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El Pacto de Defensa de La Meca y la formación de un orden de seguridad multipolar en Oriente Medio: evaluación y recomendaciones de política

Categoría
Observación Actual
Publicado
20 de agosto de 2026
Ilustración

Resumen ejecutivo

Tras la guerra entre Irán e Israel de febrero de 2026, Arabia Saudí, Turquía y Pakistán firmaron un pacto de defensa mutua en La Meca el 7 de agosto de 2026, que contenía una cláusula similar al Artículo 5 de la OTAN. Este surgió de un contexto estructural definido por la revolución del esquisto en Estados Unidos, que redujo su dependencia del petróleo del Golfo, y los persistentes ataques de Irán y las fuerzas hutíes. Es el resultado de una reevaluación pública de la credibilidad de los compromisos de seguridad de Washington. La continuación de los ataques de Irán y los hutíes desde la firma del pacto, junto con el hecho de que su texto oficial no ha sido publicado, indica que el acuerdo permanece en la etapa de disuasión declaratoria. Considerando la estructura de doble alianza de Turquía con la OTAN, las limitaciones de Pakistán relacionadas con la India y el FMI, y la participación diferida de Egipto, el escenario más probable (55 % de probabilidad) es que el pacto funcione como una señal disuasoria simbólica en lugar de un sistema de intervención automática al estilo de la OTAN. Corea del Sur necesita cambiar su marco de evaluación de riesgos de seguridad en el Golfo de un modelo unipolar centrado en Estados Unidos a uno multipolar, tener en cuenta la entrada de empresas de defensa turcas y pakistaníes en el mercado del Golfo como una variable competitiva, y adoptar un enfoque de doble vía que supervise los riesgos en el Estrecho de Ormuz y el Mar Rojo por separado de la verificación de la efectividad del pacto.

I. Análisis de la situación

El Pacto de Defensa de La Meca: un intento de formar un orden de seguridad multipolar en Oriente Medio

1. Antecedentes y desarrollo

Los sistemas de seguridad colectiva en Oriente Medio tienen un largo historial de fracasos. Según un análisis de Florence Gaub, la Liga Árabe intervino solo en una cuarta parte de todas las disputas entre los Estados de la región. Su tasa de éxito en estas intervenciones fue de apenas un 20 % [1]. Solo ha habido tres casos en la historia en los que las acciones de la Liga Árabe condujeron a medidas de seguridad colectiva: la intervención en la Guerra Civil de Yemen de 1962 a 1967, la respuesta a la amenaza de Irak contra Kuwait en 1961 y la reacción a la invasión de Kuwait por Sadam Huseín en 1990 [1].

En este contexto de fracaso, el 28 de febrero de 2026 estalló la guerra cuando Israel y Estados Unidos lanzaron ataques aéreos sobre Irán. Irán y sus fuerzas aliadas dispararon misiles contra los países productores de petróleo del Golfo, incluida Arabia Saudí [2]. Los rebeldes hutíes de Yemen también reanudaron sus ataques contra Arabia Saudí [2][8]. En este proceso, los países del Golfo comenzaron a reevaluar la credibilidad de los compromisos de seguridad de Estados Unidos [2].

Esta reevaluación no fue un acontecimiento repentino. Tras la revolución del esquisto en Estados Unidos, la proporción de crudo del Golfo en las importaciones de petróleo de EE. UU. cayó del 25 % en 2014 a aproximadamente el 8 % en 2025 [2][5]. El incentivo económico de Washington para proteger el Estrecho de Ormuz ya se había visto estructuralmente disminuido. En medio de este vacío de seguridad percibido, Arabia Saudí, Turquía y Pakistán firmaron un pacto de defensa mutua en La Meca el 7 de agosto de 2026 [2][5][8]. El acuerdo es una versión ampliada del Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua (SMDA, por sus siglas en inglés) bilateral firmado por Riad e Islamabad en septiembre de 2025 [13].

2. Situación actual

Los ataques de Irán y los hutíes han continuado incluso después de la firma del pacto. Esto pone de relieve la brecha entre la disuasión declaratoria del pacto y la integración militar real [8]. El texto oficial del acuerdo aún no ha sido publicado. No obstante, los informes han confirmado que incluye una cláusula de defensa colectiva similar al Artículo 5 de la OTAN, que estipula que un ataque armado contra un signatario se considera un ataque contra todos [3][6][9]. Los signatarios fueron el príncipe heredero y primer ministro saudí Mohamed bin Salmán, el presidente turco Erdoğan y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif [13][14].

Se está discutiendo la posibilidad de una participación ampliada de países como Egipto, Catar, Jordania y Azerbaiyán. En una entrevista con Al Jazeera, el presidente Erdoğan mencionó a Egipto como uno de los candidatos que podrían unirse al pacto [16]. Sin embargo, el gobierno egipcio ha reservado su posición oficial, lo que limita la probabilidad de que esto conduzca a una institucionalización a corto plazo.

