El rechazo de Netanyahu al plan de paz de Trump para Gaza: análisis del contexto y las repercusiones
Resumen general
El rechazo del primer ministro Netanyahu al orden de retirada-desarme establecido en la hoja de ruta de paz para Gaza de la administración Trump no constituye una táctica de negociación, sino una cuestión estructural en la que se entrelazan la arquitectura de la coalición de gobierno israelí y la supervivencia política personal de Netanyahu. Debido al riesgo de que socios de coalición de extrema derecha como Ben Gvir y Smotrich abandonen el gobierno, y a la limitación política que representa el juicio por corrupción de Netanyahu, es poco probable que este retire la condición previa del desarme. En los próximos meses, lo más probable es que se prolongue un estancamiento sin un avance claro, y la intensidad de los bombardeos de las fuerzas armadas israelíes se convertirá en el indicador clave para medir cualquier cambio en la fase negociadora. El gobierno y las empresas de Corea del Sur deben monitorear en paralelo los dos escenarios posibles —escalada y estancamiento— y hacer un seguimiento independiente del riesgo en las rutas del Mar Rojo y de la evolución del debate sobre ayuda militar en el Congreso de Estados Unidos.
I. Análisis de la situación del problema
El rechazo de Netanyahu al plan de paz de Trump para Gaza: análisis de la situación del problema
1. Antecedentes y evolución del problema
La guerra de Gaza comenzó con el ataque sorpresa de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023. En ese momento, el primer ministro Netanyahu comparó a Hamás con el Estado Islámico (ISIS) en un discurso ante el parlamento [1]. Hizo un llamamiento a la comunidad internacional para formar una coalición antiterrorista. Esta declaración definió la orientación de la política del gobierno israelí hacia Gaza durante los dos años siguientes.
Desde el inicio de la guerra, Netanyahu fijó como objetivo la expulsión total de Hamás. Este objetivo estaba ligado a necesidades políticas. Antes del estallido de la guerra, ya había sido imputado por cargos de corrupción [2]. Se trata de una estructura en la que, si la guerra termina, inevitablemente resurgirán los debates sobre responsabilidad. El ministro de Seguridad Nacional Ben Gvir y el ministro de Finanzas Smotrich, ambos socios de la coalición de extrema derecha, han ejercido una influencia sustancial en la toma de decisiones políticas [2]. Ambas figuras han mantenido una línea dura, opuesta tanto a la retirada de Gaza como a la subsistencia de Hamás.
La política estadounidense hacia Oriente Medio ha cambiado con los cambios de administración. El gobierno de Biden dio prioridad a evitar la escalada y a estrategias de salida diplomática [2]. Un ejemplo representativo fue la mediación en la frontera libanesa a través del enviado especial Amos Hochstein [2]. Este enfoque chocó con frecuencia con la voluntad israelí de continuar con las acciones militares.
2. Situación actual
El plan de paz para Gaza presentado por el presidente Trump adoptó un enfoque distinto al de la administración anterior. Se entiende que la hoja de ruta establece como condiciones paralelas la retirada gradual de las fuerzas armadas israelíes y el desarme de Hamás. Netanyahu no aceptó este orden. Mantuvo la postura de no retirarse hasta que Hamás estuviera completamente desarmado. Esto define la retirada no como condición previa del desarme, sino como su resultado.
Ante esto, Hamás exigió que Estados Unidos ejerciera presión directa sobre Israel para hacer cumplir la hoja de ruta. La exigencia de Hamás se interpreta como la expectativa de que la administración Trump ejerza una influencia real sobre Israel. Se trata de una solicitud inusual por parte de Hamás respecto del papel mediador de Estados Unidos.
En el mismo momento, las fuerzas armadas israelíes reanudaron los bombardeos sobre la Franja de Gaza. La reanudación de la acción militar en plena fase de negociación demuestra que el gobierno de Netanyahu mantiene la opción militar como una carta viable, independientemente de la presión diplomática. Dentro y fuera del ámbito político se ha evaluado que este rechazo constituye la primera fisura sustancial en la relación entre Trump y Netanyahu. Dado que, desde que la administración Trump asumió el poder, ambos países han coordinado sus posturas en asuntos como la política hacia Irán y la ampliación de los Acuerdos de Abraham, la discrepancia en torno a la hoja de ruta para Gaza se percibe como una situación excepcional.
