados Unidos ha actuado como 'hegemón benevolente' proporcionando bienes públicos de seguridad y economía, pero ha incurrido en costos excesivos por proporcionarlos"[5]. En la misma línea se encuentra la propuesta del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de clasificar a los países en categorías verde, amarilla y roja para diferenciar las tasas arancelarias[5]. Se sostiene que el marco de "poner fin al aprovechamiento gratuito en materia de seguridad" se está aplicando simultáneamente tanto a la presión arancelaria como a la exigencia de incremento del gasto en defensa.
2. Situación actual
Colby afirmó, en su discurso del 10 de agosto en el Stratbase Institute de Manila, que Estados Unidos busca "una asociación, no una subordinación"[7]. Declaró explícitamente que Estados Unidos "ya no puede darse por sentado (can no longer be taken for granted)"[7]. Yonhap informó de esta declaración como una reafirmación de la exigencia de una mayor contribución en materia de defensa por parte de los aliados asiáticos[7].
Al mismo tiempo, Colby refutó directamente las informaciones sobre el agotamiento de las reservas de municiones del ejército estadounidense surgidas tras la guerra de Irán (Operación Epic Fury)[1]. Defense News reporta que Colby subrayó que el compromiso de Washington con el Indo-Pacífico sigue vigente incluso en medio de la creciente actividad militar ofensiva de China en el Mar de China Meridional[1]. Sin embargo, existen indicios de que las preocupaciones sobre las reservas no carecen de fundamento. Se informó por separado que Steve Feinberg, subsecretario de Defensa y segundo al mando del Pentágono, solicitó a las empresas de defensa que aceleraran la producción de sistemas de armas clave, incluyendo vigilancia de amplio alcance, sensores e interceptores de defensa antiaérea, y sistemas de seguimiento de misiles[12][17]. El hecho de que la refutación de Colby y la solicitud de aumento de producción de Feinberg se produjeran simultáneamente demuestra, por contradicción, la preocupación real existente dentro de Washington sobre el problema de las reservas.
El medio estatal chino Global Times aborda estas declaraciones desde otro ángulo. Al evaluar que el discurso de Colby en Manila "expuso la fragilidad de la alianza entre Estados Unidos y Filipinas", advierte, citando a expertos chinos, que Filipinas, al colocarse en la primera línea de la provocación contra China, corre el riesgo de convertirse en un "rehén geopolítico" que deberá afrontar en solitario las consecuencias[4]. El concepto de "realismo flexible (flexible realism)" presentado por Colby en esa ocasión también es calificado por Global Times como un intento de Washington de movilizar a sus aliados indopacíficos en función de sus propios intereses estratégicos[4].
En Filipinas se percibe una diferencia de matiz. SCMP informa que, con motivo del 75.º aniversario del Tratado de Defensa Mutua entre Estados Unidos y Filipinas, el comandante del Comando Indo-Pacífico, Samuel Paparo, y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas filipinas reafirmaron el fortalecimiento de la cooperación, pero al mismo tiempo transmite la preocupación de los analistas de que la "aversión al conflicto (aversion to conflict)" de Washington podría debilitar los compromisos a largo plazo[11]. Es decir, Filipinas está expuesta a una doble incertidumbre: la tendencia estadounidense a evitar la escalada y, simultáneamente, la exigencia de un mayor esfuerzo propio.
3. Principales actores e intereses en juego
El Departamento de Defensa de Estados Unidos (la línea Colby-Paparo-Feinberg) busca un punto de equilibrio entre el objetivo de mantener el balance de poder frente a China y la realidad de las restricciones de recursos. Colby afirmó que Estados Unidos "no está retrocediendo (digging in)" para mantener un "balance de poder favorable (favorable balance of power)"[7]. Sin embargo, lo esencial es que se trata de un compromiso condicionado a la ampliación del reparto de costos por parte de los aliados.
Filipinas se encuentra en una posición dual: necesita el compromiso de seguridad de Estados Unidos, pero al mismo tiempo se preocupa por la posibilidad de tener que asumir en solitario los riesgos derivados de su papel de primera línea frente a China[4][11]. Considerando el conjunto de la ASEAN, la confianza en Estados Unidos ya se encuentra en una tendencia de debilitamiento, como señala el CFR[6].