Estados Unidos ha adoptado una postura pública de bienvenida al pacto. El presidente Trump declaró en las redes sociales que observó "con gran placer" cómo Arabia Saudí, Turquía y Pakistán firmaban el acuerdo. Añadió comentarios en el sentido de que Oriente Medio se estaba moviendo en una dirección en la que podría garantizar su propia seguridad [15]. Esto puede verse como una respuesta coherente con la política existente de Washington de distribuir la carga de la seguridad regional.

Inmediatamente después de la firma del pacto, Israel intentó fortalecer sus lazos con la India. En las 72 horas siguientes a la firma, el primer ministro Netanyahu habló con el primer ministro Modi, instando a una cooperación reforzada con Grecia, Chipre del Sur, la India y los EAU [9]. Esto se alinea con las preocupaciones de Nueva Delhi de que el Pacto de La Meca podría, a través de Pakistán, convertir a la India en un posible objetivo de contención.

3. Actores clave y posturas

Arabia Saudí ha tomado medidas para asegurar su autonomía estratégica en un contexto de decreciente confianza en el paraguas de seguridad de EE. UU. Arab News describió el pacto como un "paso hacia la autosuficiencia estratégica". Lo caracterizó como una nueva alineación que complementa, en lugar de reemplazar, el sistema de seguridad existente [11]. El acuerdo había estado en discusión durante años, pero su firma coincidió con los conflictos en curso en los corredores energéticos, una guerra que ha tenido el mayor impacto en la economía global desde la crisis del petróleo de 1973-74 [11].

Turquía es un actor que busca expandir su influencia regional. Deutsche Welle (DW) analizó que el gobierno de Erdoğan persigue un papel regional más importante a través de este pacto [7]. Sin embargo, Turquía se enfrenta a una estructura de doble alianza como miembro de la OTAN. Se ha señalado que un conflicto entre Israel y Turquía en Siria o el Mediterráneo Oriental podría teóricamente crear una situación en la que Arabia Saudí y Pakistán tendrían que acudir en defensa de Turquía [3].

Pakistán tiene la intención de convertir sus lazos militares de larga data con Arabia Saudí en una influencia estratégica más amplia [7]. El periódico Dawn describió el pacto como una red de seguridad destinada a garantizar su propia seguridad sin distanciarse de Estados Unidos ni inclinarse hacia China [4]. También se evalúa que una amenaza para Pakistán se ha transformado ahora en una carga triple que involucraría a Arabia Saudí y Turquía. Esta dinámica se aplica igualmente a Irán [4].

La India observa de cerca las posibles repercusiones del pacto. DW examinó si Nueva Delhi tiene motivos para preocuparse por la expansión de la relación militar de larga data entre Pakistán y Arabia Saudí hacia una alianza estratégica más amplia que ahora incluye a Turquía [7]. Daily Sabah interpretó el movimiento de Israel para cortejar a la India inmediatamente después de la firma del pacto como una "advertencia a las fuerzas que planean un ataque preventivo" [9].

Aunque la administración estadounidense acogió con satisfacción el pacto, algunos lo ven como el fin del orden regional liderado por Estados Unidos. El Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) evaluó el acuerdo como un evento que demuestra el "fin del orden liderado por EE. UU. en Oriente Medio" [3]. El mensaje de bienvenida del presidente Trump puede verse como una extensión natural del hecho de que la Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia de Defensa Nacional de EE. UU. ya no consideran a Oriente Medio una región de interés central, lo que equivale a un reconocimiento de la realidad de que Washington ya no es el único garante de la seguridad del Golfo [15].

4. Cuestiones centrales

La mayor cuestión gira en torno a la efectividad del pacto. Aunque se ha mencionado una cláusula de intervención automática al estilo de la OTAN, el texto oficial no ha sido publicado. Los órganos de coordinación política y militar también se encuentran todavía en sus etapas iniciales. El hecho de que los ataques de Irán y los hutíes hayan continuado desde la firma del pacto sugiere que este se acerca más a una señal disuasoria simbólica [8].

El potencial de expansión y el nivel de institucionalización también son cuestiones clave. Se habla de la participación de Egipto, Catar, Jordania y Azerbaiyán, pero incluso Egipto ha reservado su posición oficial. Es incierto si evolucionará hacia un sistema de defensa colectiva multilateral o si permanecerá como un vínculo tripartito simbólico.

Las limitaciones estructurales, como la condición de Turquía como miembro de la OTAN y las restricciones de Pakistán relacionadas con la India y el FMI, también actúan como obstáculos para una integración militar sustantiva. No se puede descartar la posibilidad de que las tensiones potenciales entre Israel y Turquía entren en conflicto con la cláusula de intervención automática del pacto.

