El establecimiento de puntos de apoyo militares por parte de Rusia en seis bases aéreas libias y el cambiante panorama de seguridad del Mediterráneo meridional
Resumen ejecutivo
Con su acceso a las bases de Hmeimim y Tartus en Siria en peligro por el colapso del régimen de Asad, Rusia está aprovechando su relación de cooperación existente con la facción de Haftar en el este de Libia para establecer centros logísticos alternativos. Está desplegando sistemas de defensa antiaérea, cazas MiG-29 y drones en seis bases, incluida Jufra. Este acontecimiento se desarrolla en medio de un vacío de poder interno en Libia, caracterizado por la división entre el Gobierno de Unidad Nacional (GUN) y el Ejército Nacional Libio (ENL), y se está consolidando en una estructura que será difícil de revertir a corto plazo debido a la alta dependencia de la facción de Haftar de la tecnología rusa. En los próximos 6 a 12 meses, el escenario más probable (55 % de probabilidad) es una continuación gradual de la tendencia actual; sin embargo, no se puede descartar un escenario pesimista (30 % de probabilidad) en el que los problemas de derechos humanos asociados a las organizaciones paramilitares rusas se extiendan a Libia. La comunidad internacional debería priorizar la prevención de un mayor fortalecimiento militar de estas bases y presionar por la transparencia, en lugar de exigir una retirada completa. También es necesario fusionar los debates sobre la crisis del agua y la agenda climática con la cuestión de la presencia militar extranjera en un diálogo integrado. Aunque la exposición directa de Corea del Sur es baja, debería seguir vigilando las tendencias de las redes de defensa antiaérea mediante consultas entre agencias de inteligencia, considerando el impacto indirecto en la logística marítima del Mediterráneo y la estabilidad de las cadenas de suministro de energía.
I. Análisis de la cuestión
El establecimiento de puntos de apoyo militares por parte de Rusia en seis bases aéreas libias: un análisis de la situación
1. Antecedentes y desarrollos
Libia carece de un gobierno central unificado desde la caída del régimen de Gadafi en 2011. El país está efectivamente dividido entre el Gobierno de Unidad Nacional (GUN) en Trípoli y las fuerzas del señor de la guerra Jalifa Haftar, con base en la ciudad oriental de Bengasi. Rusia mantiene una larga relación de cooperación con la facción oriental en esta estructura dividida, concretamente con el bando de Jalifa Haftar, que lidera el Ejército Nacional Libio (ENL). Esto comenzó con el Grupo Wagner proporcionando tropas y equipamiento a las fuerzas de Haftar a partir de 2019.
Las seis bases identificadas por el Foro de Defensa de África (ADF) son Jufra, al-Khadim, Ghardabiya, Brak al-Shati, Maaten al-Sarra y Tamanhint [1]. Todas ellas están dispersas por el centro, el este y el sur de Libia. Este despliegue no fue un acontecimiento repentino, sino más bien una expansión que se basa en la infraestructura acumulada desde el período de las actividades de Wagner. El informe del ADF respaldó esta conclusión citando datos satelitales del proyecto Tearline de la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial de Estados Unidos (NGA) [1].
Paralelamente, en Kufra, en el sureste de Libia, la Agencia Nacional de Desarrollo (NDA) está supervisando la instalación de sistemas de gestión de equipajes y de pasajeros en el Aeropuerto Internacional de Kufra [10]. Aunque se presenta como un proyecto de infraestructura puramente civil, el hecho de que la modernización del aeropuerto en la región fronteriza del sur se produzca simultáneamente con otros acontecimientos pone de relieve la reevaluación del valor estratégico de toda la infraestructura aérea de la región.
2. Situación actual
Según el informe del ADF, en las seis bases se ha detectado equipamiento militar, sistemas de defensa antiaérea, cazas MiG-29 y drones [1]. También se identificó a personal militar ruso y a miembros de organizaciones afiliadas a Rusia [1]. Esto puede interpretarse como una prueba de que Rusia está estableciendo de manera efectiva puntos de apoyo alternativos y suplementarios en la costa meridional del Mediterráneo en Libia, ya que su acceso a las bases de Hmeimim y Tartus en Siria se ha vuelto incierto tras el colapso del régimen de Asad.
