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Canadá fortalece lazos con la UE y China mientras reduce su dependencia de EE. UU.

Categoría
Observación Actual
Publicado
9 de septiembre de 2026
Ilustración

Resumen ejecutivo

El conflicto comercial entre Canadá y EE. UU. culminó con la ruptura de las negociaciones el 21 de agosto, mientras la administración Trump ampliaba continuamente sus justificaciones para los aranceles, desde el fentanilo y la inmigración hasta el acero, los automóviles, los incendios forestales y el trabajo forzoso. El mismo día en que entraron en vigor los aranceles de represalia, el primer ministro Carney anunció el inicio de negociaciones económicas y de seguridad con la UE. El 8 de septiembre, Canadá impuso aranceles de represalia a EE. UU. por un valor de entre 20 000 y 28 000 millones de dólares. Casi al mismo tiempo, se reanudaron las conversaciones de defensa con China por primera vez en ocho años, lo que indica que Canadá está materializando una estrategia de diversificación para superar su estructura centrada en EE. UU. mediante la utilización simultánea de los canales europeo y chino. El East Asia Institute (EAI) sugiere que la vía más probable es un prolongado estado de limbo, en lugar de una ruptura total o un acuerdo integral. El EAI también señala la posibilidad de que las relaciones entre la UE y Canadá puedan superar un nivel simbólico para llegar a una fase de institucionalización durante este proceso. Las empresas surcoreanas no deben confundir los anuncios de alivio arancelario con una resolución del riesgo, sino que deben mantener sus sistemas de seguimiento de la cadena de suministro en América del Norte. Además, en lugar de limitarse a replicar el modelo de diversificación de Canadá, primero deben evaluar sus propias limitaciones de tiempo y las de los mercados alternativos.

Diagrama

I. Análisis de la situación

Canadá fortalece lazos con la UE y China mientras reduce su dependencia de EE. UU.

1. Antecedentes y desarrollo

La fricción comercial entre Canadá y Estados Unidos es el resultado de una acumulación gradual de problemas desde el inicio de la segunda administración Trump [6][9]. Inmediatamente después de su investidura, el presidente Trump impuso aranceles a los productos canadienses con el pretexto de bloquear el fentanilo y combatir la inmigración ilegal [6][8][9]. La justificación de los aranceles se amplió posteriormente a sectores industriales individuales como el acero, el aluminio y los automóviles [6][9]. Incluso el humo de los incendios forestales canadienses que cubrió el noreste de EE. UU. se utilizó como base para amenazas arancelarias [6][9]. Durante el mismo período también se aplicó un arancel del 10 % basado en una investigación de la Sección 301 relacionada con el trabajo forzoso [6][9].

El Instituto Peterson de Economía Internacional comentó que esta imposición arancelaria "estableció un nuevo récord por falta de justificación", señalando que EE. UU. había invocado fundamentos jurídicos obsoletos que ya habían perdido su eficacia [8]. En julio, se anunció un elevado arancel del 50 % sobre todas las importaciones canadienses, y las negociaciones finalmente se rompieron el 21 de agosto [6][9]. En consecuencia, entró en vigor un arancel estadounidense del 50 % sobre aproximadamente 20 000 millones de dólares de productos canadienses, y Canadá anunció que impondría aranceles de represalia de la misma magnitud a partir del 8 de septiembre [9].

El día en que se rompieron las negociaciones, el primer ministro Carney anunció el inicio de negociaciones económicas y de seguridad con la UE, desplazando su enfoque hacia una diplomacia multilateral centrada en Europa [3]. La opinión pública canadiense también apoya abrumadoramente la reducción de la dependencia de EE. UU. (64 %) y la interrupción de las negociaciones (76 %) [3]. Esto ha proporcionado un telón de fondo de legitimidad política para la postura de línea dura del gobierno [3].

2. Situación actual

Los aranceles de represalia de Canadá contra EE. UU. entraron en vigor justo después de la medianoche del 8 de septiembre [13][16][17]. El gobierno federal canadiense impuso aranceles del mismo valor que los de EE. UU. a productos como ropa, queso, piezas metálicas y productos de madera [16]. The Globe and Mail informó que el valor era de 28 000 millones de dólares [17], mientras que una filial de Al Jazeera lo cifró en 20 000 millones de dólares [1][16]. La discrepancia en las cifras parece deberse a diferencias en el momento de la recopilación de datos y en el alcance de los artículos cubiertos por cada medio de comunicación.

Coincidiendo con la aplicación de los aranceles, el primer ministro Carney declaró: "Reduciremos nuestra dependencia económica de Estados Unidos y profundizaremos nuestra relación con Europa más rápidamente" [1][10]. France 24 informó de esto como una aceleración por parte de Canadá de su alejamiento de la dependencia de EE. UU. [10]. El Dagens Industri de Suecia informó que la UE y Canadá persiguen el establecimiento de una alianza integral que abarca desde el comercio hasta la seguridad, y que la presidenta de la Comisión Europea, von der Leyen, tiene previsto anunciar los planes relacionados en el Parlamento Europeo en Estrasburgo el 16 de septiembre [7].

