El riesgo de vacío de seguridad de la retirada final de EE. UU. de Irak en medio de la guerra entre Irán y EE. UU.
Resumen ejecutivo
La retirada de las fuerzas estadounidenses de Irak, que se completará el 30 de septiembre, es un procedimiento programado en virtud de un acuerdo de 2024 entre Bagdad y Washington. Sin embargo, su calendario —coincidiendo con el sexto mes de la actual guerra entre Irán y Estados Unidos— suscita la preocupación de que el vacío resultante en los activos de defensa aérea y detección en la región del Kurdistán pueda eliminar una capa defensiva a lo largo de las rutas de tránsito de los misiles y drones iraníes. Aunque el Gobierno iraquí está adquiriendo nuevos sistemas de defensa aérea, un retraso en el despliegue es inevitable. Por lo tanto, el escenario base para los próximos tres a seis meses es la persistencia de riesgos de baja intensidad (50 % de probabilidad). Las empresas surcoreanas deben reevaluar inmediatamente la exposición de sus operaciones en Irak y los países vecinos (Jordania, EAU, Arabia Saudí) a esta brecha en la defensa aérea y mantener sistemas activos para diversificar la adquisición de petróleo crudo y supervisar las sanciones secundarias. El reto fundamental es evitar apostar por un único resultado y, en su lugar, preparar un plan de respuesta de doble vía que pueda activarse inmediatamente ante un evento desencadenante.
I. Análisis de la situación
La retirada final de Irak: un análisis de la situación
1. Antecedentes y evolución
La retirada de las fuerzas estadounidenses de Irak el 30 de septiembre es un evento programado basado en un acuerdo de 2024 entre Bagdad y Washington [2][10]. El núcleo de este acuerdo era la transición de la misión de la coalición liderada por Estados Unidos de un papel de combate y asesoramiento a un marco de cooperación bilateral en materia de seguridad [1]. La Operación Inherent Resolve, la misión para derrotar al EI, ha proporcionado la justificación legal y militar para la presencia de Estados Unidos en Irak durante más de una década desde el ascenso del grupo en 2014. Esta retirada concluye un capítulo importante de la presencia militar estadounidense en Irak, que ha sido continua desde la caída del régimen de Sadam Husein en 2003 [2].
El calendario de la retirada se había finalizado independientemente de la guerra entre Irán y Estados Unidos. Sin embargo, su implementación coincide con el sexto y séptimo mes de la guerra con Irán, que comenzó el 28 de febrero, lo que confiere una nueva importancia al vacío militar estadounidense en Irak [6][9]. Irak comparte frontera con Irán, y las milicias chiíes (Hashd al-Shaabi) ejercen allí una considerable influencia política y militar. La región del Kurdistán, donde se han concentrado los activos de defensa aérea y detección de la coalición liderada por Estados Unidos, también ha servido como ruta de tránsito recurrente para misiles y drones iraníes dirigidos contra Israel o bases estadounidenses en el Golfo [1]. El ministro del Interior del Kurdistán, Rebar Ahmed, declaró a los medios: «Según el acuerdo existente, estas fuerzas deben retirarse para finales de septiembre y, de hecho, ya han comenzado la retirada» [10].
2. Situación actual
El medio de comunicación The National, con sede en los EAU, informa de que los vecinos de Irak están recalibrando sus cálculos de seguridad tras la retirada de los sistemas de defensa aérea de la coalición [1]. Señala que el vacío dejado por los activos de detección e interceptación de Estados Unidos en el Kurdistán elimina de hecho una capa defensiva a lo largo de las rutas de tránsito de los misiles y drones iraníes [1]. Esta visión sugiere que el problema se extiende más allá de Irak, creando potencialmente un efecto cascada en las redes de defensa aérea más amplias de Estados regionales como Jordania, Arabia Saudí y los EAU.
En un informe de seguimiento, el mismo medio de comunicación señaló que Irak planea adquirir nuevos sistemas de defensa aérea a medida que concluye la misión de la coalición [7]. Un funcionario del Gobierno iraquí declaró: «La Operación Inherent Resolve terminará en Irak el 30 de septiembre», pero añadió que «la operación en sí puede continuar, ya que el EI existe en otros países», sin especificar cuáles [7]. Este comentario puede interpretarse como el reconocimiento por parte del Gobierno iraquí de la amenaza restante del EI, al tiempo que señala su intención de llenar el vacío de seguridad con sus propias capacidades de defensa aérea tras la retirada de Estados Unidos.