Dentro de Libia, esta cuestión tiende a tratarse por separado de otros riesgos de seguridad. En vísperas de una sesión informativa del Consejo de Seguridad de la ONU, ocho países —Colombia, Dinamarca, Francia, Grecia, Letonia, Liberia, Panamá y el Reino Unido— emitieron una declaración conjunta advirtiendo que la crisis del agua y el cambio climático amenazan la estabilidad de Libia [14]. La declaración señalaba que el agotamiento de los acuíferos y el envejecimiento de la red de abastecimiento de agua (el proyecto del Gran Río Artificial) podrían exacerbar los conflictos internos y debilitar las instituciones estatales [14]. Esto indica que, a nivel internacional, los debates sobre los riesgos en Libia avanzan por vías paralelas: una relativa al agua y el clima, y otra a la presencia de tropas extranjeras. Ambas cuestiones tienen la misma causa fundamental: la división entre el GUN y el ENL.
3. Actores e intereses clave
Rusia tiene interés en utilizar Libia como un centro logístico que conecte el Mediterráneo, el Sahel y África Occidental. Asegurar una ruta de acceso a la costa de África Occidental se ha vuelto más crítico desde que se debilitó su acceso a las bases sirias. En Malí, Human Rights Watch (HRW) acusó recientemente al Africa Corps de matar a nueve civiles, entre ellos cuatro niños [13]. Esto demuestra que las organizaciones paramilitares rusas, reorganizadas de Wagner en el Africa Corps, están causando repetidamente problemas de derechos humanos mientras realizan operaciones con las fuerzas nacionales en todo el Sahel. Es muy probable que las seis bases en Libia funcionen como bases de retaguardia para apoyar estas operaciones en el Sahel.
La facción de Haftar/ENL ha considerado durante mucho tiempo el apoyo ruso como una piedra angular de su seguridad y poder militar. La inversión rusa en infraestructuras en las bases orientales refuerza la posición negociadora de la facción de Haftar. En contraste, el GUN con sede en Trípoli es muy probable que considere la militarización de estas bases orientales como un hecho consumado desfavorable en las negociaciones para un gobierno unificado.
Estados Unidos está llevando esta cuestión a la atención pública mediante la divulgación de datos satelitales a través del proyecto Tearline de la NGA [1]. Esto está en consonancia con su respuesta a las amenazas híbridas rusas en Europa. Sigue un patrón similar al incidente con drones en el aeropuerto de Leipzig en Alemania y a los indicios de sabotaje en el Báltico y Europa del Este, donde las agencias de inteligencia estadounidenses han señalado la implicación rusa [2]. Sin embargo, al igual que el gobierno alemán se ha abstenido de una atribución pública por temor a repercusiones diplomáticas [2], el ritmo de respuesta de los países occidentales sobre la cuestión de Libia puede variar.
Los ocho miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (Colombia, Dinamarca, Francia, Grecia, Letonia, Liberia, Panamá y el Reino Unido) han identificado a grandes rasgos las causas de la inestabilidad en Libia, incluyendo factores no militares como la crisis del agua y el cambio climático [14]. Este enfoque puede interpretarse como un esfuerzo por abordar la presencia de tropas extranjeras no como un punto independiente en la agenda del Consejo de Seguridad, sino como parte de la vulnerabilidad general del país.
4. Cuestiones clave
La primera cuestión es la fiabilidad de la verificación. Las pruebas del informe del ADF se basan en el análisis de imágenes por satélite utilizando datos de una agencia del gobierno estadounidense [1]. Hasta la fecha, no ha habido confirmación oficial por parte del gobierno ruso ni del ENL. Este es un patrón recurrente que también se observa en casos de amenazas híbridas en Europa. Estados Unidos se apresura a señalar la implicación rusa, pero los gobiernos de los países afectados a menudo se abstienen de una confirmación oficial, lo que crea una asimetría [2].
La segunda cuestión es el afianzamiento de la estructura política dividida de Libia. El hecho de que la mayoría de las seis bases estén situadas en el este, centro y sur del país indica que la implicación militar de Rusia está sesgada hacia una facción específica (el ENL). Esto podría distorsionar el equilibrio militar en futuras negociaciones para un gobierno unificado.
La tercera cuestión es el alcance de las repercusiones regionales. Es probable que las bases libias estén vinculadas a las operaciones del Africa Corps en la región del Sahel. Si las matanzas de civiles confirmadas en Malí [13] y la expansión de los puntos de apoyo en Libia no son cuestiones separadas, sino que están conectadas dentro de una única red logística y operativa, el problema se agrava. La esfera de influencia militar de Rusia, que se extiende desde el norte de África hasta el Sahel, se consideraría entonces como una reconfiguración del propio panorama de seguridad del Mediterráneo.