China promueve estas declaraciones como evidencia de fisuras en el sistema de alianzas estadounidense, desplegando una estrategia discursiva que resalta a Filipinas y otros países del sudeste asiático los riesgos de un acercamiento excesivo a Estados Unidos[4].
Taiwán avanza en una trayectoria distinta, impulsando un plan para aumentar su propio gasto en defensa en un 16% para 2027, superando por primera vez en su historia el billón de nuevos dólares taiwaneses (unos 31.000 millones de dólares)[16]. Esto constituye un modelo de respuesta preventiva a las exigencias de Washington, que se convierte en un punto de referencia comparativo que intensifica de manera efectiva la presión sobre otros aliados indopacíficos.
Corea del Sur enfrenta, en un plano distinto, la cuestión de la vulnerabilidad de las bases estadounidenses. Un experto estadounidense evaluó que las bases militares de Estados Unidos en el Pacífico, incluyendo Corea del Sur y Japón, son "altamente vulnerables (highly vulnerable)" a ataques con misiles y drones de Corea del Norte y China[14]. Esto sugiere que el debate se está ampliando más allá de la simple cuestión del reparto de contribuciones, hacia el problema de la supervivencia de los activos de las fuerzas estadounidenses en Corea del Sur. Por su parte, el ejército estadounidense repite por separado el procedimiento de vigilar las tendencias de los lanzamientos de misiles norcoreanos y reafirmar su compromiso de defensa hacia los aliados[15].
4. Cuestiones clave
La primera cuestión clave es la sustancia real del problema de las reservas de municiones que Colby refutó. El hecho de que, al margen de la negación oficial, exista simultáneamente la orden de aumento de producción de Feinberg[1][12] muestra la posibilidad de que la asignación de recursos de Washington ya se encuentre cerca de un punto crítico. Desde la perspectiva de los aliados indopacíficos, esto se traduce en incertidumbre sobre la capacidad real de apoyo de Estados Unidos en caso de contingencia.
La segunda cuestión clave es que la dicotomía de Colby entre "asociación y subordinación" es, en realidad, un lenguaje de transferencia de costos. La lógica de clasificación en verde, amarillo y rojo señalada por el análisis del EAI[5] y la declaración de Colby de "no darse por sentado"[7] implementan simultáneamente la misma estructura de presión tanto en el ámbito de la seguridad como en el económico.
La tercera cuestión clave es la nueva variable de la vulnerabilidad de los activos militares estadounidenses. La observación sobre la vulnerabilidad a misiles de las bases estadounidenses en Corea del Sur y Japón[14] sugiere la posibilidad de que, en las futuras negociaciones sobre reparto de contribuciones, las exigencias hacia los aliados se concreten no en "mayor gasto de defensa" sino en "mayor capacidad de defensa propia, en particular en defensa antimisiles y capacidad de represalia". Este es un punto que se conecta directamente con el debate sobre armas nucleares tácticas en Corea del Sur.
II. Análisis en profundidad del asunto
Trasfondo estructural de las declaraciones de Colby: causas fundamentales y contexto histórico de la reestructuración de la estrategia de defensa estadounidense
1. Causa fundamental: la reducción relativa del poder nacional y la multiplicación simultánea de los frentes
Leer las declaraciones de Colby en Manila como una declaración de política aislada implica perder de vista su sustancia real. Se trata del resultado de la exposición de las limitaciones físicas de los recursos de defensa estadounidenses. Brookings resume la premisa central de la Estrategia de Defensa Nacional de la administración Trump en la frase de que "Estados Unidos carece de capacidad, las amenazas simultáneas son reales, y Estados Unidos no puede asumir toda la carga por sí solo"[3]. Esta premisa no es una mera retórica, sino que se deriva de las limitaciones reales en las reservas y la capacidad de producción.
El hecho de que se hayan reportado de manera reiterada preocupaciones sobre el agotamiento de las reservas de municiones tras la guerra de Irán (Operación Epic Fury) respalda esta idea[1][17]. Colby refutó directamente esta preocupación en Manila[1]. Sin embargo, en el mismo período, el subsecretario de Defensa y segundo al mando del Pentágono, Steve Feinberg, solicitó a las empresas de defensa acelerar la producción de sistemas de armas clave, como vigilancia de amplio alcance, sensores e interceptores de defensa antiaérea, y sistemas de seguimiento de misiles[12][17]. El hecho mismo de que la negación de Colby y la solicitud de aumento de producción de Feinberg se produjeran en el mismo momento revela la causa fundamental. El problema de las reservas es real. Sin embargo, detrás de la negación hay un cálculo político según el cual reconocerlo públicamente socavaría la confianza de los aliados hacia Estados Unidos.