Casi al mismo tiempo, las autoridades militares de China y Canadá reanudaron sus primeras conversaciones de defensa en ocho años [4]. El Ministerio de Defensa Nacional de China declaró que durante el diálogo hubo un "intercambio de opiniones franco y profundo sobre cuestiones internacionales y regionales de interés común" [4]. El South China Morning Post analizó que la reanudación de estas conversaciones fue el resultado de que Ottawa se acercara a Pekín tras las sucesivas fricciones con la administración Trump [4]. En un editorial, el Global Times afirmó que "el diálogo normal de defensa entre China y Canadá no requiere la aprobación de ningún tercero", y desestimó las interpretaciones de una "alianza militar" como "especulación absurda" [15]. El Global Times señaló que la raíz de esta controversia no se encuentra en las mesas de negociación de Pekín u Ottawa, sino en las "profundas grietas en las relaciones entre EE. UU. y Canadá" [15].

Independientemente de su postura de línea dura hacia EE. UU., el primer ministro Carney no ha cerrado completamente la puerta a las negociaciones. A principios de septiembre, Ottawa declaró que estaba dispuesta a firmar un "acuerdo comercial sostenible que beneficie a ambos países" y reafirmó su posición de buscar un acuerdo a largo plazo en lugar de un anuncio político rápido [11][18]. El Financiero de México recogió el comentario del primer ministro Carney de que, si bien defendía los aranceles de represalia, "no cree en la escalada del conflicto", destacando la lógica de que los aranceles tienen como objetivo proteger a los trabajadores canadienses, no la escalada [14].

3. Actores y posturas clave

El primer ministro Carney y el gobierno federal canadiense mantienen su posición de rechazar un acuerdo limitado confinado a concesiones sectoriales en las negociaciones con EE. UU. [6]. El abrumador apoyo de la opinión pública nacional es el fundamento político de esta postura de línea dura [3]. Al mismo tiempo, también están enviando señales de que no desean una ruptura total con EE. UU. [11][14][18]. Esto ilustra la doble posición de Canadá, que no puede cerrar completamente la puerta a las negociaciones debido a la limitación estructural de su dependencia económica de EE. UU. [6].

La administración Trump ha ampliado continuamente sus justificaciones para los aranceles, desde el fentanilo y la inmigración hasta el acero, los automóviles, los incendios forestales y el trabajo forzoso [6][9]. El Instituto Peterson de Economía Internacional evalúa que es muy probable que este patrón de ampliar las justificaciones se repita en el futuro [8]. Tomando prestada una expresión hondureña, Estados Unidos se está posicionando como un actor que utiliza continuamente los aranceles como palanca para la presión negociadora.

La UE se muestra proactiva a la hora de profundizar su relación con Canadá [1][7]. El hecho de que la propia presidenta de la Comisión, von der Leyen, tenga previsto desvelar un concepto de alianza que abarque la seguridad más allá del comercio [7] sugiere que la UE percibe esta situación como una oportunidad para asegurarse un socio transatlántico.

En cuanto a la reanudación de las conversaciones de defensa con Canadá, China está adoptando una postura cautelosa frente a la intervención o interpretación de terceros [15]. El tono del editorial del Global Times muestra la intención de Pekín de enmarcar estas conversaciones como una restauración de las relaciones bilaterales "normales", en lugar de un movimiento estratégico para capitalizar la fricción entre EE. UU. y Canadá [15]. Sin embargo, el South China Morning Post señaló claramente que el momento de la reanudación de estas conversaciones está entrelazado con el conflicto de Ottawa con EE. UU. [4].

4. Cuestiones clave

La primera cuestión es si los intentos de diversificación de Canadá seguirán siendo gestos simbólicos o entrarán en una fase de institucionalización. Un análisis del EAI evaluó que "el canal europeo de Canadá y su concepto de una coalición de potencias medias tienen el potencial de superar un nivel simbólico y entrar en una fase de institucionalización" [3].

La segunda cuestión es la implicación práctica de la reanudación de las conversaciones de defensa con China. Mientras que el Global Times lo enmarca como una relación bilateral normal [15], los medios de comunicación occidentales se centran en su naturaleza como contramedida contra Estados Unidos [4].

La tercera cuestión es la trayectoria a largo plazo de las negociaciones. El EAI proyectó que "un prolongado estado de limbo, en lugar de una ruptura total o un acuerdo integral, es el resultado más probable" [6][9]. La expresión de voluntad del primer ministro Carney de reanudar las negociaciones [11][18] se interpreta como una señal coherente con este escenario intermedio.