El medio de comunicación en lengua neerlandesa Starnieuws enmarcó la retirada como una elección entre «soberanía o campo de batalla» [4]. Esto ilustra la doble perspectiva dentro del propio Irak, donde la medida es vista por algunos como una restauración de la soberanía y por otros como una profundización de la vulnerabilidad debido al consiguiente vacío de seguridad.
Mientras tanto, la propia guerra entre Irán y Estados Unidos no ha entrado en su fase final. En su inicio, hace seis meses, el 28 de febrero, el presidente Trump predijo que el conflicto duraría «de cuatro a cinco semanas», pero esto no se cumplió, y sus predicciones posteriores de una pronta conclusión han sido sistemáticamente incorrectas [5][12]. El presidente Trump afirmó recientemente que la guerra terminaría inmediatamente después de las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre [14][15], una declaración que encaja en una narrativa que presenta a Irán como un actor que intensifica las provocaciones para influir en el resultado electoral. A esto se suma un informe del Wall Street Journal según el cual el secretario de Defensa Hegseth está considerando discretamente extender los despliegues de tropas hasta 2027 [12]. Esto crea una situación contradictoria en la que, al margen de la retirada de Irak, la perspectiva de una presencia militar estadounidense a largo plazo en la región en general está, paradójicamente, creciendo.
3. Actores y posiciones clave
Gobierno iraquí (Bagdad)Basándose en el acuerdo de 2024, Bagdad tiene la intención de proceder con la retirada según lo programado, al tiempo que busca minimizar el vacío de seguridad mediante la adquisición de nuevos sistemas de defensa aérea [7]. Aunque reconoce oficialmente la amenaza residual del EI, trata el fin de la Operación Inherent Resolve dentro de Irak como un hecho consumado.
Gobierno Regional del KurdistánEl GRK está sirviendo para confirmar oficialmente la implementación de la retirada. La declaración del ministro del Interior Ahmed indica que la retirada ya está en marcha [10]. Como la región donde se han concentrado los activos de defensa aérea de la coalición, el Kurdistán es el actor que experimentará más directamente el vacío de seguridad resultante de la retirada.
Estados Unidos (Washington)Washington presenta la retirada de Irak como una medida simbólica que cierra un capítulo de intervención militar que comenzó en 2003 [2]. Al mismo tiempo, muestra un enfoque dual al extender los despliegues de tropas en otras partes de la región en medio de la prolongada guerra con Irán [12]. Esto sugiere que la retirada de Irak no es una señal de una desvinculación más amplia de Oriente Medio, sino más bien un reajuste hacia una forma diferente de presencia militar con una misión distinta.
IránAprovechando su influencia sobre las milicias chiíes en Irak, Irán tiene un incentivo para utilizar el vacío militar estadounidense como una oportunidad para expandir su influencia regional. Al mismo tiempo, está inmerso en un conflicto de baja intensidad con Estados Unidos al afirmar el control sobre el paso por el Estrecho de Ormuz [6][9], lo que plantea la posibilidad de que el vacío en Irak pueda convertirse en otra herramienta para que Irán presione a Estados Unidos.
Estados tapón del Golfo (p. ej., EAU, Jordania)A estos Estados les preocupan los efectos dominó que el vacío en la defensa aérea en Irak podría tener en toda la red regional de defensa aérea [1]. Habiendo sido ya blanco de ataques de represalia iraníes [6], consideran la retirada de los activos estadounidenses de Irak como un asunto directamente vinculado a su propia seguridad nacional.
4. Cuestiones clave
La cuestión central de esta retirada es la yuxtaposición de un calendario definido con implicaciones de seguridad indefinidas. La fecha del 30 de septiembre está fijada por el acuerdo de 2024 y es poco probable que se altere [2][10]. Sin embargo, el momento complica el verdadero significado de la retirada, ya que coincide con el séptimo mes de la guerra entre Irán y Estados Unidos, un período caracterizado por ciclos recurrentes de escalada y desescalada [9][15].
La primera cuestión es la escala real del vacío en la defensa aérea. The National postula que la retirada de los activos de detección e interceptación de la región del Kurdistán conducirá a la pérdida de una capa defensiva a lo largo de las rutas de misiles y drones iraníes [1]. Sigue siendo incierto hasta qué punto el plan del Gobierno iraquí de adquirir nuevos sistemas puede llenar este vacío [7].
La segunda cuestión es distinguir entre «retirada» y «reajuste». La retirada de Irak significa el fin de la Operación Inherent Resolve dentro de ese país, pero persiste la posibilidad de que la operación en sí pueda continuar en otros lugares [7]. Al mismo tiempo, se está considerando una extensión de los despliegues de tropas estadounidenses relacionados con la guerra de Irán hasta 2027 [12], lo que dificulta simplificar la retirada de Irak como una salida de Estados Unidos de Oriente Medio.