La respuesta de la India es otra variable clave. Si el cortejo de Netanyahu a la India y el intento de formar un contra-eje que incluya a Grecia, Chipre del Sur y los EAU se traducirán en una política real, y hasta qué punto Nueva Delhi se acomodará a esto, será un barómetro para medir el impacto regional del pacto.

II. Análisis en profundidad

El Pacto de Defensa de La Meca: un intento de formar un orden de seguridad multipolar en Oriente Medio – Análisis en profundidad

1. Análisis de la causa raíz

El catalizador del Pacto de La Meca fueron los ataques aéreos de Israel y Estados Unidos sobre Irán el 28 de febrero de 2026. Estos ataques iniciaron la guerra entre Irán e Israel [2][10]. Irán y sus fuerzas aliadas lanzaron misiles contra los países productores de petróleo del Golfo, incluida Arabia Saudí. Los rebeldes hutíes de Yemen también reanudaron los ataques contra Arabia Saudí [2][8]. Esta fue una situación en la que los países del Golfo quedaron expuestos a una amenaza militar directa.

En esta fase, lo que los países del Golfo confirmaron fue la ausencia de una intervención estadounidense inmediata. Incluso en una guerra a gran escala con Irán, Washington no garantizó automáticamente la defensa de los productores de petróleo del Golfo [2][5]. A través de esta experiencia, Arabia Saudí y otros Estados de la región comenzaron a reevaluar la efectividad del paraguas de seguridad de EE. UU.

La causa raíz no se limita a una percepción de amenaza puntual. La reevaluación de la confianza por parte de los Estados del Golfo es el resultado de cambios estructurales acumulativos [2][5]. Es más exactamente una manifestación de una percepción —que los compromisos de seguridad de EE. UU. ya no poseen su automaticidad anterior— que ha surgido a raíz de esta guerra.

2. Contexto estructural

Estructura económica: el declive de la dependencia de las importaciones de petróleo

La revolución del esquisto en Estados Unidos es una variable fundamental en el panorama de seguridad del Golfo. La proporción de crudo del Golfo en las importaciones de petróleo de EE. UU. cayó del 25 % en 2014 a aproximadamente el 8 % en 2025 [2][5]. En efecto, el incentivo económico de Washington para defender el Estrecho de Ormuz ha disminuido estructuralmente. Desde la perspectiva de los países del Golfo, esto respalda el juicio de que EE. UU. tiene menos incentivos que antes para proyectar poder militar en la región por su propia seguridad energética.

Este cambio estructural también se confirma por la reacción de la administración Trump. El presidente Trump acogió públicamente el Pacto de La Meca, evaluando que Oriente Medio se estaba moviendo en una dirección en la que podría "garantizar su propia seguridad" [15]. Esto es coherente con la política existente de Washington de distribuir la carga de la seguridad regional. Este interés estructural subyace a la actitud de apoyo, en lugar de contención, de Washington hacia el pacto.

Estructura política: intereses divergentes de los actores individuales

Los cálculos de los participantes del Pacto de La Meca difieren. Arabia Saudí buscó asociaciones de seguridad adicionales en respuesta a la decreciente credibilidad del paraguas de seguridad de EE. UU. [7]. Turquía se encuentra en una posición de buscar un papel más importante en la región [7]. Pakistán tiene la intención de convertir su relación militar de larga data con Arabia Saudí en una influencia estratégica más amplia [7]. El hecho de que las motivaciones de los tres países para unirse no coincidan es un factor estructural que limita la cohesión del pacto.

En el caso de Turquía, existe una estructura de doble alianza entre su membresía en la OTAN y el nuevo pacto. Pakistán se enfrenta a una dinámica de confrontación con la India y a restricciones financieras bajo un programa del FMI. Estos dos factores son condiciones estructurales que aumentan la probabilidad de que el pacto siga siendo una señal simbólica en lugar de evolucionar hacia una integración militar sustantiva [2][5].

Estructura de seguridad: la amenaza persistente de Irán y los hutíes

Los ataques de Irán y los hutíes han continuado incluso después de la firma del pacto [8]. Esto demuestra la brecha entre la disuasión declaratoria y las capacidades de defensa reales. Los hutíes, como proxy iraní, continúan los ataques en el Mar Rojo y el Estrecho de Bab el-Mandeb [8]. Irán, que tiene una carta de negociación en el Estrecho de Ormuz, está utilizando a los hutíes como una palanca de bajo coste para mantener su poder de negociación sin rastro de implicación directa [8]. La evaluación de que el Pacto de La Meca se acerca más a una señal simbólica que no llega a ser una cláusula de intervención automática al estilo de la OTAN gana más credibilidad ante estos ataques continuos [8].