II. Análisis en profundidad
El establecimiento de puntos de apoyo militares por parte de Rusia en seis bases aéreas libias: un análisis en profundidad
1. Análisis de las causas fundamentales
La condición principal que permitió a Rusia expandir su presencia militar en Libia es la ausencia de un Estado libio funcional. Desde la caída del régimen de Gadafi en 2011, ninguna facción ha sido capaz de ejercer una soberanía exclusiva sobre todo el país. Este vacío de poder ha proporcionado una oportunidad para los actores externos. El Ejército Nacional Libio (ENL), liderado por Haftar, necesitaba mantener su fuerza militar sin legitimidad internacional, lo que creó una demanda de un patrocinador externo. Rusia respondió a esta demanda proporcionando tropas, equipamiento y financiación, comenzando con el despliegue del Grupo Wagner en 2019.
Sin embargo, los factores internos libios por sí solos no pueden explicar esta reciente expansión. Un detonante más directo fue el hecho de que el acceso de Rusia a sus bases de Hmeimim y Tartus se viera amenazado por el colapso del régimen de Asad en Siria. Para la marina y la fuerza aérea rusas, la pérdida de sus puntos de apoyo en el Mediterráneo oriental hizo necesario un rediseño de sus líneas logísticas que conectan el Mediterráneo, el mar Rojo y el océano Atlántico. Libia es una de las pocas alternativas que pueden llenar geográficamente este vacío. Esto se debe a que está situada en la costa sur del Mediterráneo y, al mismo tiempo, ofrece rutas de acceso terrestre al Sahel y a África Occidental. En otras palabras, la expansión a estas seis bases no es tanto el resultado de un aumento repentino del valor estratégico propio de Libia, sino más bien una consecuencia de que Libia fuera elegida mientras Rusia buscaba reemplazar las capacidades que perdió en Siria.
2. Contexto estructural
Estructura política: Durante más de ocho años, Libia ha mantenido una estructura de poder dual, dividida entre el Gobierno de Unidad Nacional (GUN) en Trípoli y el ENL con sede en Bengasi. Esta estructura ha persistido a pesar de múltiples procesos de unificación liderados por la ONU. Rusia se ha posicionado firmemente no como un mediador neutral, sino como un patrocinador de la facción oriental. Esto crea una situación en la que, incluso si las conversaciones de unificación avanzan, la disposición de los activos militares rusos seguirá siendo inevitablemente un punto separado en la agenda de negociación. La coexistencia de Turquía, que ha apoyado al GUN, y Rusia, que apoya al ENL, ha afianzado el territorio libio como un escenario permanente para el conflicto por delegación entre grandes potencias.
Estructura económica: En el sureste de Libia, la Agencia Nacional de Desarrollo (NDA) está supervisando la instalación de sistemas de gestión de equipajes y de pasajeros en el aeropuerto de Kufra [10]. Aunque aparentemente es un proyecto de infraestructura de aviación civil, el hecho de que la modernización del aeropuerto en la región fronteriza del sur se produzca al mismo tiempo que la expansión de las seis bases militares sugiere que la infraestructura aeroportuaria de Libia en su conjunto está siendo reevaluada como activos de doble uso. En una estructura en la que las finanzas del gobierno libio dependen abrumadoramente de las exportaciones de petróleo, la inversión en infraestructuras por parte de potencias externas tiene un doble efecto: cubre los déficits fiscales al tiempo que cede el control efectivo de esas instalaciones a fuerzas externas.
Estructura de seguridad: En vísperas de una sesión informativa del Consejo de Seguridad de la ONU, ocho países —Colombia, Dinamarca, Francia, Grecia, Letonia, Liberia, Panamá y el Reino Unido— emitieron una declaración conjunta advirtiendo que la crisis del agua y el cambio climático amenazan la estabilidad de Libia [14]. La declaración señalaba que el agotamiento de los acuíferos y el deterioro del sistema del Gran Río Artificial exacerban los conflictos por los recursos entre regiones y debilitan las instituciones estatales [14]. Aunque las cuestiones de la presencia militar extranjera y la crisis hídrica/climática se están tratando como agendas separadas, ambas provienen de la misma causa fundamental: la división entre el GUN y el ENL. Cuanto más débiles son las instituciones estatales, mayor es la dependencia de patrocinadores militares externos, lo que a su vez crea un círculo vicioso que debilita el incentivo para la unificación nacional.