3. Principales actores y posturas
Gobierno de Netanyahu: mantiene el desarme de Hamás como condición previa a la retirada. La estructura es tal que la supervivencia del gobierno resulta imposible sin el apoyo de los socios de la coalición de extrema derecha [2]. Los intereses políticos relacionados con el próximo juicio por corrupción también contribuyen a sostener la línea dura.
Hamás: exige que Estados Unidos ejerza presión sobre Israel. Se interpreta como un intento de fortalecer su capacidad de negociación mediante la implementación inmediata de la hoja de ruta. Hamás ha reclamado en el pasado la legitimidad de sus acciones militares al destacar la ocupación israelí de Palestina [1].
Administración Trump: presentó un plan de paz para Gaza, pero se ha enfrentado al rechazo de Netanyahu. La cuestión clave a futuro es si ejercerá o no medios de presión sustanciales sobre Israel. El punto de observación es si Washington asumirá el costo político de presionar públicamente a un país aliado.
Fuerzas armadas israelíes: reanudaron los bombardeos con independencia de la fase de negociación. Esto sugiere que existe coincidencia entre el mando militar y el liderazgo político en cuanto a la voluntad de continuar las operaciones militares.
4. Puntos clave del conflicto
El orden entre la retirada y el desarme constituye el punto central de la negociación. La hoja de ruta de Trump parece presuponer una implementación paralela o la retirada previa. Netanyahu, por el contrario, ha establecido como condición ineludible la finalización del desarme antes de la retirada. Esta cuestión del orden no es una simple discrepancia procedimental, sino un asunto sustantivo que determina la subsistencia de Hamás y el futuro rumbo de la gobernanza de Gaza.
También es clave si Estados Unidos ejercerá o no su influencia sobre Israel. Hamás ha solicitado públicamente la intervención de Washington. El punto de inflexión para la implementación futura de la hoja de ruta será si la administración Trump presiona realmente a su aliado Israel o si, en cambio, acepta las condiciones de Netanyahu.
II. Análisis en profundidad del problema
El rechazo de Netanyahu al plan de paz de Trump para Gaza: análisis en profundidad
1. Causa fundamental del problema
El rechazo de Netanyahu no responde a una discrepancia sobre técnica negociadora. La cuestión sobre el orden entre retirada y desarme está directamente ligada a las limitaciones estructurales del sistema político israelí. Netanyahu inició la guerra estando ya imputado por cargos de corrupción [2]. El juicio continúa en curso actualmente. Si la guerra termina, perderá su escudo político. Si la retirada se produce sin haberse alcanzado el objetivo de la expulsión de Hamás, Netanyahu tendrá que asumir tanto la responsabilidad por la tragedia del 7 de octubre como la del fracaso de la negociación. Para él, mantener la condición previa del desarme se acerca más a una estrategia de supervivencia política.
La existencia de socios de coalición de extrema derecha es también uno de los pilares de la causa fundamental. El ministro de Seguridad Nacional Ben Gvir y el ministro de Finanzas Smotrich han ejercido un poder de veto sustancial en el proceso de toma de decisiones políticas [2]. Ninguno de los dos tolera un escenario en el que las fuerzas armadas israelíes se retiren mientras Hamás subsiste como organización. La coalición de Netanyahu pierde la mayoría si estas figuras se retiran. La estructura es tal que aceptar la hoja de ruta de Trump podría desencadenar el colapso de la coalición. Al superponerse el cálculo político personal de Netanyahu con las condiciones de supervivencia de la coalición, la condición previa del desarme de Hamás se ha consolidado no como una carta de negociación, sino como una línea política roja que no admite concesiones.
2. Contexto estructural
Estructura política: el sistema de gobierno de coalición israelí presenta una vulnerabilidad estructural que permite a una minoría de línea dura determinar la orientación general de la política. El partido Likud no puede alcanzar la mayoría por sí solo, y los escaños de los partidos de extrema derecha ejercen el voto decisivo para la continuidad del gobierno. Esta estructura no es esencialmente distinta del patrón observado a finales de la década de 1990, tras los Acuerdos de Oslo, cuando el asesinato de Rabin y el ascenso al poder de Netanyahu marcaron un punto de inflexión [1]. Se repite un panorama político en el que, incluso si llega al poder un sector negociador moderado, las fuerzas de extrema derecha pueden neutralizar el impulso negociador.