La cuarta cuestión es si la profundización de los lazos con la UE puede ser una alternativa viable. El EAI señaló que "considerando el patrón de la administración Trump de ampliar las justificaciones arancelarias y los propios intereses de Europa, será difícil que la diversificación de Canadá se establezca como una alternativa práctica a corto plazo" [3]. El instituto Bruegel también está debatiendo actualmente la viabilidad misma de una política comercial europea que excluya a EE. UU. y China [FUENTE OMITIDA].

II. Análisis en profundidad

Canadá fortalece lazos con la UE y China mientras reduce su dependencia de EE. UU.

1. Análisis de las causas fundamentales

El origen de esta situación no son los aranceles en sí mismos. La cuestión más fundamental es el hecho de que las justificaciones de los aranceles han cambiado constantemente. Al principio de su mandato, la administración Trump impuso aranceles a Canadá, citando la necesidad de bloquear el fentanilo y combatir la inmigración ilegal [6][8][9]. La justificación se amplió posteriormente a los sectores del acero, el aluminio y la automoción [6][9]. Incluso el humo de los incendios forestales canadienses se utilizó como base para amenazas arancelarias [6][9]. El Instituto Peterson de Economía Internacional señaló que, en este proceso, EE. UU. invocó "disposiciones legales que ya se han convertido en letra muerta" [8]. Esto implica que el objetivo de presionar a Canadá estaba predeterminado, encontrándose las justificaciones legales a posteriori.

Este patrón ha consolidado un juicio dentro del gobierno canadiense: que las negociaciones con Estados Unidos no llegarán a una conclusión ni siquiera con repetidas concesiones sectoriales [6]. Un informe del EAI analizó que el primer ministro Carney "desplazó su enfoque hacia una diplomacia multilateral centrada en Europa al anunciar el inicio de negociaciones económicas y de seguridad con la UE el mismo día en que entraron en vigor los aranceles de represalia" [3]. El hecho de que la ruptura de las negociaciones y el anuncio de un giro hacia Europa ocurrieran el mismo día sugiere que esta decisión no fue una respuesta improvisada, sino un movimiento planificado de antemano.

El panorama de la opinión pública es otra causa fundamental. Según una encuesta del EAI, el 64 % de los canadienses apoya la reducción de la dependencia de EE. UU. y el 76 % apoya la interrupción de las negociaciones [3]. Estas cifras muestran que la postura de línea dura del gobierno de Carney no es una elección hecha con un coste político, sino que, de hecho, se acerca más a un activo político. Como resultado de la continua presión del presidente Trump con justificaciones siempre cambiantes, se ha formado un consenso público en Canadá que reformula la relación con EE. UU. no como un riesgo gestionable, sino como una vulnerabilidad estructural.

2. Contexto estructural

En términos de estructura económica, la limitación fundamental de Canadá es su propia dependencia comercial de Estados Unidos. El EAI diagnosticó que Canadá tiene "poca justificación para buscar un acuerdo integral en medio de la presión política interna y la limitación estructural de su dependencia económica de EE. UU." [6]. La industria automotriz es un buen ejemplo. En octubre de 2025, Honda suspendió indefinidamente las operaciones en su planta de SUV en México debido a la escasez de piezas y redujo a la mitad su producción de Civic en Canadá [2]. Las cadenas de suministro automotrices de los tres países de América del Norte están estructuradas en torno a la adquisición de piezas que cruzan las fronteras de Canadá, EE. UU. y México, por lo que un solo arancel puede conmocionar simultáneamente las líneas de producción en los tres países [2][5]. Esta estructura en sí misma limita el poder de negociación de Canadá con EE. UU. y, paradójicamente, aumenta la urgencia de la diversificación.

En la estructura política, es notable la postura negociadora del primer ministro Carney. En una entrevista con un medio de comunicación omaní, declaró que desea un "acuerdo comercial sostenible que beneficie a ambos países", pero marcó una línea, diciendo que busca un "acuerdo a largo plazo en lugar de un anuncio político rápido" [11]. En una entrevista con el medio mexicano El Financiero, también dijo: "No creo en la escalada del conflicto", pero añadió: "Nuestros aranceles son necesarios para proteger a los trabajadores canadienses" [14]. Esto demuestra que el gobierno de Carney no persigue una ruptura total con EE. UU., sino que está empleando una estrategia de utilizar simultáneamente sus cartas europeas y chinas para asegurar una palanca en la mesa de negociaciones.