3. Precedentes históricos y casos comparativos
El establecimiento de un punto de apoyo por parte de Rusia en Libia es una repetición de su modelo sirio. Cuando Rusia intervino en la guerra civil siria en 2015, se aseguró la base aérea de Hmeimim y la base naval de Tartus proporcionando apoyo militar a una facción específica, el régimen de Asad. Durante la siguiente década, estas dos bases sirvieron como activos clave para la estrategia de Rusia en Oriente Medio y el Mediterráneo. Sin embargo, el colapso del régimen de Asad a finales de 2024 ha puesto en jaque la propia sostenibilidad de estos activos. Desde la perspectiva de Rusia, la expansión a seis bases en Libia puede verse como una lección aprendida de la vulnerabilidad del modelo sirio, que dependía enteramente de un único régimen para sus activos militares. Dispersar sus puntos de apoyo en seis bases es probablemente una medida para mitigar el riesgo de perder el apoyo de una única facción política o una única instalación.
El caso de Malí sirve como punto de referencia para los efectos secundarios negativos de la expansión militar rusa. El Africa Corps está acusado de matar a nueve civiles, entre ellos cuatro niños, en Malí el mes pasado [13]. Esto ocurrió un mes después de otro incidente en el que un ataque aéreo mató a varias personas [13]. Human Rights Watch (HRW) declaró que este incidente tuvo lugar en presencia del ejército maliense [13]. El hecho de que las organizaciones paramilitares rusas, reorganizadas de Wagner en el Africa Corps, estén causando repetidamente problemas de derechos humanos en la región del Sahel sugiere una alta probabilidad de que un patrón similar se repita en Libia. La estructura en la que el gobierno anfitrión debe asumir costes crecientes en los ámbitos de los derechos humanos y la gobernanza a cambio del apoyo militar ruso es una característica común observada tanto en Malí como en Libia.
Una comparación con los casos de amenazas híbridas en Europa aclara la naturaleza de este establecimiento de puntos de apoyo en Libia. El incidente con drones en el aeropuerto de Leipzig en Alemania y el sabotaje de infraestructuras en los Estados bálticos [2] se asemejan más a operaciones de zona gris con las que Rusia busca compensar sus desventajas en el frente ucraniano creando perturbaciones en la retaguardia. En cambio, la expansión de bases en Libia es de naturaleza diferente, ya que implica la acumulación abierta y física de activos militares en lugar de una perturbación encubierta. Esto sugiere que Rusia está aplicando una estrategia dual: emplear una presión asimétrica que evite el conflicto directo en Europa, al tiempo que asegura puntos de apoyo comparables a las fuerzas militares regulares en África.
4. Variables clave que configuran los desarrollos futuros
En primer lugar, la trayectoria del proceso de unificación política interna de Libia. Si la formación de un gobierno unificado o la celebración de elecciones entre el GUN y el ENL se convierte en una perspectiva tangible, el estatus de los activos militares rusos se verá inevitablemente sometido a una renegociación con el nuevo gobierno. Por el contrario, cuanto más se afiance la actual estructura dividida, más probable será que el uso de las bases por parte de Rusia se convierta en un hecho consumado.
En segundo lugar, el nivel de divulgación de datos satelitales por parte de las agencias de inteligencia estadounidenses. El propio informe del ADF se basó en datos del proyecto Tearline de la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial [1]. El que Estados Unidos continúe publicando dicha información o ajuste el nivel de divulgación en función de la política de la administración Trump hacia Rusia influirá en la formación de la opinión y la respuesta internacionales.
En tercer lugar, cualquier cambio en la dependencia de la facción de Haftar con respecto a Rusia. Si Haftar busca equilibrar sus relaciones fortaleciendo los lazos con otros patrocinadores (como los Emiratos Árabes Unidos y Egipto), la influencia exclusiva de Rusia podría verse limitada. Por el contrario, si las sanciones o la presión occidentales empujan a la facción de Haftar aún más hacia Rusia, el establecimiento de puntos de apoyo militares se acelerará.
En cuarto lugar, la reacción internacional a las actividades del Africa Corps en el Sahel y África Occidental. Si se acumulan los problemas de derechos humanos, como las acusaciones de HRW sobre matanzas de civiles en Malí [13], podría aumentar una vigilancia y una presión similares para la rendición de cuentas con respecto a las actividades militares rusas en Libia. Esto actuaría como una variable que aumenta los costes políticos de la estrategia general de Rusia de establecer puntos de apoyo militares en África.
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Inicia sesión para seguir leyendo*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.
Este informe es un análisis en profundidad planificado por un investigador de EAI, basado en una investigación rigurosa asistida por IA y redactado en su versión final por el investigador de EAI.