Estructura económica: el costo de la reconstrucción de Gaza y la cuestión de establecer un sistema de gobernanza en la posguerra constituyen obstáculos sustanciales para la implementación de la hoja de ruta. Si la retirada de las fuerzas armadas israelíes se produce antes del desarme de Hamás, quedará indefinida la entidad que gobierne la Franja de Gaza en un vacío de poder. Esto está a su vez ligado a la disposición de los países del Golfo a participar en la financiación de la reconstrucción. La cuestión del orden en la hoja de ruta se conecta, en última instancia, con el problema de la gobernanza de la Gaza de posguerra y la distribución de los recursos de reconstrucción.
Estructura de seguridad: se interpreta que la reanudación de los bombardeos por parte de las fuerzas armadas israelíes busca mantener la opción militar en un estado de disponibilidad permanente, incluso durante la fase negociadora. Esto se combina con la lógica de seguridad según la cual, en medio de un enfrentamiento multinivel con Hezbolá y los rebeldes hutíes, Israel no puede permitirse renunciar unilateralmente a la fuerza militar ni siquiera en Gaza [2]. La preocupación de que, sin la disolución total de Hamás, pueda repetirse un ataque sorpresa como el del 7 de octubre se ha consolidado como la postura oficial de las autoridades de seguridad israelíes.
3. Precedentes históricos y comparación con casos similares
El colapso del proceso de paz de Oslo es el precedente más directo. Se firmaron dos acuerdos de Oslo, en 1993 y 1995, pero el impulso negociador se disipó con el asesinato del primer ministro Rabin en 1995 y el ascenso al poder de Netanyahu en 1996 [1]. Posteriormente, el fracaso de la cumbre de Camp David en 2000 y la Segunda Intifada interrumpieron el propio proceso de paz [1]. El hecho de que el patrón de estancamiento en las negociaciones israelí-palestinas se haya repetido en al menos tres ocasiones cada vez que Netanyahu regresa al primer plano político constituye un fundamento para considerar este rechazo a la hoja de ruta no como un evento fortuito, sino como una repetición estructural.
El fracaso de la mediación en la frontera libanesa en 2024 también resulta comparable. La administración Biden intentó, a través del enviado especial Hochstein, contener el conflicto entre Israel y Hezbolá, pero chocó con frecuencia con la voluntad de acción militar del gobierno de Netanyahu [2]. El patrón por el cual el gobierno israelí mantiene sus propias opciones militares, aun cuando la administración estadounidense da prioridad a evitar la escalada, ha persistido con independencia de los cambios de gobierno.
En la fase de la guerra entre Israel e Irán de 2026, el cese al fuego mencionado por el presidente Trump también fue calificado como "un alto al fuego inestable con pocas probabilidades de prolongarse indefinidamente" [6]. Dado que se ha repetido en Oriente Medio el patrón de que las hojas de ruta de fin de guerra y paz presentadas por la administración Trump no reflejan suficientemente los intereses fundamentales de los actores locales y se quedan en meros paños calientes, es posible que este rechazo a la hoja de ruta para Gaza siga una trayectoria similar.
4. Variables clave en el desarrollo del problema
Primero, la supervivencia de la coalición de Netanyahu. Si Ben Gvir y Smotrich se retiran o no del gobierno es la variable primaria que determina la posibilidad de aceptar la hoja de ruta. Si la coalición colapsa, el margen de maniobra negociador de Netanyahu podría reducirse aún más en el contexto de unas elecciones anticipadas.
Segundo, si la administración Trump ejerce o no su influencia sobre Israel. Hamás ha exigido públicamente la presión directa de Estados Unidos. El punto de inflexión para la implementación de la hoja de ruta será si Trump convierte la ayuda militar y económica en un medio de presión real, o si mantiene su actual postura de estrecha alineación con Israel.
Tercero, la intensidad de la acción militar de las fuerzas armadas israelíes. Según si la reanudación de los bombardeos en la fase negociadora se limita a una demostración de fuerza acotada o se convierte en una expansión de operaciones terrestres, se determinará si la propia hoja de ruta subsiste.
Cuarto, la voluntad y capacidad de Hamás de implementar el desarme. Si Hamás procede realmente a un desarme por etapas, la tesis de Netanyahu sobre la condición previa perderá legitimidad. Por el contrario, si Hamás retrasa la implementación, la línea dura de Netanyahu obtendrá legitimidad tanto interna como externa.
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El contenido posterior al análisis de escenarios está disponible con créditos.
Inicia sesión para seguir leyendo*Este texto es una traducción mediante IA de un original escrito en coreano. Pueden existir errores de traducción o matices imprecisos.
Este informe es un análisis en profundidad planificado por un investigador de EAI, basado en una investigación rigurosa asistida por IA y redactado en su versión final por el investigador de EAI.