3. Precedentes históricos y casos comparativos

La baja tasa de éxito de la Liga Árabe

Según un análisis de Florence Gaub, la Liga Árabe intervino solo en una cuarta parte de todas las disputas entre los Estados de la región. Su tasa de éxito en estas intervenciones fue de apenas un 20 % [1]. Solo ha habido tres casos en la historia en los que las acciones de la Liga Árabe condujeron a medidas de seguridad colectiva. La intervención en la Guerra Civil de Yemen de 1962 a 1967 ocurrió solo después de que Egipto retiró voluntariamente sus tropas. La respuesta a la amenaza de Irak contra Kuwait en 1961 y la reacción a la invasión de Kuwait por Sadam Huseín en 1990 son los otros dos casos [1].

Esta historia muestra una tendencia de los sistemas de defensa colectiva árabes a ser neutralizados por conflictos de intereses entre los Estados miembros. Lo que distingue al Pacto de La Meca de la Liga Árabe es su composición. Arabia Saudí, Turquía y Pakistán han optado por un acuerdo minilateral separado fuera del sistema de la Liga Árabe. Esto puede interpretarse como un intento de eludir el historial de fracasos de las organizaciones multilaterales existentes.

Comparación con el Artículo 5 de la OTAN y sus limitaciones

Se sabe que el Pacto de La Meca contiene un lenguaje similar al Artículo 5 de la OTAN, que estipula que un ataque armado contra un signatario se considera un ataque contra todos [3][6][9]. Sin embargo, existen diferencias cruciales con la OTAN. El texto oficial del acuerdo aún no ha sido publicado, y sus órganos de coordinación política y militar permanecen en sus etapas iniciales [5]. La OTAN ha pasado décadas construyendo una estructura de mando integrada, sistemas de armas estandarizados y un sistema de ejercicios conjuntos regulares. El Pacto de La Meca ha comenzado a nivel de una declaración política sin tal infraestructura institucional.

Una extensión del SMDA saudí-pakistaní

El Pacto de La Meca es menos una creación sin precedentes y más una extensión de una relación bilateral existente. Riad e Islamabad ya habían firmado un Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua (SMDA) en septiembre de 2025. El Pacto de La Meca es una versión de este acuerdo bilateral con la adición de Turquía [13]. A este respecto, el pacto puede verse no como una arquitectura de seguridad completamente nueva, sino como un proceso de multilateralizar un eje bilateral existente.

4. Variables clave que configuran la evolución futura

Participación efectiva de países adicionales

El presidente Erdoğan ha mencionado a Egipto como uno de los candidatos que podrían unirse al pacto [16]. También se ha mencionado a Catar, Jordania y Azerbaiyán. Sin embargo, incluso Egipto ha reservado su posición oficial [5]. Que esta participación ampliada se materialice es un indicador clave de si el pacto puede pasar de ser una declaración simbólica a una institución multilateral sustantiva.

Continuación e intensidad de los ataques de Irán y los hutíes

El hecho de que los ataques hayan continuado desde la firma del pacto es una variable ya confirmada [8]. La cuestión clave es si la intensidad y el alcance de los ataques se ampliarán. Si las negociaciones entre Irán y Omán sobre el Estrecho de Ormuz se rompen, no se puede descartar un escenario en el que los ataques se extiendan a la infraestructura en todo el este de Arabia Saudí [8]. En ese caso, la efectividad del pacto se pondrá a prueba.

La respuesta de la India y la formación de un contra-eje por parte de Israel

En las 72 horas siguientes a la firma del pacto, el primer ministro Netanyahu habló con el primer ministro Modi, instando a una cooperación reforzada con Grecia, Chipre del Sur, la India y los EAU [9]. Esto puede verse como la respuesta inmediata de Israel al Pacto de La Meca. La participación de Pakistán en el pacto es en sí misma una preocupación de seguridad para la India [7][13]. La medida en que la India responda al eje de cooperación propuesto por Israel será una variable que determinará si se formará un contra-bloque que abarque Asia del Sur y el Mediterráneo Oriental.

Continuidad de la postura política de EE. UU.

La administración Trump mantiene actualmente una postura de bienvenida hacia el pacto [15]. Si esta actitud se mantiene, o si la política cambia si se considera que el pacto está erosionando sustantivamente la influencia regional de EE. UU., sigue siendo una variable. Un cambio en la postura de Washington, junto con la cuestión de la doble membresía de Turquía en la OTAN, podría afectar la sostenibilidad a largo plazo del pacto.

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*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.

Este informe es un análisis en profundidad planificado por un investigador de EAI, basado en una investigación rigurosa asistida por IA y redactado en su versión final por el investigador de EAI.

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