A esto se suma la prolongación del frente de Oriente Medio. El medio beninés La Nouvelle Tribune informa que Estados Unidos reafirmó su compromiso con sus aliados asiáticos "aunque se encuentra atrapado en una guerra en Irán tan larga como compleja (Englués dans une guerre en Iran aussi longue que complexe)"[9]. El dilema de mantener el compromiso con la región indopacífica mientras los recursos permanecen inmovilizados en Oriente Medio constituye la fuerza motriz fundamental de la exigencia de transferir la carga a los aliados.
2. Contexto estructural: la institucionalización de la lógica de vinculación entre seguridad y economía
Esta presión no es una exigencia puntual, sino parte de un marco de política exterior institucionalizado por la segunda administración Trump. El director del EAI, Park Won-gon, analiza que "el núcleo de la política exterior de la segunda administración Trump se resume en dar máxima prioridad a la contención de China y, con ese fin, vincular seguridad y economía para exigir un mayor reparto de responsabilidades y costos a los aliados y países amigos"[5]. La lógica de Steve Miran, presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, se encuentra dentro del mismo marco. Su diagnóstico es que "Estados Unidos ha actuado como 'hegemón benevolente' proporcionando bienes públicos de economía y seguridad, pero ha incurrido en costos excesivos por proporcionarlos"[5].
Esta lógica vincula en un solo sistema los aranceles y las exigencias de incremento del gasto en defensa. La propuesta del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de clasificar a los países en grupos verde, amarillo y rojo según "política monetaria, acuerdos comerciales, acuerdos de seguridad y valores"[5] anticipa una estructura en la que la contribución a la seguridad se convierte en el criterio para el trato comercial. La expresión de Colby en Filipinas de "asociación, no subordinación"[7] es, dentro de este sistema de clasificación, una forma eufemística de presión que indica que los aliados deben aumentar la inversión en gasto de defensa y sistemas de armas para mantener su estatus de "verde".
También existen factores estructurales a nivel regional. Coexisten la creciente actividad militar ofensiva de China en el Mar de China Meridional[1] y la advertencia del comandante del Comando Indo-Pacífico, Samuel Paparo, reportada por medios de Palaos, de que "ninguna nación dominará la región indopacífica"[13]. Estados Unidos persigue simultáneamente el compromiso de no permitir que China obtenga una superioridad de poder y la exigencia de distribuir entre sus aliados el costo de cumplir dicho compromiso. Estos dos objetivos se encuentran en una tensión fundamental. Para mantener la credibilidad del compromiso es necesario invertir recursos, pero la contradicción estructural de la estrategia estadounidense actual radica en intentar mantener la credibilidad del compromiso mientras se reduce la inversión de recursos.
La misma estructura opera también en relación con Corea del Sur. Yonhap informó, citando a un experto estadounidense, que las bases estadounidenses en el Pacífico, incluyendo Corea del Sur y Japón, son "altamente vulnerables (highly vulnerable) a ataques con misiles y drones de Corea del Norte y China"[14]. Esto no es una simple evaluación militar, sino que existe una gran probabilidad de que se utilice como fundamento de la lógica según la cual los aliados deben compartir la carga de la protección de bases y la inversión en sistemas de intercepción.
3. Precedentes históricos: el patrón recurrente de presión sobre el reparto de la carga
La presión sobre el reparto de la carga de defensa de los aliados ha sido una constante de la política exterior estadounidense desde la Guerra Fría. La Doctrina Nixon (1969) constituye un precedente que exigió a los aliados asiáticos fortalecer su propia capacidad de defensa mientras reducía la intervención directa del ejército estadounidense. En aquella época también se presentó la misma lógica de que "Estados Unidos no puede asumir toda la carga". La exigencia de aumento del Acuerdo Especial sobre Medidas (SMA) durante la primera administración Trump, así como las insinuaciones de reducción de las tropas estadounidenses en Corea del Sur, son repeticiones del mismo patrón.