En la estructura de seguridad, se detecta una tendencia a buscar la cooperación minilateral fuera del sistema de alianzas centrado en EE. UU. La UE, a través de la presidenta de la Comisión, von der Leyen, tiene previsto anunciar un plan para fortalecer las relaciones con Canadá en el Parlamento Europeo en Estrasburgo el 16 de septiembre, un plan que abarca una "alianza integral desde el comercio hasta la seguridad" [7]. Al mismo tiempo, la reanudación de las conversaciones de defensa entre China y Canadá tras un paréntesis de ocho años es un acontecimiento simbólico que muestra que están surgiendo grietas en la estructura de seguridad centrada en EE. UU. [4]. Sin embargo, el medio de comunicación estatal chino Global Times marcó una línea, calificando las interpretaciones de una alianza militar como "especulación absurda" [15]. Esto revela que, si bien Pekín está enmarcando la reanudación de las conversaciones como una normalización de las relaciones con Canadá, se muestra recelosa ante interpretaciones ampliadas que podrían provocar a Estados Unidos.

3. Precedentes históricos y casos comparativos

No es la primera vez que Canadá declara públicamente su intención de reducir la dependencia de Estados Unidos. Sin embargo, una comparación con casos pasados revela las características distintivas de la situación actual. Normalmente, dado el alto grado de integración fronteriza, los conflictos en las relaciones entre Canadá y EE. UU. se han contenido a un nivel manejable. El factor diferenciador esta vez es que las justificaciones de los aranceles se han ampliado continuamente desde el fentanilo y la inmigración hasta el acero, los automóviles, los incendios forestales y el trabajo forzoso [6][9]. El hecho de que las justificaciones no se agotaran, sino que se descubrieran continuamente nuevas, es el factor decisivo que hizo que el gobierno canadiense percibiera este conflicto no como una fricción temporal, sino como una presión estructural.

También hay espacio para la comparación con los intentos de los países europeos de normalizar las relaciones con China. En los últimos años, si bien se han alineado con la línea estadounidense de presionar a China, las naciones europeas individuales han gestionado simultáneamente sus relaciones con China en función de sus propios intereses económicos. La reanudación de las conversaciones de defensa de Canadá con China sigue una lógica similar. Al restaurar un canal con China en un momento de escalada del conflicto con EE. UU., puede interpretarse como un intento de establecer un eje alternativo a su diplomacia centrada en EE. UU. [4][15]. Sin embargo, el hecho de que Canadá reanudara el diálogo en el sector de la defensa es un paso más allá de la normalización de las relaciones de Europa, centrada en la economía.

La pregunta planteada por el instituto Bruegel —"¿Qué puede hacer la política comercial europea sin EE. UU. y China?"— es directamente relevante para los movimientos actuales de Canadá [FUENTE OMITIDA]. La propia Europa tiene experiencia en la búsqueda de alternativas al orden comercial centrado en EE. UU., y esta experiencia puede funcionar como un lenguaje común en las negociaciones para profundizar su relación con Canadá.

4. Variables clave que configuran la evolución futura

La primera variable es la intensidad de la respuesta de la administración Trump. Si Washington tomará más represalias después de que entren en vigor los aranceles de represalia de Canadá determinará el curso futuro de los acontecimientos [1][10][17]. Un medio de comunicación chipriota informó que funcionarios canadienses advirtieron: "si Washington aumenta los aranceles, podrían seguir más represalias" [16]. La distribución de probabilidad entre el escenario de limbo prolongado y el escenario de ruptura total cambiará dependiendo del nivel de la respuesta de EE. UU.

La segunda variable es la velocidad a la que las negociaciones con la UE entren en una fase de institucionalización sustantiva. La clave es si el anuncio de la presidenta de la Comisión, von der Leyen, el 16 de septiembre, sigue siendo una retórica simbólica o conduce a un marco de acuerdo concreto [7]. El EAI evaluó que el canal europeo de Canadá "tiene el potencial de superar un nivel simbólico y entrar en una fase de institucionalización" [3], pero la realización de esta institucionalización también depende de la coordinación de intereses dentro de Europa.

La tercera variable es el ritmo de expansión de las relaciones entre China y Canadá y la reacción de EE. UU. El punto crucial es si la reanudación de las conversaciones de defensa conducirá a una expansión de los intercambios económicos o seguirá siendo un gesto simbólico. El tono del Global Times sugiere que Pekín tiene la intención de gestionar esta relación con cautela [15], pero el margen de maniobra de Canadá podría cambiar dependiendo de cómo lo perciba EE. UU. Como el primer ministro Carney todavía afirma que desea un acuerdo con EE. UU. que sea "beneficioso para ambos países" [11], aún no es seguro si el fortalecimiento de los lazos con Europa y China es una palanca para las negociaciones con EE. UU. o un cambio de política fundamental.

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El contenido posterior al análisis de escenarios está disponible con créditos.

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*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.

Este informe es un análisis en profundidad planificado por un investigador de EAI, basado en una investigación rigurosa asistida por IA y redactado en su versión final por el investigador de EAI.

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