La tercera cuestión es cómo responderá Irán. Irán está siguiendo simultáneamente dos vías: expandir su influencia a través de las milicias en Irak y aplicar presión sobre Estados Unidos a través del Estrecho de Ormuz [6][9]. Cuál de estas dos vías se beneficiará más del vacío militar estadounidense en Irak será probablemente una variable clave para determinar la dirección futura de la arquitectura de seguridad regional.
II. Análisis en profundidad
La retirada final de Irak: un análisis en profundidad
1. Análisis de las causas fundamentales
La razón aparente de esta retirada es la finalización de la misión militar para derrotar al EI [2][7]. El verdadero motor, sin embargo, fueron las demandas políticas del Gobierno de Bagdad en 2024. Los partidos chiíes proiraníes dentro del Gobierno iraquí habían presionado constantemente para que se estableciera un calendario de retirada, presentando la presencia militar estadounidense como una violación de la soberanía. Washington se acomodó a esta presión optando por un compromiso: remodelar la relación en un marco de «cooperación bilateral en materia de seguridad» en lugar de una ruptura total [1]. Así, la retirada es un producto de la política interna iraquí, no una decisión derivada de una evaluación de una mejora en el entorno de seguridad regional.
El problema es que el entorno de seguridad regional cambió fundamentalmente entre la finalización del calendario de retirada en 2024 y su implementación en septiembre de 2026. Cuando se alcanzó el acuerdo en 2024, la guerra entre Israel y Hamás estaba en curso, pero no se anticipaba ampliamente un conflicto militar directo entre Estados Unidos e Irán. La situación se alteró por completo tras los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero [3][8]. El régimen iraní no colapsó tras la muerte de Jamenei, y después de que el Memorando de Islamabad expirara en julio, Irán pasó a la ofensiva, utilizando la fuerza para controlar el paso por el Estrecho de Ormuz [6][9]. La retirada de Irak es, por tanto, el resultado de una colisión entre la lógica planificada de poner fin a la misión contra el EI y la realidad contingente de una guerra en curso con Irán. No hay pruebas de que Washington considerara ajustar el calendario; la inercia de adherirse al acuerdo parece haber prevalecido sobre una reevaluación de la situación de seguridad.
2. Contexto estructural
Irak es un punto de contacto directo entre las esferas de influencia de dos grandes potencias: Estados Unidos e Irán. Políticamente, las milicias chiíes proiraníes como Hashd al-Shaabi se han infiltrado ampliamente en el ejército regular iraquí y en las organizaciones gubernamentales. Esto significa que la influencia de Irán no disminuirá automáticamente con la retirada física de las fuerzas estadounidenses. Por el contrario, es probable que la eliminación de Estados Unidos como contrapeso fortalezca la posición relativa de las facciones proiraníes.
En términos de la arquitectura de seguridad, los activos de defensa aérea y detección en la región del Kurdistán no eran únicamente para el beneficio de Irak. La zona ha sido una ruta de tránsito recurrente para misiles y drones iraníes dirigidos contra Israel o bases estadounidenses en el Golfo [1]. En efecto, la red de defensa aérea de la coalición en Irak era un pilar de un sistema de defensa regional más amplio que se extendía a Jordania, Arabia Saudí y los EAU. Con la eliminación de este pilar, los países vecinos se enfrentan a la carga de llenar el vacío con sus propios presupuestos y activos de defensa aérea. El informe de The National de que «los países vecinos están recalibrando sus cálculos de seguridad» apunta a esta reacción en cadena estructural [1].
Económicamente, la retirada de Estados Unidos plantea la posibilidad de un vacío de disuasión contra las fuerzas restantes del EI. La admisión por parte de un funcionario iraquí de que «la operación en sí puede continuar, ya que el EI existe en otros países» [7] significa que el propio Gobierno reconoce que la amenaza del EI dentro de Irak no ha sido eliminada por completo. Sin embargo, el hecho de no nombrar países específicos puede interpretarse como un cálculo político del Gobierno iraquí para restar importancia a la escala de la amenaza residual dentro de sus propias fronteras.
Un contexto estructural más amplio es que la guerra de Estados Unidos con Irán se está consolidando como una guerra de desgaste. El informe de que el secretario de Defensa de Estados Unidos, Hegseth, está extendiendo discretamente los despliegues de tropas hasta 2027 [12] sugiere que Washington tiene una capacidad limitada para redesplegar fuerzas dentro de la región. Con los inventarios de interceptores THAAD y Patriot reducidos en al menos un 38 % y hasta un 65 %, respectivamente [6], es plausible que las fuerzas y los activos liberados por la retirada de Irak puedan ser reasignados a otros frentes, particularmente para responder a un conflicto directo con Irán. En última instancia, la retirada de Irak debe ser vista como una pieza de un reajuste de fuerzas regional más amplio.