Sin embargo, lo diferencial de la presente fase es que el alcance e intensidad de la presión se ha extendido hasta la ASEAN. El CFR señala que los países de la ASEAN reciben este mensaje estadounidense como "un mensaje... que han escuchado, de una forma u otra, durante una década (a message... they've heard, in one form or another, for a decade)"[6]. Es decir, en el sudeste asiático ya se ha acumulado fatiga y cinismo hacia este mensaje. Existe la posibilidad de que se repita un patrón en el que la presión reiterada, si no se traduce en un cambio real de comportamiento, solo agrave el deterioro de la confianza.
El caso de Filipinas es particularmente ilustrativo. SCMP señala que, con motivo del 75.º aniversario del Tratado de Defensa Mutua entre Estados Unidos y Filipinas, persiste la preocupación de que "la tendencia de Washington a evitar el conflicto podría debilitar el compromiso"[11]. A pesar de que el comandante Samuel Paparo y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas filipinas reafirmaron en una declaración conjunta la implementación del tratado[11], Global Times califica esto como "exposición de la fragilidad de la alianza" y advierte del riesgo de que Filipinas se convierta en un "rehén geopolítico"[4]. Esto reproduce un problema de credibilidad similar al de varios precedentes de la Guerra Fría en los que Estados Unidos proclamaba su voluntad de intervención pero limitaba el nivel real de intervención en momentos de crisis efectiva (Vietnam, el tratamiento de los aliados británico y francés durante la crisis del Canal de Suez, entre otros).
El caso de Taiwán constituye un precedente en la dirección opuesta. Channel News Asia informó que Taiwán aumentará su presupuesto de defensa de 2027 en un 16%, superando por primera vez en su historia el billón de nuevos dólares taiwaneses (310.000 millones de dólares)[16]. Este incremento, en respuesta al fortalecimiento de la presión militar y política de China, muestra que Taiwán está respondiendo de manera considerablemente preventiva a las exigencias de reparto de carga de Estados Unidos. Los casos de Filipinas y Taiwán constituyen un grupo de contraste que demuestra cómo la velocidad y la forma de respuesta ante la misma presión estadounidense pueden diferir.
4. Variables clave en el desarrollo del asunto
La primera variable es la velocidad real de recuperación de las reservas y la capacidad de producción del ejército estadounidense. Si la solicitud de aumento de producción de Feinberg[12][17] refleja la realidad, a pesar de la negación de Colby, cuanto más se retrase la recuperación de las reservas, más se transformará la exigencia de capacidades propias hacia los aliados de una retórica a una demanda sustantiva.
La segunda variable es la intensidad de la actividad militar de China. La profundización de la actividad ofensiva en el Mar de China Meridional[1] y el nivel de "coerción (coercion)" advertido por el comandante Paparo[13] determinan la fuerza de persuasión del mensaje de esta gira. Si China reduce el nivel de presión militar, se debilitará la justificación de la presión al estilo Colby.
La tercera variable es el nivel residual de confianza hacia Estados Unidos dentro de Filipinas y la ASEAN. Si la fatiga[6] hacia el "mensaje repetido durante una década" señalado por el CFR supera un punto crítico, los países del sudeste asiático podrían reorientarse hacia poner más peso en la gestión de sus relaciones con China en lugar de con Estados Unidos.
La cuarta variable es la forma en que se aplica esta lógica a los aliados del noreste asiático, incluyendo Corea del Sur. La cuestión clave es si la evaluación de la vulnerabilidad de las bases del Pacífico[14] conducirá a exigencias de reparto de costos para el fortalecimiento de la protección de las bases estadounidenses en Corea del Sur y, más allá, a debates sobre el redespliegue de activos nucleares tácticos. El punto central de observación para la siguiente fase es cómo el "realismo flexible" de Colby[4] se materializa concretamente en un paquete de políticas para el noreste asiático.
A partir de aquí se necesitan 3 créditos
El contenido posterior al análisis de escenarios está disponible con créditos.
Inicia sesión para seguir leyendo*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.
Este informe es un análisis en profundidad planificado por un investigador de EAI, basado en una investigación rigurosa asistida por IA y redactado en su versión final por el investigador de EAI.