3. Precedentes históricos y casos comparativos
La retirada de Irak de la administración Obama en 2011 es el punto de comparación más directo. En ese momento, las fuerzas estadounidenses también llevaron a cabo una retirada completa tras no poder renovar el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA) con el Gobierno iraquí. El resultado, tres años después, fue la rápida expansión del EI. El ejército iraquí entregó efectivamente las principales ciudades, incluida Mosul, al EI, lo que obligó a Estados Unidos a redesplegar tropas en 2014. Dado que el propio Gobierno iraquí no niega la amenaza residual del EI [7], no se puede ser del todo optimista sobre que la retirada actual no siga un camino similar.
Sin embargo, existe una diferencia crucial entre 2011 y 2026. La retirada de 2011 se produjo cuando las relaciones entre Estados Unidos e Irán eran relativamente estables, mientras que la actual tiene lugar mientras los dos países están en conflicto directo. Esto significa que la retirada no es simplemente el fin de la operación contra el EI, sino que tiene la apariencia de una retirada de Estados Unidos de un frente en una guerra en curso con Irán. Esto crea una combinación estructuralmente más peligrosa que en 2011, ya que amplía las oportunidades de Irán para utilizar a Irak como palanca de presión contra Estados Unidos.
Una comparación con la retirada de Afganistán en 2021 también ofrece perspectivas. En ese caso, Estados Unidos siguió adelante con la retirada para cumplir un plazo político, y una sobreestimación de las capacidades de autodefensa de las fuerzas gubernamentales locales condujo a la caída de Kabul. En la actual retirada de Irak, la prisa del Gobierno iraquí por adquirir nuevos sistemas de defensa aérea [7] es una prueba de que reconoce sus propias brechas de capacidad. Sin embargo, a diferencia del ejército afgano, el ejército iraquí tiene al menos una década de experiencia llevando a cabo operaciones contra el EI junto a las fuerzas estadounidenses y también dispone de milicias chiíes curtidas en la batalla, lo que hace que un escenario de colapso total sea de naturaleza diferente. El problema no es tanto el riesgo de colapso como la posibilidad de que el vacío de seguridad sea llenado por fuerzas bajo la influencia iraní.
4. Variables clave que configuran la evolución futura
La primera variable es la trayectoria futura de la guerra entre Estados Unidos e Irán. El presidente Trump ha declarado que la guerra terminará inmediatamente después de las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre [14][15], pero la credibilidad de esta afirmación es baja, ya que es una de las muchas previsiones optimistas repetidas [5][12]. Irán, por su parte, está siguiendo una estrategia de aumentar la presión antes de las elecciones [15], por lo que no se puede descartar la posibilidad de que la retirada de Irak coincida con una intensificación de la guerra.
La segunda variable es la rapidez y eficacia de la adquisición de un nuevo sistema de defensa aérea por parte del Gobierno iraquí. La cuestión clave es si el nuevo sistema mencionado por el Gobierno [7] puede reemplazar eficazmente las capacidades de detección e interceptación de los antiguos activos de la coalición. Si su despliegue se retrasa o su rendimiento no alcanza el del sistema anterior, la carga de la defensa aérea para los países vecinos a lo largo de las rutas de tránsito de los misiles y drones iraníes aumentará proporcionalmente [1].
La tercera variable son las maniobras políticas de las milicias chiíes proiraníes como Hashd al-Shaabi. La velocidad a la que estos grupos expandan su posición dentro del Gobierno iraquí tras la eliminación de Estados Unidos como contrapeso determinará la rapidez con la que Irak se transforme en una base para las operaciones iraníes contra Estados Unidos e Israel.
La cuarta variable es la dirección del reajuste estratégico de Washington en la región después de las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos. Teniendo en cuenta tanto el informe de que los despliegues de tropas se están extendiendo hasta 2027 [12] como la observación de una brecha creciente entre la prioridad declarada del Indo-Pacífico y la intervención real de Estados Unidos en Oriente Medio [11], es probable que en los próximos meses quede claro si los activos retirados de Irak serán absorbidos por otros frentes o formarán parte de una reducción regional más amplia.
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Inicia sesión para seguir leyendo*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.
Este informe es un análisis en profundidad planificado por un investigador de EAI, basado en una investigación rigurosa asistida por IA y redactado en su versión final por el investigador de EAI.